{"id":1471,"date":"2009-05-27T06:30:16","date_gmt":"2009-05-27T04:30:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=1471"},"modified":"2009-12-25T21:15:26","modified_gmt":"2009-12-25T19:15:26","slug":"cronicas-marcianas","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=1471","title":{"rendered":"Cr\u00f3nicas marcianas, de Ray Bradbury"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" height=\"250\" width=\"146\" alt=\"\" src=\"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/wp-content\/uploads\/image\/25-31%2005%202009\/cronicasmarcianas.jpg\" \/>Le&iacute; por primera vez este libro, publicado en 1950, hace ya quince a&ntilde;os. Demasiado pronto para cuando lo ten&iacute;a que haber le&iacute;do. Porque se trata de una obra impresionista, y entonces no sab&iacute;a c&oacute;mo regular la distancia de enfoque: lo le&iacute; desde una muy corta, producida parad&oacute;jicamente por una lectura &aacute;gil que buscaba poco m&aacute;s que la trama; un modo de leer al que me hab&iacute;an acostumbrado los pocos libros de ciencia ficci&oacute;n que por entonces conoc&iacute;a.<\/p>\n<p>Cuando se lee como yo lo le&iacute; en 1993, trag&aacute;ndoselo con el ansia del joven que exploraba todo lo que a&uacute;n le quedaba por descubrir de la literatura de ciencia ficci&oacute;n (reci&eacute;n se daba cuenta de que no se pod&iacute;a reducir a Asimov y Herbert), cuando se tienen como referencias tan pocas como yo ten&iacute;a (y tan atrasadas evolutivamente respecto a lo que es <em>Cr&oacute;nicas marcianas,&nbsp; <\/em>que podr&iacute;a haber sido escrito en nuestros d&iacute;as por un Auster o un McCarthy), el enfoque que uno usa es necesariamente miope.<\/p>\n<p>As&iacute;, a tan corta distancia, el cuadro que dibuja <em>Cr&oacute;nicas marcianas<\/em> s&oacute;lo muestra trazos inconexos, y cuando uno cierra las tapas se encuentra que no sabe muy bien de qu&eacute; iba, qu&eacute; ha le&iacute;do, si le ha gustado o no&#8230; Le qued&oacute; cierto regusto agradable, s&iacute;, pero tambi&eacute;n on&iacute;rico, desconcertante. Se tiene una sensaci&oacute;n vaga de que trata de la exploraci&oacute;n humana del planeta Marte a lo largo de los a&ntilde;os; de hecho, as&iacute; est&aacute;n titulados los cap&iacute;tulos, que son una recopilaci&oacute;n de relatos ordenados cronol&oacute;gicamente sobre el tema (es lo &uacute;nico que no ha podido resistir el paso del tiempo: los d&iacute;gitos de los a&ntilde;os que aparecen en los t&iacute;tulos ya se han hecho antiguos)&#8230; Pero, &iquest;c&oacute;mo puede ser que cada vez que uno pasa del t&iacute;tulo al cuerpo del cap&iacute;tulo ese hilo conductor se desvanezca y se pierda toda perspectiva, como si hubiera soplado un viento arenoso de las colinas marcianas borrando nuestro rastro? &iquest;Realmente trata de la colonizaci&oacute;n de Marte este libro, se llega a preguntar, inseguro, el lector? &iquest;Es que Bradbury s&oacute;lo junt&oacute; un pu&ntilde;ado de relatos sin ton ni son?<\/p>\n<p>Hay, por supuesto, m&aacute;s causas que contribuyen a este desconcierto si uno se empe&ntilde;a en leerlo como otros libros escritos en la Edad de Oro. Los trazos que forman el cuadro nos muestran un estilo po&eacute;tico que no cuadra con la forma habitual en el g&eacute;nero de esa &eacute;poca: son cuidadosos y bonitos individualmente. S&oacute;lo ahora me doy cuenta de c&oacute;mo en su conjunto, vistos desde m&aacute;s lejos, son realmente bellos literariamente: rodean las ideas que el autor quiso transmitir transitando caminos de palabras escogidas primorosamente con el objetivo de provocar las sensaciones que quer&iacute;a en el lector, en lugar de contar esas ideas directamente. Eso era inimaginable en la Edad de Oro (y tambi&eacute;n para un chaval que s&oacute;lo hab&iacute;a le&iacute;do unos pocos libros del g&eacute;nero de esa &eacute;poca).<\/p>\n<p>El estilo no es lo &uacute;nico que desconcierta en una lectura &aacute;gil y por tanto miope. Por si fuera poco, hay cambios de perspectiva y personajes constantes, la tecnolog&iacute;a propia de los a&ntilde;os en que se escribi&oacute; -muchas veces ese Marte se parece a un pueblo de Kansas- le insta a uno a seguir tratando el libro como otros de su &eacute;poca, aunque al tiempo se da cuenta de que la tecnolog&iacute;a no tiene la menor importancia en &eacute;ste. Los di&aacute;logos son cortantes como en muchos coet&aacute;neos&#8230; Deduces, de nuevo, que &eacute;ste tambi&eacute;n podr&iacute;a leerse como una obra de ciencia ficci&oacute;n cl&aacute;sica, pero eso no hace m&aacute;s que hundirte a&uacute;n m&aacute;s en la confusi&oacute;n si percibes un poco de todo lo que el autor consigue decir a trav&eacute;s de esos di&aacute;logos sin que los personajes lo pronuncien.<\/p>\n<p>Definitivamente te das cuenta de que algo falla en este modo de leer<em> Cr&oacute;nicas Marcianas<\/em>.<\/p>\n<p>Por supuesto, hay m&aacute;s (es dif&iacute;cil resumir). Los marcianos&#8230; Ah, el libro est&aacute; lleno de ellos. Pero de improviso queda lleno de su ausencia, m&aacute;s clamorosa. Son seres que parecen m&aacute;gicos, pero s&oacute;lo porque se integran en su planeta de forma distinta a nosotros en el nuestro: por lo dem&aacute;s tienen utensilios perfectamente identificables y al mismo tiempo perfectamente absurdos (como el polvo magn&eacute;tico que limpia los muebles, o los carros tirados por algo que no se sabe si son animales o m&aacute;quinas &iacute;gneas, o las barbacoas de lava plateada). Como digo, de repente desaparecen, dejando perdido al lector &ldquo;cl&aacute;sico&rdquo; de ciencia ficci&oacute;n con su lectura demasiado cercana al cuadro&#8230; &iquest;A d&oacute;nde llev&oacute; la inclusi&oacute;n de los marcianos en el libro, si ahora&#8230;?<\/p>\n<p>Toda esta confusi&oacute;n viene no s&oacute;lo de la forma de leer, llam&eacute;mosla &ldquo;ligera&rdquo;, propia para las obras de la &eacute;poca, sino tambi&eacute;n del absurdo que Bradbury emplea expl&iacute;citamente: se parece en algunas ocasiones al que era capaz de provocar Philip K. Dick. Pero con una belleza en la prosa que aqu&eacute;l no ten&iacute;a y un virtuosismo que se extiende a muchos niveles: al tono de cada cap&iacute;tulo, a sus ritmos, al movimiento de la trama&#8230; Existe una riqueza literaria, en fin, que Dick no supo o quiso asociar nunca a su sentido de la irrealidad.<\/p>\n<p><em>Cr&oacute;nicas marcianas<\/em>, en mi opini&oacute;n actual, exige una lectura muy lenta, lo que, parad&oacute;jicamente, como no pod&iacute;a ser de otra manera en este libro, se traduce en situarse a una mayor distancia y apreciar el cuadro en su conjunto.<\/p>\n<p>Cuando se lee as&iacute;, aparece la maravilla en todo su esplendor. Se da uno cuenta de que en el fondo s&iacute; existe un hilo conductor: el libro trata de las partes oscuras de la naturaleza humana. De las ansias por conquistar y ser reconocido por encima de otros, de la ambici&oacute;n, de la falta de respeto al inferior&#8230; y de lo deplorables que nos hacen todas estas cosas. Una de las muchas formas en que Bradbury aborda esto, por ejemplo, es el cap&iacute;tulo en que los negros huyen de la Tierra hacia Marte; en &eacute;l aparece el Ku Klux Klan (sin mencionarlo) y el tratamiento despectivo de los blancos y la sumisi&oacute;n de sus esclavos son evidentes. Pero es un ejercicio permanente y continuo: durante todo el libro se acerca a las mismas tem&aacute;ticas de muy diversas maneras, desde lo melanc&oacute;lico a lo hilarante (como en la segunda visita de los terrestres a Marte), pasando por lo directamente surrealista.<\/p>\n<p>Al fin, uno se da cuenta de que Bradbury hace ver insistentemente que lo que provoca todas estas cualidades detestables del ser humano es el miedo: el miedo al negro, pero tambi&eacute;n al marciano; el miedo al otro, el miedo a un planeta desconocido, pero tambi&eacute;n al natal, que est&aacute; a punto de entrar en una guerra termonuclear devastadora. Dedica Bradbury un cap&iacute;tulo al miedo que sobresale brillant&iacute;simo: &ldquo;Usher II&rdquo;. En &eacute;l lo aborda muy teatralmente, en forma de reivindicaci&oacute;n de la literatura de terror (Poe, Bierce,&#8230;). Por esa &eacute;poca, en la Tierra el miedo ha sido erradicado limpiando todo rastro de imaginaci&oacute;n (literaria especialmente), pero no es m&aacute;s que otra forma de miedo, las &uacute;ltimas etapas antes de la destrucci&oacute;n: el miedo al miedo, la necesidad de negarlo para hacerlo en realidad m&aacute;s fuerte y as&iacute; dominar todav&iacute;a m&aacute;s al otro. En Marte, mientras, el miedo se ha buscado un reducto en la casa Usher, de manos de un inconformista con cierto poder, y explota transform&aacute;ndose en terror, como necesidad pura e inagotable del alma humana. Lamentablemente, una lectura superficial del libro como la que yo hice hace quince a&ntilde;os convierte este cap&iacute;tulo memorable en un par&eacute;ntesis casi molesto, de nuevo sin sentido en la obra global.<\/p>\n<p>Pero si se lee despacio y atentamente, queda perfectamente claro que el trozo es s&oacute;lo una visi&oacute;n m&aacute;s de la historia de la ambici&oacute;n provocada por el miedo. Es indiscutible (y si no lo es por entonces, mejor dejar de leer <em>Cr&oacute;nicas marcianas<\/em>) que el autor est&aacute; usando Marte como reflejo de aspectos del alma del hombre de los que nos avergonzar&iacute;amos si nos atrevi&eacute;ramos a reconocerlos.<\/p>\n<p>Para dejar a&uacute;n m&aacute;s claro todo esto, los marcianos aparecen (si se observa de lejos el cuadro) como lo contrario de nosotros, a pesar de verlos similares en&nbsp;aspectos superficiales: tienen total ausencia de ambici&oacute;n, de necesidad de dominaci&oacute;n y de miedo. Seguramente por su natural capacidad telep&aacute;tica. Se adaptan a los humanos (de hecho usan m&aacute;scaras que cambian sus propias caras cuando se relacionan entre ellos, es decir, se ignoran a s&iacute; mismos); en el cap&iacute;tulo dedicado a la gente mayor que llega a Marte incluso se someten a los deseos de esa gente para complacerles, negando su propia naturaleza para hacerse pasar por las personas que esos ancianos a&ntilde;oran, y&nbsp;enferman&nbsp;por nuestros miedos. Sirven, en fin, de contrapunto absoluto al humano, y por supuesto, su simplicidad o pureza terminan sucumbiendo ante nuestros m&aacute;s poderosos defectos. Sobresale tambi&eacute;n el cap&iacute;tulo del antiguo astronauta que monta un puesto de perritos calientes en Marte, en un futuro cruce de caminos. Despu&eacute;s de matar a varios marcianos a sangre fr&iacute;a que aparecen sin avisar en su negocio y destruir varias de sus ciudades antiguas en un ataque de miedo injustificado, exclama c&iacute;nicamente &quot;&iexcl;yo no he hecho nada!&quot;&#8230; justo antes de que esos mismos marcianos, que no se han quejado en todo el proceso, le entreguen las escrituras de propiedad de gran parte de sus terrenos.<\/p>\n<p>La conclusi&oacute;n, para m&iacute;, es clara: <em>Cr&oacute;nicas marcianas <\/em>es una obra maestra escrita antes de casi todas las que se consideran obras maestras del g&eacute;nero. Imposible de apreciar si no se lee lentamente, gota a gota; tan delicada y tan exigente para el lector que corre un gran riesgo de quedar simplificada a un conjunto de relatos inconexos y desconcertantes, sin trama alguna y sin objetivo ni sentido. Una obra dif&iacute;cil de abordar adecuadamente para extraerle todas esas cosas. Quiz&aacute;s por eso no haya tenido el predicamento de otras.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El gran cl\u00e1sico de Bradbury exige de una lectura pausada para disfrutar valores que poco tienen que ver con los que disfrutamos en otras obras maestras de la cf.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[127],"tags":[611,189,610,68,224,64,11,43,46],"class_list":["post-1471","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-revisitando","tag-ambrose-bierce","tag-cormac-mccarthy","tag-cronicas-marcianas","tag-edgar-allan-poe","tag-frank-herbert","tag-isaac-asimov","tag-paul-auster","tag-philip-k-dick","tag-ray-bradbury"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1471","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1471"}],"version-history":[{"count":5,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1471\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3309,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1471\/revisions\/3309"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1471"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1471"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1471"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}