{"id":2875,"date":"2009-11-18T15:00:15","date_gmt":"2009-11-18T13:00:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=2875"},"modified":"2009-11-18T19:05:05","modified_gmt":"2009-11-18T17:05:05","slug":"la-ultima-noche-de-hipatia-eduardo-vaquerizo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=2875","title":{"rendered":"La \u00faltima noche de Hipatia, Eduardo Vaquerizo"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" title=\"La \u00faltima noche de Hipatia\" alt=\"La &uacute;ltima noche de Hipatia\" hspace=\"10\" align=\"left\" longdesc=\"undefined\" src=\"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/wp-content\/uploads\/LaultimanochedeHipatia.jpg\" \/>El subg&eacute;nero de viajes temporales entra&ntilde;a varios riesgos. Por un lado, pone a prueba la capacidad del autor para recrear escenarios hist&oacute;ricos coherentes y veros&iacute;miles. Por otro lado, lanza el reto de crear tantos mundos y contextos cre&iacute;bles como &eacute;pocas y ambientes se nos presentan. Y, por &uacute;ltimo, exige del escritor la disciplina suficiente como para justificar la inclusi&oacute;n del viaje temporal, es decir, conseguir que &eacute;ste no sea una mera coartada argumental para camuflar una narraci&oacute;n hist&oacute;rica sin m&aacute;s. Por lo general, desde Poul Anderson hasta nuestros d&iacute;as, esta coartada viene dada por el recurso a entidades o empresas que, de manera gen&eacute;rica, podr&iacute;amos denominar &quot;patrullas temporales&quot;. Los guardianes del tiempo de Poul Anderson, la Eternidad de Isaac Asimov o la megacorporaci&oacute;n ITC de Michael Crichton son s&oacute;lo unos ejemplos, si bien hay que esperar hasta Connie Willis y su relato &ldquo;Servicio de vigilancia&rdquo; (1982) para salirse del esquema t&iacute;pico de patrullas temporales que intentan enderezar el devenir de los acontecimientos y hacernos regresar a una l&iacute;nea temporal &quot;correcta&quot;. Connie Willis nos ense&ntilde;&oacute; que el viaje en el tiempo no ten&iacute;a por qu&eacute; servir para salvar la humanidad o para generar paradojas temporales a diestro siniestro: tambi&eacute;n pod&iacute;a utilizarse como herramienta para el aprendizaje de la historia (y si, de paso, se consegu&iacute;a salvar alg&uacute;n monumento de la devastaci&oacute;n de la guerra, pues mucho mejor). Lo cual, bien visto, tiene sentido. Willis, consciente de que aqu&eacute;l era su mejor relato hasta entonces y de que hab&iacute;a dado con un fil&oacute;n, retom&oacute; a algunos de los personajes del mismo para dar forma a su mejor novela larga, <em>El libro del d&iacute;a del juicio final<\/em> (1992). <br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPues bien. Uno lee &ldquo;Hab&iacute;tame y que el tiempo me hiele&rdquo; (el cuento que cierra el volumen) y <em>La &uacute;ltima noche de Hipatia <\/em>y se queda con la sensaci&oacute;n de que Eduardo Vaquerizo ha intentado hacer una jugada similar a la de Connie Willis. No se trata de la misma jugada ni de una imitaci&oacute;n consciente, sino de un modelo a seguir, y lo cierto es que ambas historias tienen bastantes puntos en com&uacute;n. Un relato breve en el que se presenta a unos personajes que dan con la clave del viaje temporal y se dedican a intentar desfacer entuertos con una finalidad claramente moral: son cient&iacute;ficos, o historiadores, y se creen en el deber de enderezar el cauce de los acontecimientos hist&oacute;ricos: en el caso del cuento de Connie Willis, evitando que se produzca la discron&iacute;a, es decir, dejando la historia como estaba en el universo tal como lo conocemos; en el de Vaquerizo, creando una discron&iacute;a nueva pero menos indeseable que la original, o, lo que es lo mismo, tratando de no empeorar el curso de la historia. Ambas narraciones parten de una concepci&oacute;n fatalista e irreversible de la historia (ninguna intenta salvar el mundo; como mucho, dejarlo igual y sin que se note), pero emplean soluciones diferentes para resolverlas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nWillis ampli&oacute; el universo de &ldquo;Servicio de vigilancia&rdquo; en una novela monumental, la ya citada<em> El libro del d&iacute;a del juicio final<\/em>. El personaje de Kivrin, que aparec&iacute;a citado de refil&oacute;n en el relato, era el protagonista de la novela. Vaquerizo opera de manera similar en su universo narrativo, y hace que una alusi&oacute;n casi casual &quot;a Marta y su b&uacute;squeda de los cl&aacute;sicos&quot; en su relato se convierta en el eje de <em>La &uacute;ltima noche de Hipatia<\/em>. Connie Willis dej&oacute; transcurrir diez a&ntilde;os entre su relato y su novela; Eduardo Vaquerizo, once. En el transcurso de esta d&eacute;cada, ambos autores parecen aplicar el mismo enfoque: la finalidad moral del viaje temporal se desvanece, y da paso a la pragm&aacute;tica lucha por la supervivencia. Est&aacute;n atrapados en un mundo que no es el suyo y que, pese a que les resulta conocido sobre el papel, es mucho m&aacute;s complejo que sus conocimientos. Se les escapan muchos par&aacute;metros. Kivrin se encuentra con que no entiende el ingl&eacute;s del siglo XIV: domina el vocabulario, pero no la fon&eacute;tica (y, de paso, nos regala uno de los mejores &laquo;primeros contactos&raquo; de la historia del g&eacute;nero). Marta tiene un poco m&aacute;s de sentido com&uacute;n y deja pasar un tiempo en la cosmopolita ciudad de Alejandr&iacute;a, empap&aacute;ndose de voces y acentos, antes de poder mantener una conversaci&oacute;n razonable, y aun as&iacute; se hace pasar por una extranjera o, mejor dicho, por un extranjero, para no llamar demasiado la atenci&oacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iquest;A qu&eacute; viene esta comparaci&oacute;n? A algo muy simple: es pertinente para valorar <em>La &uacute;ltima noche de Hipatia<\/em> y &quot;Hab&iacute;tame y que el tiempo me hiele&quot;. No estoy afirmando que el d&iacute;ptico de Eduardo Vaquerizo sea una variante del de Connie Willis, sino que ambos autores emplean recursos similares para abordar preocupaciones parecidas: c&oacute;mo crear una buena obra de literatura fant&aacute;stica con elemento hist&oacute;rico presentado de manera rigurosa, c&oacute;mo escribir sobre viajes temporales de modo que &eacute;stos sean un fin en s&iacute; mismos (en lugar de un medio para hablar de otra cosa) y, mucho m&aacute;s importante, c&oacute;mo perseguir al mismo tiempo la verosimilitud (coherencia interna) y el extra&ntilde;amiento (o c&oacute;mo hacer que la Alejandr&iacute;a del siglo IV nos resulte tan alien&iacute;gena como deb&iacute;a de serlo para unos ojos occidentales del siglo XXI). <\/p>\n<p><img decoding=\"async\" title=\"Eduardo Vaquerizo\" alt=\"Eduardo Vaquerizo\" hspace=\"10\" align=\"left\" longdesc=\"undefined\" src=\"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/wp-content\/uploads\/EduVaquerizo.jpg\" \/>Vaquerizo realiza una composici&oacute;n de lugar sistem&aacute;tica y rigurosa para jugar con la tem&aacute;tica hist&oacute;rica y del viaje temporal, utiliza como punto de partida unos referentes reconocibles y nos sumerge de lleno en un mundo demasiado ajeno a nosotros como para no resultarnos extra&ntilde;o, pero con demasiados puntos en com&uacute;n como para no generar desasosiego en nosotros. Realiza, en suma, una recreaci&oacute;n de un mundo (novela hist&oacute;rica) al que a&ntilde;ade un elemento fant&aacute;stico y unos personajes que en unos casos act&uacute;an de acuerdo con un gui&oacute;n preestablecido (Hipatia o Cirilo, es decir, los personajes cuya existencia est&aacute; documentada) y en otros lo hacen con una motivaciones coherentes y cre&iacute;bles (Marta). Vaquerizo nos habla de una &eacute;poca convulsa porque quiere hablarnos de un personaje hist&oacute;rico muy atractivo (Hipatia de Alejandr&iacute;a, una mujer cient&iacute;fica en una sociedad tan machista como la tardorromana), de los sentimientos que &eacute;sta despierta en una mujer culta y cient&iacute;fica del siglo XXI (Marta, que act&uacute;a como trasunto del lector: su punto de vista es, o deber&iacute;a ser, el nuestro) y de un tema que domina la narraci&oacute;n y que nos permite extrapolar con el presente y, por tanto, establecer paralelismos: la intolerancia, la caza de brujas y el riesgo (real, pues ya ha ocurrido) de que las fuerzas reaccionarias provoquen una involuci&oacute;n social. <\/p>\n<p>De este modo, Vaquerizo nos conduce a trav&eacute;s de una historia cuyo desenlace conocemos de antemano (la Biblioteca de Alejandr&iacute;a sucumbe a un incendio provocado por el integrismo cristiano, y con ella Hipatia y gran parte del saber de la Antig&uuml;edad), con lo que exalta, sin ocultarlo pero sin adoctrinarnos, la profesi&oacute;n de cient&iacute;fico (Hipatia y Marta) y las instituciones humanistas que representan (la Biblioteca de Alejandr&iacute;a y la Fundaci&oacute;n Cronos). Vaquerizo pule un tanto su estilo a veces preciosista para supeditarlo a una narraci&oacute;n que necesitaba un tono m&aacute;s claro y directo. Las descripciones de la Alejandr&iacute;a del siglo IV son tan interesantes como la correspondencia que intercambian Cirilo con el patriarca Te&oacute;filo, o las memorias del prefecto Orestes. La alternancia de estas cartas y memorias nos da una idea inicial de las fuerzas enfrentadas en el transcurso de los a&ntilde;os que precedieron a la ca&iacute;da de la Biblioteca de Alejandr&iacute;a: el Imperio Romano, el cristianismo pujante y el helenismo cada vez m&aacute;s desacreditado. <\/p>\n<p>Una vez expuesto el conflicto, los ejes de la narraci&oacute;n pasan a ser dos mujeres: Hipatia, que nos presenta la mentalidad de su &eacute;poca (aunque desde un punto de vista algo diferente, dada su doble condici&oacute;n de mujer y de cient&iacute;fica), y Marta, que nos presenta la mentalidad de nuestra &eacute;poca (desde el punto de vista de mujer y cient&iacute;fica, pero tambi&eacute;n del de testigo supuestamente imparcial de una &eacute;poca convulsa que defini&oacute; el mundo tal y como lo conocemos). Ambas interact&uacute;an de una manera que enriquece la trama y depara algunas sorpresas, bastante bien llevadas. <br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn la nota del autor, Vaquerizo confiesa que ha cambiado las fechas de algunos sucesos hist&oacute;ricos para adaptarlas a las necesidades de la trama. No se trata de cambios que molesten, pues refuerzan el mensaje que pretende transmitir (la dura condena al fanatismo irracional) y hacen posible el encuentro entre dos personajes, Hipatia y Marta, muy bien perfilados: la primera, por la reconstrucci&oacute;n veros&iacute;mil y consistente de un personaje lleno de matices; la segunda, por el acierto con el que el autor le da una voz propia y la hace cre&iacute;ble. Tal vez estos aspectos aparten <em>La &uacute;ltima noche de Hipatia<\/em> de la novela hist&oacute;rica en el sentido estricto del t&eacute;rmino (a la manera en que Gore Vidal se permiti&oacute; peque&ntilde;as &quot;traiciones&quot; a la cronolog&iacute;a en su magistral <em>Creaci&oacute;n<\/em>), pero a cambio la convierten en el ejemplo m&aacute;s depurado de obra espa&ntilde;ola sobre viajes temporales que recuerdo y confirman la capacidad fabuladora, la amplitud de registros y la consolidaci&oacute;n de Eduardo Vaquerizo como autor de referencia en un campo que ha sabido apropiarse y enriquecer, el de la novela fant&aacute;stica con elementos hist&oacute;ricos. Sin poseer la brillantez de <em>Danza de tinieblas <\/em>(que tal vez sea la ucron&iacute;a m&aacute;s destacable de la ciencia ficci&oacute;n espa&ntilde;ola de los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os), <em>La &uacute;ltima noche de Hipatia <\/em>es un buen ejemplo de novela sobre viajes temporales, y deja con ganas de leer m&aacute;s narraciones sobre la Fundaci&oacute;n Cronos. Seguro que el autor piensa lo mismo. Y el lector que se acerque a esta novela.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El subg&eacute;nero de viajes temporales entra&ntilde;a varios riesgos. Por un lado, pone a prueba la capacidad del autor para recrear escenarios hist&oacute;ricos coherentes y veros&iacute;miles. 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