Miguel Serrano: hasta que Llegó a la Luz 2

"¿Qué se puede opinar del Tigre? ¿Se puede opinar de su conveniencia o inconveniencia? ¿Sobre su derecho a existir o no? Al tigre solo se puede asistir con sorpresa y abismo. Que otros busquen significados y explicaciones."

Las palabras anteriormente citadas corresponden a una conversación que sostuve con Jorge Baradit a fines del año 2005, publicadas en el Especial Ygrasil de TauZero. En ellas Jorge hace alusión al escritor y ex diplomático chileno Miguel Serrano, fallecido el pasado fin de semana en Santiago, a los 91 años, a causa de un derrame cerebral.

En el momento en que escribo esto, martes 3 de marzo de 2009, la noticia de la muerte de Serrano ha recorrido gran parte de la web, haciendo brotar múltiples comentarios y condolencias doquier se ha informado de ello, comentarios que suelen omitir su legado literario y finalizar con un "Sieg Heil". Me pregunto acaso si ahora que ha muerto, comenzará a operar en Serrano ese proceso de "inmaculación" del cual me hablaba Baradit en aquella charla, y que según él operaba con todas nuestras grandes plumas: "Se toma su obra, se limpia muy bien de cualquier ‘impureza’ poco académica o por lo menos poco ‘aconsejable’ y se rescata un aspecto menor, el menos subversivo, el menos incendiario. A los grandes se les desactiva igual que a una bomba. ¿En qué se convirtió la gran desgarrada, la crítica y luchadora social de nombre Gabriela Mistral? Se convirtió en una autora de poemas para niños. ¿Parra? En un payaso de la contingencia. ¿Neruda? En un buey que arrastra poemitas de amor. ¿En qué están convirtiendo a Serrano? En el viejito excéntrico que escribió Las visitas de la Reina de Saba, prologado por un famoso. El resto de su obra será considerada "un mero desatino de este gran genio de la poesía críptica". No me cabe duda."

Y los augurios de Baradit comienzan a cumplirse…

En el diario Las Ultimas Noticias de hoy se presenta a Serrano como "el escritor y ex diplomático que creía que hubo una guerra subterránea entre Estados Unidos y los extraterrestres para discernir quién dominaría el mundo". Cómo leí en alguna parte, pese a los mejores esfuerzos de los biógrafos, en la mente del público una vida suele ser una caricatura, una línea identificatoria o dos. Tomemos el caso de T. S Eliot, por ejemplo: el autor de La tierra baldía ha quedado reducido a un antisemita de pluma inmortal que internó a su perturbada esposa en un asilo y luego la abandonó ahí para siempre.

Pero antes que "viejito excéntrico" o "antisemita de pluma inmortal", Serrano es el más destacado exponente de la generación del 38. Es desde aquella generación de jóvenes impecablemente vestida de cuello y corbata con la cual sesenta años después los autores de mi generación parecieran identificarse más plenamente. Es desde allí que elijo acercarme a Serrano, porque en un universo participativo la realidad misma, tal y como postula la Interpretación de Copenhague de la física cuántica, se fundamente en la elección. Es el "Elige de nuevo" que resumía la cosmovisión de Aenea en El ascenso de Endymion. Y en lo que se refiere a personalidades y autores de la magnitud de Miguel Serrano, cada cual elegirá con qué aspectos de su vida y obra se queda. Es así como no hay contradicción alguna en que Serrano sea un héroe y un santo para los nazis por un lado, y un referente obligado para escritores chilenos de literatura fantástica y ciencia ficción que no poseemos ningún vínculo ni simpatía con el nacional socialismo pero que sí reconocemos en Serrano a ese autor tal vez único entre los nuestros que, tal como dice Francisco Ortega, "… se la jugó por construir en su prosa un universo imaginario chileno, una mitología que pudiera competir a la par con un Tolkien o un Lovecraft."

Eduardo Anguita, uno de los miembros de la generación del 38, resumió el anhelo y característica de la misma en ciertas palabras de Kirilov, uno de los personajes de Demonios, de Dostoievsky: "Toda mi vida he querido que hubiera algo más que palabras. Sólo he vivido para eso. Para que las palabras tuvieran un sentido, para que fueran actos". Y si hay un acto por el que yo al menos debo agradecer a Serrano, ese fue que a los 21 años publicara su Antología del Verdadero Cuento en Chile. Todo lo demás en lo que a mí respecta palidece frente a este legado gigantesco como la Cordillera de los Andes tras la cual nada más existe porque, parafraseando a Serrano, Chile es todo el mundo. La mención de los Andes no es casual (no existen las casualidades) ya que la montaña es clave para entender a Miguel Serrano. En el cuento “Hasta que Llegue a la luz” incluido en su antología, Serrano escribe: "Ya es hora de que partamos. Vamos a empezar a subir, a subir hacia las altas montañas de nuestra tierra todo lo que más podamos… De la mano de este desconocido -¿por qué no?-, de la mano del Señor… Desde allá, desde nuestras casas, las montañas de nuestra tierra se ven siempre azules. Ahora subir… hasta donde resista el corazón."

Según da cuenta Anguita en su libro La belleza de pensar, Serrano y sus pares generacionales se hacían llamar "los gigantes de la montaña" y buscaban en la cordillera la fuente y matriz de revelaciones, el profundo sentir del paisaje anímico del sur del mundo. Esta fue la razón que llevó a Serrano a despreciar a Vicente Huidobro, tío suyo en segundo grado por línea materna, quien proclamó los cuentos de su sobrino publicados en La Época más Oscura como los más notables de la literatura moderna. Para Serrano, Huidobro era un desarraigado que cebaba sus ímpetus literarios en los climas mentales de otras culturas, y este descontento lo convirtió en acción quemando en los faldeos cordilleranos casi toda la edición de La Época más Oscura. Según nos cuenta Anguita, Serrano despreciaba la literatura confinada en sí misma, definiéndola como "un bastón que sirve para subir un cerro y, una vez en la cima, hay que arrojar lejos." Serrano no sólo arrojó lejos el bastón sino que le prendió fuego en un ritual con el que abandonaba "…ascéticamente la estética para consagrase a las iniciaciones sagradas" (Anguita).

Así como Serrano despreciaba a su tío Huidrobro, destacaba a Pablo Neruda, un poeta "hondo y vernáculo por crecer en el suelo, mojado en las raíces con todo lo triste y sin amparo." Sin embargo a Neruda le faltaba lo que la generación del 38 traía: "El deseo de levantar la cabeza hacia los cielos puros y los soles impasibles que coronan las cumbres de los montes. Y levantarla, no en forma europea, no con espíritu extraño, sino de nuestro suelo, desde el fondo de todo lo que aquí sufre y señala un tiempo más lejano." Para que el espíritu advenga en la cosmovisión de Serrano, el alma debe penetrar muy hondo en la noche de los tiempos y una vez allí arrebatar los materiales con los que será posible tejer su túnica de novia para desposarse con el sol del espíritu. Como pocos autores, Serrano se remontó y adentró en los mitos originarios y las sabidurías orientales para así extraer la revelación de la identidad chilena. Basta leer Ni por mar ni por tierra, donde da cuenta de su viaje iniciático a la Antártida, para darse cuenta de cómo Serrano convoca con maestría sin igual un admirable poder mitogenético al superponer a los grandes ciclos monomíticos una serie de mitos creados por él mismo, basados en sus propias experiencias durante el periplo que le llevaría a encontrarse con el Diablo sumergido boca abajo.

Miguel Serrano no fue un escritor de ciencia ficción, tampoco de lo que se podría denominar más ampliamente como "género fantástico", pero su obra e influencia se hace sentir en todos los géneros y subgéneros que no son más que bifurcaciones del gran río del que bebe toda la literatura humana: la imaginación. Marcelo Novoa en Años luz: mapa estelar de la ciencia ficción chilena, declara a la Antología del Verdadero Cuento en Chile como el primero y más importante de los trabajos que guían sus pasos. Yo mismo, en el marco del ciclo de conferencias denominada Octubre Fantástico en la Biblioteca de Santiago (2007), leí un fragmento del prólogo de la antología de Serrano, un fragmento que habla del deber de la generación del 38 que hoy en día no ha perdido validez alguna: "El deber de nuestra generación es organizar la vida conforme a la verdad, conforme a ella misma. América del Sur, continente nuevo, se contagia de Europa. Siendo que aquí podemos vivir distintos, realizar lo cierto. Es necesario luchar contra el imperialismo espiritual. Tenemos el deber de vivir conforme a la verdad, de hacerla carne algún día. Por eso luchamos hoy contra la vida conformada en lo falso. Porque vida es acción sobre el mundo."

Y es por eso, por este espíritu inclaudicable de vivir verdaderamente, de convertir las palabras en actos, que mi generación sigue escribiendo a pesar de las editoriales, y a pesar de los "escritores consagrados y las Alianzas de Escritores, o los que, ya solos, se dan vueltas de carnero en un salón". Es por eso que Jorge Baradit y Sergio Meier y Teobaldo Mercado y Luis Saavedra y Pablo Castro persisten con porfía y convicción quijotesca en su literatura enfrentándose a los "magnates de viento" descritos por Serrano, los cuales tras seis décadas siguen empeñados en perpetuar su poder mediante el pillaje y la ignorancia. Tal como dijo Serrano en aquel lúcido prólogo que no me canso jamás de leer: "Nuestra generación no tiene necesidad de nadie sino de ella misma. No necesita de nadie. Por el contrario, LA NECESITAN."

En la nota introductoria a la edición del 2000 de Antología del Verdadero Cuento en Chile Serrano escribe: "Abro entre las páginas de esta antología y leo los nombres de sus escritores. Todos ya se fueron, ninguno queda en esta tierra, salvo yo, para poder recordarlos, grabando en la roca de los Andes sus nombres con signos rúnicos, los que permitirán que el olvido sea derrotado y, conmigo, con mi amor por ellos, con mi estremecido recuerdo y mi agradecimiento, pasen a viajar en la luz de una estrella, para siempre."

Esa estrella de la cual habla Serrano hoy brilla con mayor intensidad ya que él ha dejado de "alentar y empobrecer pasos en la tierra" reuniéndose por fin con esa luminosa generación del 38, con su gran amigo Héctor Barreto asesinado por un grupo de nazis a la salida de un café, con su pastor alemán Thor, con la mujer que presumo de hermosa belleza a la cual dedicó el ejemplar de Las visitas de la reina de Saba que poseo en una primera edición publicada en Nueva Delhi. Este es mi saludo y mi homenaje para Miguel Serrano, un saludo desprovisto de esvásticas y manos alzadas que obedece, no a un vano intento de higiene biográfica, sino más bien a mi propia experiencia con un maestro del cual, cómo todo buen alumno, tomé lo mejor que podía ofrecerme, lo que yo necesitaba.

2 thoughts on “Miguel Serrano: hasta que Llegó a la Luz

  1. Respuesta PP Mar 6,2009 1:04 pm

    Gran artículo que comparto plenamente.

    Serrano no sólo fue (y sigue siendo) uno de los autores que es obligatorio leer para intentar entender qué fue realmente el Nazismo, internándose en un territorio alejado de los tópicos de siempre, sino, más allá de su apellido político, un gran escritor. Un Tigre realmente. Y tiene mucho mérito, habiendo vivido en un país que está realmente en el quinto pino (y tuve la fortuna de conocer hace unos años).

    Es muy dificíl no emocionarse con ese viaje iniciático a la Antártida que comentas: soy de aquéllos que prefieren las ideas a la belleza de las palabras, pero confieso que me emocioné leyendo sus descripciones del mundo helado, tan poéticas y a la vez místicas. Consiguió que yo también hiciera el viaje a los hielos con él y ésa es para mí prueba de su poder como escritor.

    Otro saludo. Sin más.

  2. Respuesta Luis Saavedra Mar 11,2009 3:47 pm

    Un muy buen artículo, bello por cuanto se escribió no solo desde la cabeza. Serrano, figura polémica que no acepta medios tonos, es una sombra hoy en día en la literatura chilena: pocos reconocen leerlo, pero casi todos tienen un ejemplar de sus libros en la biblioteca. Una buena pregunta que hoy día se plantea y que no tiene una respuesta generalizada es ¿se puede separar la literatura? Su adhesión al nazismo esotérico es imposible de tragar, pero la fuerza de su prosa y mito encandilan. ¿Y si separamos la pluma, solo tendremos la mitad del mito? El escritor se codifica a sí mismo en su obra, para mí no hay duda de eso. Serrano se lee como se observa a los ojos de una criatura extinta que no tiene los parámetros del mundo de hoy, se puede observar su pelaje y la boca abierta, pero no hay barrotes, es tu propia responsabilidad. La belleza es muchas veces salvaje y ofensiva, ¿es censurable por eso, es un deber hacerlo? ¿O solo es parte de cómo funciona esta esfera? El mundo es claramente peligroso, pero no por ello se deja de vivir en él. A Serrano se lo lee jamás teniendo miedo, con las cosas muy claras en tu cabeza, porque hay mucho de panfletario, de ese panfleto bien disfrazado de racionalidad y de hasta buenas intenciones (como está sembrado el camino al infierno), y paradojalmente lo que vale es aquello que es irracional: el mapa del hombre llamado Serrano, la imagen daguerrotípica de la época en que existían las ideas, los hombres que pasaron no como fantasmas sino como gigantes, la cartografía mitica de Chile. Sobre todo lo último, que es lo que elijo rescatar para mí.

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