{"id":1200,"date":"2009-04-29T15:00:33","date_gmt":"2009-04-29T13:00:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=1200"},"modified":"2009-04-30T14:50:13","modified_gmt":"2009-04-30T12:50:13","slug":"signos-de-madurez-forjando-el-futuro-de-la-cf-hispanoparlante","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=1200","title":{"rendered":"Signos de madurez: <Br>forjando el futuro de la cf hispanoparlante"},"content":{"rendered":"<p>Esto que sigue son s&oacute;lo algunos pensamientos, apenas unas reflexiones, (y poco sesudas, cabe aclarar.) M&aacute;s bien se trata de algunas sensaciones que he tenido al ir descubriendo el mundillo actual de la ciencia ficci&oacute;n hispanoparlante: un acopio de las impresiones de novato que creo haber recabado en estos &uacute;ltimos cuatro o cinco a&ntilde;os, en los cu&aacute;les me he animado a escribir cf, mi g&eacute;nero literario favorito, que me ha quitado el sue&ntilde;o desde peque&ntilde;o.<\/p>\n<p>C&oacute;mo el chico nuevo del barrio de la cf (que no s&eacute; a ciencia cierta si es un gueto de altos muros, un <em>country <\/em>o localidad residencial cerrada, o un simple asentamiento ilegal que espera el desalojo en cualquier momento), no puedo evitar la sorpresa de saberme definitivamente establecido aqu&iacute;. Tal vez Josu&eacute; y Caleb, al cruzar el Jord&aacute;n, se hayan sentido como yo. Ahora piso con firmeza una tierra prometida por la cual he suspirado desde mis primeros pasos como lector, cuando <em>El fin de la eternidad<\/em>, <em>Viaje al centro de la tierra<\/em>, <em>El fin de la infancia<\/em> y <em>2001: una odisea espacial<\/em> pod&iacute;an lograr que no durmiera durante unas cuantas noches.<\/p>\n<p>Sin embargo, a diferencia de los patriarcas b&iacute;blicos, que tuvieron que disponerse a luchar con los antiguos moradores de Cana&aacute;n, yo me he sentido m&aacute;s que bienvenido en &eacute;sta, una tierra de colores claros. Este primer efecto tiene que ver &ndash;y estoy convencido de ello&ndash;, con la calurosa acogida que he recibido, lo cual habla del afecto de los habitantes de esta comuna (y me gusta mucho esta palabra.) Este c&aacute;lido recibimiento que acostumbran brindar los cienciaficcioneros es como un dispositivo aceitado, listo para activarse en el momento oportuno: basta acercarse a alguna tertulia de las que se celebran bastante seguido por aqu&iacute;, en Baires, para descubrir que lo har&aacute;n sentir parte a uno parte, no importa cu&aacute;nto sepa de cf. Imagino que tambi&eacute;n as&iacute; sucede en Caracas o en Madrid.<\/p>\n<p>Recuerdo cuando comenc&eacute; a asistir, en 1991, a las reuniones del ya extinto CACyF (Circulo Argentino de Ciencia Ficci&oacute;n y Fantas&iacute;a), uno de los primeros movimientos organizados del fandom de mi pa&iacute;s. La primera vez, entre en el bar de San Jos&eacute; n&uacute;mero 5, peri&oacute;dico en mano, y dije: &ldquo;Vengo por el aviso&rdquo;. Como no pod&iacute;a ser de otro modo, despert&eacute; algunas (son)risas. La r&eacute;plica inevitable fue: &ldquo;Eh, pibe, &iquest;est&aacute;s buscando empleo?&rdquo;. Yo era un estudiante de secundaria con muchas ganas de participar en el concurso <em>M&aacute;s All&aacute;<\/em>, certamen organizado por la antedicha organizaci&oacute;n, cuya convocatoria hab&iacute;a sido publicada en el peri&oacute;dico <em>Clar&iacute;n<\/em>. Cuando logr&eacute; explicarme mejor, y ya sin tanto rubor en las mejillas, me sentaron junto a ellos, me dejaron escuchar el acalorado debate que los ocupaba (discut&iacute;an si James Cameron y Ridley Scott son artistas o artesanos), y hasta me convidaron con una Coca Cola, aparte de recomendarme varios libros que no pod&iacute;a dejar de leer, como <em>Tigre, tigre<\/em>&rdquo;, <em>Hacedor de estrellas<\/em>, <em>Ubik<\/em>, <em>Dune <\/em>y <em>1984<\/em>, mientras me palmeaban la espalda paternalmente.<\/p>\n<p>Durante muchos viernes, en ese bar de la calle San Jos&eacute;, me sent&iacute; como un ahijado, o una mascota mimada. Todos esos recuerdos est&aacute;n guardados con cari&ntilde;o. Y hoy veo esa cordialidad de los cienciaficcioneros (editores, escritores, ilustradores y lectores) como el instinto de reclutar a todos los &ldquo;disidentes&rdquo; que manifiesten un &aacute;pice de curiosidad por el g&eacute;nero, aunque no por ello sea una cordialidad fingida. La alegr&iacute;a de sabernos m&aacute;s nos embarga con cada adquisici&oacute;n. Somos como Guig Curzon, tratando de inscribir m&aacute;s inmortales a la tropa de los homoles. Las carencias de acervo cienciaficcionero del ne&oacute;fito se terminan supliendo de una u otra forma, ya fuera escuchando las amenas charlas o acaloradas discusiones o tomando nota de las famosas listas de lecturas recomendadas, <em>t&ecirc;te &agrave; t&ecirc;te <\/em>o posteadas en los foros.<\/p>\n<p>Y aqu&iacute; saltamos a otro elemento que ha ayudado a cohesionar y expandir nuestra comuna de manera sorprendente: la web. En este punto debo explicar algo: yo he puesto un pie en esta Cana&aacute;n durante mi adolescencia, en la &eacute;poca referida anteriormente, pero luego me retir&eacute; de ella durante unos diez a&ntilde;os. Y s&oacute;lo en el a&ntilde;o 2005 me atrev&iacute; a volver para afincarme en forma decisiva. A mi regreso pude observar que la comuna de cienciaficcioneros hab&iacute;a evolucionado a la condici&oacute;n de una comunidad virtual que trascend&iacute;a las fronteras pol&iacute;ticas. Ahora hab&iacute;a e-zines, cert&aacute;menes a los cuales se pod&iacute;a enviar los relatos por e-mail, talleres literarios on-line, y foros especializados. Como un enajenado empec&eacute; a participar de la listas de correo (sin conocer ninguna regla de la <em>netiquette<\/em>), maravillado de postearme con escritores, editores y fans de muchos pa&iacute;ses. Intu&iacute; que hab&iacute;a un sinf&iacute;n de posibilidades en esta nueva Cibercana&aacute;n. Y paulatinamente me anim&eacute; a enviar mis relatos a algunas revistas virtuales y participar de concursos.<\/p>\n<p>Hoy d&iacute;a, con una treintena de relatos aceptables desperdigados por la red, dos o tres menciones de cert&aacute;menes y algunos cuentos editados en papel, me ha llegado la hora de preguntarme lo que tantos coterr&aacute;neos con m&aacute;s a&ntilde;os de residencia aqu&iacute; se vienen cuestionando desde hace mucho tiempo, la inquietud que se revela como un signo de madurez: &iquest;cu&aacute;l es futuro de la ciencia ficci&oacute;n? O mejor formulada a&uacute;n: &iquest;qu&eacute; futuro nos acecha a los que hacemos, de una forma u otra, al g&eacute;nero?<\/p>\n<p>Ahora veo que el interrogante es m&aacute;s viejo de lo que cre&iacute;a. Tal vez se haya planteado por primera vez al apagarse definitivamente los fuegos fatuos de la campbelliana Edad de Oro. Y cuentan las cr&oacute;nicas de este terru&ntilde;o nuestro que as&iacute; surgi&oacute; una Edad de Plata, que no fue m&aacute;s que una copia de menor calidad de la primera etapa. Y frente a la crisis posterior se levantaron los incomprendidos abanderados de la <em>New Wave<\/em>, con su reformulaci&oacute;n de las convenciones del g&eacute;nero, su apasionamiento surrealista por la experimentaci&oacute;n y la conquista no ya de planetas lejanos, sino de los mundos interiores, tan peligrosos o inasequibles como los primeros. Luego, tras un breve per&iacute;odo de transici&oacute;n, amanece definitivamente la era ciberpunk. (Yo creo que en este proceso se conjugaron tres sucesos ineludibles: la cat&aacute;strofe nuclear de Chern&oacute;bil y el desastre del Challenger, ambos ocurridos en 1986 &ndash;dos contundentes razones para desencantarse definitivamente de la ciencia aplicada&ndash;, y el cambio de paradigma tecnol&oacute;gico que implic&oacute; el paulatino surgimiento de internet.) Despu&eacute;s de cansarnos de proclamar que el mundo es una mierda y por ello huir a los submundos virtuales, naci&oacute; lo que se rotul&oacute; como Postciberpunk, y volvimos presenciar un pobre remedo de la fase anterior, como fue la Edad de Plata de la Edad de Oro. Finalmente, hoy nos hallamos en una desdibujada situaci&oacute;n en la cual las corrientes temporales se mezclan: riachos provenientes de cada uno de esos ciclos se abalanzan sobre un mismo cauce, al punto de volverse inseparables. Y aunque algunos intentan imponer orden clamando &ldquo;&iexcl;Edad de Hierro!&rdquo; o &ldquo;&iexcl;<em>Slipstream<\/em>!&rdquo;, no hay caso. El caos impera. La cosa se estremece. Hay tanta agitaci&oacute;n que los r&oacute;tulos se caen de todas las estanter&iacute;as.<\/p>\n<p>Otro detalle significativo: me parece observar que hoy, en este bendito maesltrom, ya no hay &iacute;conos ni caudillos. A ver si me explico: cada una de las edades anteriores tuvo sus profetas, sus manifiestos y sus obras emblem&aacute;ticas que compendiaban las cualidades distintivas de la nueva tendencia. Pero la ciencia ficci&oacute;n de hoy carece de tales cosas. &iquest;Es mejor o peor? No lo s&eacute;. S&oacute;lo es as&iacute;. Quiero creer que es mejor, si esta etapa de transici&oacute;n nos lleva hacia confines nuevos, no explorados. Algo similar ha pasado con el rock: luego de cada una de las hegemon&iacute;as del pasado hemos llegado a un estado de hibridaci&oacute;n, un r&iacute;o revuelto donde hay que tomarse cierto trabajo para hallar los diamantes.<\/p>\n<p>Ahora bien, todo este asunto de las edades es resultado de una visi&oacute;n parcial. No siempre la ciencia ficci&oacute;n hispanoparlante se ajust&oacute; con precisi&oacute;n y obediencia a la l&iacute;nea de tiempo antes esbozada. No siempre hemos seguido el pulso que otros nos han marcado. Tenemos nuestro propio son. Y cuando nos conviene, cuando no nos gusta lo que se marketinea, nos volvemos a &eacute;l, gozosos. Tal vez por eso la ciencia ficci&oacute;n producida en Espa&ntilde;a y en Am&eacute;rica Latina tiene una vena m&aacute;s m&iacute;tica, colinda con la leyenda y con la magia. Stapledon dec&iacute;a que es esencial escribir mitos. Eso es una expresi&oacute;n de deseo. Es un anhelo que de alguna manera tipifica la forma anglosajona de hacer ciencia ficci&oacute;n. En cambio yo pienso que cf hispanoparlante, cuando se lo propone, es una con el mito. Retoma el lenguaje m&iacute;tico ancestral que sigue latiendo en lo subyacente y proclama con &eacute;l verdades extrapoladas. Ah&iacute; es cuando nosotros necesitamos pocos elementos tecnol&oacute;gicos (sino ninguno) para hacer ciencia ficci&oacute;n, sobre todo en Latinoam&eacute;rica.<\/p>\n<p>Yo pienso que reconocer esto es muy saludable. No s&oacute;lo por una cuesti&oacute;n de identidad, sino porque &ndash;volviendo al interrogante antes planteado&ndash; para afrontar el futuro, como impulsores hispanoparlantes del g&eacute;nero, tenemos que saber cu&aacute;les son nuestras fortalezas.<\/p>\n<p>Me atrevo a afirmar &ndash;muy temerariamente, tal vez&ndash; que son pocos los g&eacute;neros literarios en los que sus editores, escritores y lectores se replantean constantemente qui&eacute;nes son, qu&eacute; hacen, y hacia d&oacute;nde van. Esto nos diferencia. Somos inquietos, inconformistas, exigentes y muy autocr&iacute;ticos. As&iacute; es la ciencia ficci&oacute;n que hemos construido: est&aacute; siempre en movimiento, buscando autodefinirse todo el tiempo. (Lo cual, en definitiva, es un rasgo propio del arte).<\/p>\n<p>Por eso creo que en este maelstrom digital en el que estamos hoy, donde tambi&eacute;n se mixturan grandes iniciativas, optimismos desbordados y un floreciente y masivo grupo de escritores y lectores noveles (a pesar de las voces derrotistas que claman que el g&eacute;nero agoniza y que el futuro del negocio editorial es desalentador), debemos plantarnos con expectativa y confianza. Tal vez algunas d&eacute;cadas m&aacute;s adelante se nos acomode en alguna l&iacute;nea de tiempo m&aacute;s larga, bajo un r&oacute;tulo que ostente alg&uacute;n nombre rimbombante. Y entonces se sabr&aacute; que hemos salido triunfantes del desaf&iacute;o que hoy nos toca.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una recapitulaci\u00f3n sobre las caracter\u00edsticas intrinsecas del g\u00e9nero en lengua espa\u00f1ola, a partir de experiencias personales.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-1200","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-reflexiones"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1200","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1200"}],"version-history":[{"count":4,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1200\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1262,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1200\/revisions\/1262"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1200"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1200"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1200"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}