{"id":2300,"date":"2009-09-23T06:30:10","date_gmt":"2009-09-23T04:30:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=2300"},"modified":"2009-11-15T11:47:28","modified_gmt":"2009-11-15T09:47:28","slug":"y-reinara-la-dulce-ciencia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=2300","title":{"rendered":"Y reinar\u00e1 la dulce ciencia"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"225\" height=\"300\" alt=\"\" src=\"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/wp-content\/uploads\/Meier, y reinar&aacute; la dulce ciencia.jpg\" \/>Se ha cumplido ya un mes desde que Sergio Meier Frei parti&oacute; a colonizar otras esferas, sin embargo pareciera ayer tan s&oacute;lo cuando, como en tantas ocasiones previas, abord&eacute; el &uacute;nico bus a Quillota que pasa por Conc&oacute;n para ver a mi gran y querido amigo, tocayo y colega. Siempre que iba a Quillota le llevaba algo, c&oacute;mics, libros, a otros amigos e incluso a uno que otro miembro de mi familia. Aquel lunes 3 de agosto no llevaba nada salvo a m&iacute; mismo enfundado en un traje y corbata negros. Nunca permanec&iacute; tan poco tiempo en Quillota como aquella vez, porque a la casa de Sergio se iba por todo el d&iacute;a: uno llegaba a almorzar y no se marchaba sino hasta la salida del &uacute;ltimo bus a Conc&oacute;n a las 9:30 de la noche, y a&uacute;n as&iacute; nos faltaba tiempo para conversar, y a&uacute;n as&iacute; deb&iacute;amos ir corriendo hasta la plaza y una vez arriba del bus, Sergio se quedaba ah&iacute; fuera en la calle despidi&eacute;ndose con la mano como un ni&ntilde;o peque&ntilde;o hasta que el bus part&iacute;a. Y uno deseaba que dejara de agitar la mano porque toda la gente se le quedaba viendo y mientras m&aacute;s lo miraban, &eacute;l m&aacute;s insist&iacute;a con una sonrisa traviesa en el rostro.<\/p>\n<p>Como pueden ver me es imposible al redactar estas l&iacute;neas separar al Sergio Meier amigo del Sergio Meier escritor. Porque para m&iacute;, antes que &ldquo;el primer autor <em>steampunk <\/em>chileno&rdquo; o &ldquo;el Lovecraft de Quillota&rdquo; o &ldquo;el escritor de culto&rdquo; o &ldquo;el jud&iacute;o sabio&rdquo; o cualquiera de las etiquetas reduccionistas con las cuales se han referido a &eacute;l desde su partida, Sergio Meier fue un gran y entra&ntilde;able amigo. Pero as&iacute; son las cosas. Pese a los mejores esfuerzos de los bi&oacute;grafos, en la mente del p&uacute;blico una vida suele ser una caricatura, una l&iacute;nea identificatoria o dos. Y es parte de la misi&oacute;n de quienes tuvimos el privilegio de conocer a personas como Sergio el combatir esta tendencia alimentando la llama de su memoria, que estoy seguro arder&aacute; cada vez con m&aacute;s fuerza multiplicada en todos los intelectos y corazones que toc&oacute; en vida y que seguir&aacute; tocando a trav&eacute;s de sus obras. <\/p>\n<p>Porque Sergio Meier era alguien con much&iacute;simas cosas que decir y compartir, y estas cosas te iluminaban, y te llenaban de entusiasmo y preguntas y deseos por saber m&aacute;s y ser mejor. Y en dicho proceso de intercambio, como ocurre en todas las grandes amistades, aprend&iacute;an tanto uno como el otro, retroaliment&aacute;ndose en desatada y vertiginosa dial&eacute;ctica. Era como si durante cada una de nuestras conversaciones universos enteros surgiesen, se desarrollasen y pereciesen para dar paso a otros cada vez m&aacute;s ricos y complejos, como infinitas catedrales de barrocas geometr&iacute;as, como fractales vivientes y libros de arena, con logaritmos cabal&iacute;sticos, m&oacute;nadas hologr&aacute;ficas, mezuzahs y rollos de oraciones, con imanes solenoidales, con frases prodigiosas dichas bajo cielos de cobre verde azuloso, con cuadros hambrientos y calor&iacute;metros electromagn&eacute;ticos de cristales escintiladores y con &aacute;ngeles que son monta&ntilde;as flotantes coronadas por castillos que en su interior guardan un brote petrificado del &Aacute;rbol de la Ciencia. Y tras horas que transcurr&iacute;an en cosas de segundos aparec&iacute;a Silvita detr&aacute;s de un cortinaje para decirnos que era hora de tomar el t&eacute;, y nos traslad&aacute;bamos del living al comedor donde nuestra vianda era presidida por una peque&ntilde;a sinagoga confeccionada mediante un empaque de poliestireno y un ordenador instalado sobre una vieja m&aacute;quina de coser Sindelen que Sergio presum&iacute;a era su propia Tardis. Y yo me sentaba con Dante y Virgilio a mis espaldas en aquella reproducci&oacute;n de Delacroix pintada por Sergio, y tal y como los poetas italianos, nuestro viaje por el r&iacute;o del conocimiento continuaba develando misterios y espantando a las harp&iacute;as para que no fuesen a estropearnos la merienda como al rey Fineo. Porque nosotros, al igual que Hamlet, nos consider&aacute;bamos reyes del espacio infinito pese a estar cada uno encerrado en sus respectivas c&aacute;scaras de nueces llamadas Quillota y Conc&oacute;n, las que continuamente se nos antojaban como Providence e Insmouth, y refugiados en nuestras respectivas fortalezas resist&iacute;amos, <em>fighting the good fight<\/em>. <\/p>\n<p>Porque ah&iacute; est&aacute;bamos nosotros, con un pie en la V&ordf; Regi&oacute;n y otro en la V&iacute;a L&aacute;ctea, mecidos por las variaciones Goldberg y embargados por el pensamiento que pareciera llevar a ninguna parte pero que al no tener destino fijo conduce a todas. Ah&iacute; est&aacute;bamos celebrando perpetuamente Navidad, Hanuk&aacute; y Bloomsday, recorriendo las galer&iacute;as hexagonales de la Biblioteca de Babel, los caminos a Dubl&iacute;n, Golgonooza y la desconocida Kadath. Ah&iacute; est&aacute;bamos, como sondas sumergi&eacute;ndonos en la dimensi&oacute;n de Hausdorff-Besicovitch para rescatar tesoros perdidos, reliquias de otros tiempos y sellos inmemoriales. Ah&iacute; est&aacute;bamos para perdernos entre Gauss con Lobachevsky, para reunirnos con Mart&iacute;nez, Tardieu, de Chardin, Borges, Llor&oacute;, Joyce, Dick, Alfonso, Serrano, Tesla, Di Filippo, Turing, Mandelbrot, Lovecraft, Newton, Penrose, Bohm, Pibram, Moore, Morrison, Miller, Burroughs, Gibson, pero sobre todo con el &ldquo;poeta cu&aacute;ntico&rdquo; William Blake que anunci&oacute; el advenimiento de una edad donde la guerra de las espadas y las tenebrosas religiones se habr&aacute;n desvanecido permitiendo el reinado de la dulce ciencia. Esa ciencia que tanto amaba Sergio porque, contrario a las religiones, no posee dogmas y est&aacute; abierta al cuestionamiento y a la exploraci&oacute;n y a la duda razonable y no castiga con la hoguera ni las penas del infierno a quienes osen cuestionarla y rebatirla ni tampoco hace falsas promesas. &iexcl;C&oacute;mo olvidar esa verdadera celebraci&oacute;n de la ciencia que fue el taller de filosof&iacute;a cu&aacute;ntica que dict&oacute; Sergio a sal&oacute;n lleno en el Palacio Carrasco de Vi&ntilde;a del Mar!, ciencia y arte hermanados en la gran aventura de la vida, esa aventura que para quienes creemos en una u otra forma de trascendencia prosigue para Sergio, que si muchas veces hablaba en plural, es porque al igual que su h&eacute;roe Sir Isaac Newton consideraba estar sentado sobre los hombros de gigantes. Porque sab&iacute;a que somos como aquellos p&aacute;jaros que buscaban al Simurg s&oacute;lo para darse cuenta de que ellos mismos eran aquella gran ave hologr&aacute;fica. <\/p>\n<p>Como ya he dicho antes, cuando uno estaba con Sergio el tiempo se aceleraba. Las horas se convert&iacute;an en minutos y los minutos en segundos porque, como escribi&oacute; Blake, las horas de la locura las mide el reloj, pero ning&uacute;n reloj puede medir las horas de la sabidur&iacute;a. Y fue as&iacute; como en cierta ocasi&oacute;n perd&iacute; el &uacute;ltimo bus a Conc&oacute;n y decid&iacute; esperar cualquiera que fuese a Vi&ntilde;a del Mar mientras Sergio me insist&iacute;a con que me quedara a alojar, claro que advirti&eacute;ndome de que en su casa penaban, que Patricio Alfonso alguna vez que pernoct&oacute; all&iacute; le hab&iacute;a despertado con gritos de espanto en medio de la noche, por lo que Sergio baj&oacute; las escaleras, pistola en mano, a ver que pasaba. &ldquo;&iquest;O sea que si no me mata del susto el fantasma me matas t&uacute; de un balazo perdido? No gracias&rdquo;, le contest&eacute; y ambos re&iacute;mos como s&oacute;lo se pod&iacute;a uno re&iacute;r con Sergio, risas interminables que nos dejaban sin aliento como durante mi &uacute;ltima visita a su hogar, junto a nuestro amigo en com&uacute;n Teobaldo Mercado y mi hijo Bastian. Jam&aacute;s me re&iacute; tanto como aquella vez, y tampoco nunca vi a Sergio re&iacute;rse de tal manera. Con Teobaldo conform&aacute;bamos algo muy similar a los Tres Chiflados, pero no para provocar la risa ajena sino la de nosotros mismos. Claro que entre risa y risa habl&aacute;bamos de cosas muy serias y relevantes, pero el humor siempre estaba ah&iacute;, un humor inteligente y sofisticado, como lo era el propio Sergio Meier. Teobaldo le llamaba &ldquo;el Tecnomago&rdquo;, yo le dec&iacute;a &ldquo;Ominoso&rdquo; por todos sus v&iacute;nculos lovecraftianos y &eacute;l a su vez me bautiz&oacute; como &ldquo;el Animoso&rdquo; ya que sol&iacute;a decirme que explotaba en arranques de ira muy f&aacute;cilmente. Y estaba en lo correcto. Siempre actu&eacute; contrario a lo que significa ser elegante, ser un <em>gentleman<\/em>, porque como bien record&aacute;bamos con Sergio: &ldquo;a gentleman will walk but never run.&rdquo; Y gracias a Sergio aprend&iacute; a perfeccionar ciertas cosas perfectibles, y a conservar las rescatables entre las que por supuesto estaba la literatura, la cual fue nuestro punto de encuentro.<\/p>\n<p>La primera vez que nuestros caminos se encontraron fue en una conferencia hace trece a&ntilde;os atr&aacute;s, aunque esto no lo supe sino hasta hace muy poco leyendo las remembranzas que sobre &eacute;l escribieron sus amigos. Un par de personas mencionaban una charla sobre Lovecraft dictada por Sergio en el Centro Cultural de Espa&ntilde;a all&aacute; por 1996 y yo recordaba haber asistido a una ponencia similar en el mismo sitio y fecha, pero que versaba sobre las cosmogon&iacute;as de Tolkien y Lovecraft. As&iacute; que hice mis averiguaciones con el organizador de aquel evento, mi gran amigo Luis Saavedra, y result&oacute; que se trataba de la misma a la cual yo asistiera. Y si bien la gente ha olvidado a Tolkien, no han olvidado a Meier, a excepci&oacute;n m&iacute;a, claro, y esto se debe a que me march&eacute; antes porque comenzaron hablando del autor de El se&ntilde;or de los anillos y siguieron hablando de &eacute;l hasta agotar mi escasa paciencia. Porque yo iba a escuchar sobre Lovecraft y el bueno de Tolkien no me importaba para nada y hasta el d&iacute;a de hoy sigue import&aacute;ndome lo mismo. Por esta raz&oacute;n no retuve ni el nombre ni el rostro de Sergio, porque no tuve oportunidad de escucharlo hablar, y es que cuando &eacute;l hablaba seduc&iacute;a instant&aacute;neamente a sus oyentes gracias a sus vastos conocimientos, pero sobre todo por su entusiasmo y elocuencia dignos de un trovador medieval. Y la comparaci&oacute;n con los trovadores no es para nada antojadiza porque estos en su mayor&iacute;a era nobles que con sus canciones ofrec&iacute;an una visi&oacute;n de mundo con una diversidad y riqueza &uacute;nica para su &eacute;poca, de igual forma como Sergio Meier lo hac&iacute;a en sus textos y conferencias o simplemente dialogando. Y si hay alguien al que me atrever&iacute;a a describir como perteneciente a la nobleza ese es Sergio Meier, un ser de una nobleza m&aacute;s inmemorial que las casas de B&eacute;arn, de Toulouse o de Atreides. <\/p>\n<p>Tras aquella charla de 1996 volvimos a coincidir nuevamente en el primer lanzamiento de A&ntilde;os Luz: mapa estelar de la ciencia ficci&oacute;n en Chile realizado el 20 de abril de 2006 en la Casona Taller de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Valpara&iacute;so. En <em>A&ntilde;os Luz<\/em>, el primer estudio acad&eacute;mico serio sobre el g&eacute;nero en Chile, Sergio Meier estaba representado con un fragmento de su novela pronta a ser publicada, <em>La segunda enciclopedia de Tl&ouml;n<\/em>. Al leerla inmediatamente dije: &quot;wow, this is something else!&quot; Era una suerte de <em>The Matrix<\/em> erudito y literario, my kind of fix. Y obviamente qued&eacute; enganchado. Curiosamente, estando a escasos metros el uno del otro en aquel recinto emplazado en el Paseo Atkinson del cerro Concepci&oacute;n, tampoco nos conocimos. Ambos nos ubic&aacute;bamos ya como autores pero no cont&aacute;bamos con una imagen f&iacute;sica que acompa&ntilde;ara a los nombres, y como nadie nos present&oacute; nuestro verdadero encuentro fue postergado hasta un mes despu&eacute;s durante el segundo lanzamiento de A&ntilde;os Luz en la Biblioteca Nacional. S&oacute;lo entonces conoc&iacute; en persona a Sergio e Isabel y tuvimos la oportunidad de charlar luego del evento en el Caf&eacute; Escondido. Hablamos de Lovecraft, obviamente, y de nuestros respectivos Providence e Insmouth en la V&ordf; Regi&oacute;n. Y de esta forma comenz&oacute; a cimentarse la amistad, en torno a nuestros temas y escritores en com&uacute;n en una primera etapa, y tambi&eacute;n en base a nuestras diferencias que es realmente d&oacute;nde uno aprende. Y nadie mejor que Sergio como maestro. <\/p>\n<p>Analiz&aacute;ndolo desde la distancia debo reconocer que la publicaci&oacute;n de <em>A&ntilde;os Luz <\/em>fue un verdadero hito y eso es algo que todos los involucrados debemos agradecer a Marcelo Novoa, y que yo debo agradecer doblemente ya que dicha antolog&iacute;a no s&oacute;lo me legitim&oacute; desde la academia, sino que me permiti&oacute; una satisfacci&oacute;n mayor a&uacute;n como fue la de conocer a Sergio y gozar de su amistad. De hecho durante aquel tiempo que abarc&oacute; desde fines del 2006 a mediados del 2007 tanto Sergio como yo -junto a N&eacute;stor Flores y Miguel Vargas- est&aacute;bamos embarcados en la aventura de Puerto de Escape, todos &eacute;ramos escritores de la V Regi&oacute;n y todos ser&iacute;amos publicados por dicha editorial. Por razones que no vale la pena mencionar, mi participaci&oacute;n en Puerto de Escape lleg&oacute; a un abrupto t&eacute;rmino pero a la larga fue mejor as&iacute; ya que me permiti&oacute; publicar la segunda novela en la que trabajaba que se titul&oacute; Identidad suspendida mientras perfeccionaba mi primer libro, al cual a&uacute;n le faltaba mucho. Sergio e Isabel fueron un gran apoyo en la g&eacute;nesis de Identidad suspendida, y pasamos largo rato discutiendo el t&iacute;tulo mientras esper&aacute;bamos el &uacute;ltimo bus a Quillota que jam&aacute;s pas&oacute;, oblig&aacute;ndoles a pasar la noche en mi casa. Claro que yo no ten&iacute;a fantasmas, ni una pistola tampoco, pero al menos s&iacute; un sof&aacute;-cama. <\/p>\n<p>Y finalmente lleg&oacute; el tan anhelado lanzamiento de <em>La segunda enciclopedia de Tl&ouml;n <\/em>el 1 de junio de 2007 en la sala Rub&eacute;n Dar&iacute;o de la Universidad de Valpara&iacute;so. Llegu&eacute; con mi amigo Rafael Cheuquelaf del d&uacute;o de m&uacute;sica electr&oacute;nica <a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=1722\">Lluvia &Aacute;cida<\/a>, que tambi&eacute;n participar&iacute;a del evento presentando uno de los temas -y correspondiente videoclip- que &eacute;l y H&eacute;ctor Aguilar compusieron como parte de nuestro proyecto <em>Audioficciones<\/em>, un EP que planteamos a manera de banda sonora para siete cuentos seleccionados por m&iacute; que inclu&iacute;an el extracto de <em>La segunda enciclopedia de Tl&ouml;n <\/em>publicado en A&ntilde;os Luz. Dej&eacute; a Rafael en la sala y me fui a dar unas vueltas con el fr&iacute;o calando mis huesos hasta que consider&eacute; que era prudente ingresar al recinto, en el cual no cab&iacute;a un alfiler. Las butacas de la sala, similar a un antiguo cine, estaban repletas, por lo que hube de sentarme en un pasillo lateral desde el que al menos pod&iacute;a ver el escenario. <\/p>\n<p>Nunca he asistido a un lanzamiento de un libro tan multitudinario y nunca he estado sumergido en un ambiente de expectaci&oacute;n tan electrizante como aquella vez, ni siquiera cuando he ido al concierto de alguna banda o estrella del rock. Y ah&iacute; estaba nuestra propia estrella de rock, el punk de bast&oacute;n de levita: Sergio Meier, hablando sobre el advenimiento de esta segunda enciclopedia que surgi&oacute; al preguntarse sobre c&oacute;mo ver&iacute;an los genios del pasado el panorama cient&iacute;fico actual, desde&ntilde;ando a Einstein y Galileo en pos de Isaac Newton principalmente por su doble militancia en la ciencia y la alquimia. Habiendo encontrado a su h&eacute;roe, Sergio necesitaba ahora un antagonista y qui&eacute;n mejor que Gottfried Leibnitz, el rival hist&oacute;rico de Newton. Los pilares de <em>La segunda enciclopedia de Tl&ouml;n <\/em>hab&iacute;an sido puestos en su lugar para as&iacute; edificar el barroco edificio que albergar&iacute;a a estos y muchos otros personajes que incluyen a J. G. Ballard y al Dr. Smith de <em>Lost in Space<\/em>, en conjunci&oacute;n con las m&aacute;s avanzadas teor&iacute;as de la Mec&aacute;nica Cu&aacute;ntica y la Teor&iacute;a de Cuerdas. <\/p>\n<p>Tres meses m&aacute;s tarde nos volv&iacute;amos a reunir con motivo de un lanzamiento, esta vez de mi primera novela, Identidad suspendida. Si el lanzamiento de La segunda enciclopedia de Tl&ouml;n fue algo as&iacute; como un megaconcierto de U2, el de mi libro calificar&iacute;a como un guitarreo de amigos en torno a una fogata, &iexcl;pero vaya qu&eacute; amigos! Jorge Baradit, Pablo Castro, Luis Saavedra, Teobaldo Mercado, y Sergio Meier , que por supuesto&nbsp; ah&iacute; estuvo para presentar mi novela, y para escribir una rese&ntilde;a, y para presentar Poliedro 3 en la feria del Libro de Vi&ntilde;a durante &eacute;ste verano, Sergio siempre estuvo y cuando no pudo estar&nbsp;ya sabemos la poderosa raz&oacute;n que se lo imped&iacute;a. Ya sabemos cual era el terrible Gr&eacute;ndel contra el que nuestro amigo, cual silencioso Beowulf, luchaba hac&iacute;a varios a&ntilde;os ya. <\/p>\n<p>Sergio Meier fue un luchador, y me consta porque luch&eacute; codo a codo con &eacute;l contra las fuerzas opresivas de la mediocridad. Permaneci&oacute; a mi lado en las buenas, pero sobre todo en las malas, y junto a Isabel me apoy&oacute; y alent&oacute; a seguir adelante cuando estaba a punto de renunciar al &ldquo;cuento de la literatura&rdquo; tal y como antes lo hice con el &ldquo;cuento de la pintura&rdquo;. Sergio fue un amigo como ya, lamentablemente, no me quedan, y una clase de persona cada vez m&aacute;s escasa de encontrar hoy en d&iacute;a cuando la frase de Plauto &ldquo;el hombre es el lobo del hombre&rdquo; pareciera m&aacute;s vigente que nunca. Ten&iacute;amos grandes proyectos para este a&ntilde;o que comenz&oacute; tan auspiciosamente con la charla de filosof&iacute;a cu&aacute;ntica, hab&iacute;amos trazado planes, acordado fechas&hellip; El resto ya lo saben. <\/p>\n<p>Durante sus exequias, su gran amigo Patricio Alfonso se refiri&oacute; a la teatralidad de Sergio, &ldquo;la &uacute;ltima vez que nos vimos nos estabas esperando con un eclipse de luna&rdquo;, dijo Patricio. Yo por mi parte recuerdo que para el lanzamiento de mi libro llegu&eacute; a buscarlo a la estaci&oacute;n de metro Santa Luc&iacute;a encontr&aacute;ndome con que el tr&aacute;fico estaba detenido en la Alameda y un gran helic&oacute;ptero negro hab&iacute;a aterrizado frente a la Biblioteca Nacional, el mismo sitio donde lo conoc&iacute; &quot;por segunda vez&quot; durante el lanzamiento de <em>A&ntilde;os Luz<\/em>. Todo con Sergio era un acontecimiento, desde lo m&aacute;s espectacular a lo m&aacute;s peque&ntilde;o, y esto se debe a su inagotable capacidad de asombro, ese verdadero talento que todos poseemos de ni&ntilde;os y que la vida adulta va atrofiando. Sergio se maravillaba de todo y de esta forma se convert&iacute;a en un polo atractor de lo maravilloso. Junto a &eacute;l la caminata a tomar el bus desde su casa al paradero era equiparable a la Odisea o el viaje de los Argonautas, llena de sorpresas y aventuras. Como aquella vez cuando hayamos en la calle un Pluto de juguete que de seguro se cay&oacute; de alg&uacute;n cochecito infantil y que para mi amigo equiparaba a haber encontrado el vellocino de oro. <\/p>\n<p>Si bien Sergio era un intelectual docto, no era en absoluto pedante y tanto como la ciencia, el cine y la literatura, le interesaban los c&oacute;mics. Prueba de ello es que durante la entrevista con Cristi&aacute;n Warnken trasmitida por TVN llev&oacute;<em> La Liga de los Caballeros Extraordinarios<\/em>. Y aqu&iacute; hab&iacute;a un campo de conocimiento en el que aventajaba a mi amigo, por lo que sol&iacute;a llevarle c&oacute;mics que sent&iacute;a estaban cercanos a su &eacute;tica y est&eacute;tica. Lo primero que le facilit&eacute; fue la Enciclopedia de los Transformers de Simon Furman, que lo maravill&oacute; al punto de intentar escribir un fanfiction de largo aliento que dej&oacute; inconcluso. Lo segundo fue la<em> Doom Patrol<\/em> de Grant Morrison, que le impresion&oacute; tanto que en los agradecimientos de La segunda enciclopedia de Tl&ouml;n escribe: &ldquo;Sergio Amira, hombre de atormentado talento que me mostr&oacute; en los c&oacute;mics a Coleridge y Thomas de Quincey&rdquo;. Pero &eacute;l tambi&eacute;n me sorprendi&oacute; a m&iacute; prest&aacute;ndome c&oacute;mics ajenos a la tem&aacute;tica de superh&eacute;roes que es la que yo mayormente conozco,&nbsp; como fue el caso de <em>Wild Palms<\/em> de Bruce Wagner y Julian Allen, que ciertamente ten&iacute;a tanto en com&uacute;n con Identidad suspendida como la saga del Juez Roca de la <em>Doom Patrol <\/em>con <em>La segunda enciclopedia de Tl&ouml;n<\/em>. De esta forma nuestros largos recorridos imaginarios no s&oacute;lo nos llevaban a las literarias Kadath, Diaspar o Comala, sino tambi&eacute;n a Cybertron, Gallifrey e incluso Fondo de Bikini, que Sergio comparaba con el f&aacute;ndom chileno. &quot;Algunos son Calamardo, Patricio, Don Cangrejo o Plankt&oacute;n&quot;, me confes&oacute; en cierta oportunidad. &quot;Yo personalmente me identifico con Bob Esponja en medio de todo esto. Mucha gente toma a Bob Esponja por imb&eacute;cil, pero no se dan cuenta de que Bob observa, analiza cuidadosamente, y se da cuenta. Bob Esponja dice: &#8216;Hola, c&oacute;mo est&aacute;s Calamardo&#8217; y sabe que Calamardo no lo quiere. Y trabaja y se esfuerza en el Cangrejo Cascarudo, y sabe que Don Cangrejo tampoco lo quiere. Y al igual que Bob Esponja debemos tomar esta conciencia que a uno no todos lo quieren.&quot; <\/p>\n<p>Pero a Sergio Meier era mucha la gente que lo quer&iacute;a, de eso no cabe duda alguna, y mucha m&aacute;s gente lo querr&aacute; y conocer&aacute; a trav&eacute;s de sus textos y los de sus amigos m&aacute;s cercanos, en los que ya habita desde hace tiempo bajo los nombres de Aldoux Maiher, Uriel da Costa, Pablo Eleuterios, Sergei Meierson, Gottlieb M&uuml;ller o Bernard Middledorfer. Y no puedo dejar de pensar que si el mundo fuese como en los c&oacute;mics sabr&iacute;amos que Sergio regresar&iacute;a en cualquier momento, el mes siguiente, en el pr&oacute;ximo n&uacute;mero&#8230; De consuelo nos queda saber que mientras las obras de un artista est&eacute;n entre nosotros, ellos tambi&eacute;n permanecen y es as&iacute; como <em>La segunda enciclopedia de Tl&ouml;n<\/em> ya cuenta con una nueva edici&oacute;n a cargo de Puerto de Escape. Estoy seguro que otras obras se ir&aacute;n sumando con el tiempo, ya que existe una importante cantidad de material in&eacute;dito de Sergio Meier que incluye dos novelas &#8211;<em>Una hu&iacute;da hacia la muerte <\/em>y <em>Memorias de un G&oacute;lem<\/em>&#8211; y un gui&oacute;n cinematogr&aacute;fico &#8211;<em>Los Pasajeros de la Tierra<\/em>-, a los que debemos sumar varios art&iacute;culos publicados en distintos medios y el pr&oacute;logo del primer tomo -de doce- de<em> Inferno<\/em> de Karl&eacute;s Llord. Mientras eso ocurre seguiremos alentando pasos de este lado de la membrana hologr&aacute;fica, enarbolando nuestra bandera de lucha hasta que la dulce ciencia imponga su reinado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un recuerdo del escritor chileno Sergio Meier Frei, a las pocas semanas de su fallecimiento<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[169],"tags":[447],"class_list":["post-2300","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-golpe-a-la-catedra","tag-sergio-meier-frei"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2300","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2300"}],"version-history":[{"count":2,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2300\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2892,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2300\/revisions\/2892"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2300"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2300"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2300"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}