{"id":1138,"date":"2009-04-19T21:17:42","date_gmt":"2009-04-19T20:17:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=1138"},"modified":"2009-04-19T21:17:42","modified_gmt":"2009-04-19T20:17:42","slug":"jg-ballard-1930-2009","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=1138","title":{"rendered":"J.G. Ballard (1930-2009)"},"content":{"rendered":"<p>Uno de los autores m&aacute;s importantes de la historia de la literatura prospectiva falleci&oacute; en su casa, v&iacute;ctima de la prolongada enfermedad que se reflejaba en su autobiograf&iacute;a recientemente publicada por Mondadori, y que ten&iacute;a un car&aacute;cter testamentario.<\/p>\n<p>Me permito recuperar el perfil sobre el autor que escrib&iacute; hace unos a&ntilde;os, para abrir boca de los -supongo- muchos comentarios que surgir&aacute;n en la red en los pr&oacute;ximos d&iacute;as sobre esta figura descomunal, inabarcable, quiz&aacute; el mejor analista de las inquietudes del hombre contempor&aacute;neo con el que ha contado la literatura.<\/p>\n<p>En un sentido superficial, mi breve encuentro con J.G. Ballard fue para m&iacute; una decepci&oacute;n, pero cuando lo analic&eacute; fr&iacute;amente, me di cuenta que todo ten&iacute;a una extra&ntilde;a l&oacute;gica.<\/p>\n<p>Porque Ballard parece, en resumen, el individuo siniestro que hay en cualquiera de las oficinas en las que trabajamos. El raro. Ese t&iacute;o que habla ocasionalmente, y que cuando lo hace, suelta una marcianada que deja tras de s&iacute; un silencio y las miradas c&oacute;mplices entre los restantes habitantes del lugar, prometi&eacute;ndose un comentario amplio en el posterior caf&eacute;, al que el raro no concurrir&aacute; porque cree que tomar caf&eacute; enturbia sus sentidos, su madre se lo prohibe o cualquier disparate similar.<\/p>\n<p>Mi encuentro con Ballard se produjo en una de sus visitas a Espa&ntilde;a para presentar un libro, concretamente &quot;Fuga al para&iacute;so&quot;, el que sac&oacute; con Emec&eacute; despu&eacute;s de que, en uno de sus ataques de ballardianidad, rompiera con Porr&uacute;a, y llegara a publicar un cuento en el que aparec&iacute;a un &aacute;ngel malo llamado Porr&uacute;a. La cosa tiene su miga, por cuanto Ballard manten&iacute;a una excelente relaci&oacute;n personal con Paco y hab&iacute;a llegado a recurrir al editor de Minotauro incluso en una situaci&oacute;n de escasez econ&oacute;mica; esa fue la raz&oacute;n por la que en Minotauro Argentina aparecieron unas ediciones de sus antolog&iacute;as y en Espa&ntilde;a otras, no s&eacute; cu&aacute;les las inglesas y cu&aacute;les las americanas, con los mismos relatos agrupados de maneras diferentes. Para echarle un cable econ&oacute;micamente, Porr&uacute;a pag&oacute; de nuevo para comprar esas antolog&iacute;as cuyos cuentos ya hab&iacute;a publicado, pero con otros t&iacute;tulos.<\/p>\n<p>A&ntilde;os despu&eacute;s, Porr&uacute;a me explicar&iacute;a que no le hab&iacute;a extra&ntilde;ado ni la ruptura de Ballard ni su posterior retorno cuando con Emec&eacute; las cosas no fueron como le hab&iacute;a prometido su agente. Paco me cont&oacute; una visita que hizo a la casa de Ballard, en un suburbio londinense. La televisi&oacute;n estaba sintonizada en un canal muerto, con los par&aacute;sitos como el cielo de Gibson. Hab&iacute;a algunas botellas de whisky medio vac&iacute;as por el suelo. Ballard, en ocasiones, dejaba de prestarle atenci&oacute;n durante su conversaci&oacute;n y se pon&iacute;a a hacer otra cosa. A la hora del almuerzo, los Ballard se sentaron a la mesa y no le preguntaron a Paco si quer&iacute;a unirse a ellos, dando por entendido que seguir&iacute;a sentado en el sof&aacute;, o bien se marchar&iacute;a, o Dios sabe qu&eacute;. Paco, l&oacute;gicamente, decidi&oacute; marcharse a almorzar por su cuenta y volver despu&eacute;s.<\/p>\n<p>Volvamos a mi historia. Cuando me encontr&eacute; con Ballard, corr&iacute;a 1995, me pareci&oacute; un hombre bastante machacado. Yo no he sido nunca un gran observador para el tema de la ropa, pero era obvio que o bien vest&iacute;a de saldo o bien hac&iacute;a a&ntilde;os que no se compraba ropa nueva. Adem&aacute;s deb&iacute;a haber adelgazado, por lo que en particular la chaqueta de pana le quedaba extra&ntilde;amente holgada. Era uno de esos calvos que se dejan guedejas de pelo largo atr&aacute;s y en los lados, lo que junto a sus ojos de mirada nerviosa, le daban un notorio aspecto de iluminado. Cuando hac&iacute;a un comentario malintencionado, algo frecuente, se re&iacute;a con carcajadas cortas y bruscas, y ense&ntilde;aba unos dientes algo sucios de nicotina. En fin, un panorama.<\/p>\n<p>La entrevista no fue precisamente productiva. &Eacute;l estaba cansado por haber hecho varias previamente el mismo d&iacute;a, y el hecho de que yo le preguntara por temas que no aparec&iacute;an en el dossier de prensa, lejos de motivarle, parec&iacute;a ponerle inc&oacute;modo ante la necesidad de ofrecer respuestas no estereotipadas, y con frecuencia se iba por los cerros de &Uacute;beda. Por lo que me han comentado posteriormente otras personas que le conocen, como Marcial Souto, era una etapa especialmente chunga de su trayectoria vital; de hecho, se nota en su obra, que luego cobr&oacute; un nuevo impulso con la trilog&iacute;a de desastres cotidianos de finales de la d&eacute;cada.<\/p>\n<p>Al salir, hice una cosa tonta, que me averg&uuml;enza relatar pero que a&ntilde;ado para que conste que todos tenemos nuestros momentos de memez friki. Le ped&iacute; que se hiciera una foto conmigo. El se ri&oacute; de esa manera extra&ntilde;a suya y me agarr&oacute; del hombro con familiaridad, diciendo: &quot;Ah, da gusto encontrar buenos amigos&quot;. El fot&oacute;grafo del peri&oacute;dico -entonces trabajaba en Diario 16-, amablemente, nos retrat&oacute; para la posteridad a la salida del British Council. Sin embargo, al rato, me sent&iacute;a tan avergonzado que nunca le ped&iacute; la foto, y no la tengo. Est&eacute;n donde est&eacute;n los viejos archivos del Diario, ah&iacute; habr&aacute; un negativo con la imagen de un Juli&aacute;n veintea&ntilde;ero, algo flipado, al que James Graham Ballard, uno de los escritores m&iacute;ticos de su juventud, agarra con entusiasmo mal fingido, como de quien intenta pasar por borracho.<\/p>\n<p>&iquest;Por qu&eacute; digo que todo esto tiene su extra&ntilde;a l&oacute;gica? Es obvio que la visi&oacute;n de Ballard de nuestra sociedad es diferente a la de todos nosotros, que es capaz de percibir en ella retazos de incoherencia con una mirada limpia de los convencionalismos que nos contaminan a todos. S&oacute;lo un exc&eacute;ntrico, s&oacute;lo alguien al margen de las normas, podr&iacute;a haber enhebrado la extra&ntilde;a l&oacute;gica de los relatos de &quot;Exhibici&oacute;n de atrocidades&quot;, o entrevisto la profunda verdad oculta en las posibilidades de &quot;La isla de cemento&quot; o la reciente &quot;Milenio negro&quot;. S&oacute;lo un t&iacute;o raro, el t&iacute;o raro de la oficina, que no est&aacute; loco sino que se niega a plegarse a nuestras verdades asumidas. Como Ballard.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un perfil r\u00e1pido sobre el desaparecido autor ingl\u00e9s.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[45],"class_list":["post-1138","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-reflexiones","tag-jg-ballard"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1138","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1138"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1138\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1139,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1138\/revisions\/1139"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1138"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1138"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1138"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}