{"id":3376,"date":"2010-01-14T06:30:20","date_gmt":"2010-01-14T04:30:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=3376"},"modified":"2010-01-16T12:14:37","modified_gmt":"2010-01-16T10:14:37","slug":"delegacion-de-poder-el-fin-de-la-infancia-de-arthur-c-clarke","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=3376","title":{"rendered":"Delegaci\u00f3n de poder: El fin de la infancia, de Arthur C. Clarke"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"200\" height=\"319\" alt=\"\" src=\"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/wp-content\/uploads\/Elfindelainfancia.jpg\" \/>Es obvio que el objeto de<em> El fin de la infancia <\/em>no es hablar de las relaciones de poder, sino plantear una historia sobre la evoluci&oacute;n en un trasfondo gal&aacute;ctico. A pesar de ello, Arthur C. Clarke nos da pie, por los motivos que se encuentran en la novela, a analizar esos aspectos.<\/p>\n<p>Recordemos que la obra nos cuenta c&oacute;mo unas naves alien&iacute;genas llegan a la Tierra y determinan dirigir el rumbo del planeta, sin mostrar a sus ocupantes, para llevarlo a una era de felicidad y progreso. Las tensiones entre las estructuras de poder y la capacidad del ser humano para gobernar su propio destino (y c&oacute;mo manifiesta la imposibilidad de crear estructuras distintas) es la clave desde la que analizaremos en esta ocasi&oacute;n este cl&aacute;sico del g&eacute;nero.<\/p>\n<p>En primer lugar, el autor nos sit&uacute;a en la tensi&oacute;n de la Guerra Fr&iacute;a. As&iacute; lo demuestra la confrontaci&oacute;n de la carrera espacial: dice un estadounidense sobre los sovi&eacute;ticos que &ldquo;les mostraremos que la democracia puede ser la primera en llegar a la Luna&rdquo;.<\/p>\n<p>Sin embargo, r&aacute;pidamente nos presenta el momento en el cual las l&iacute;neas temporales se bifurcan: &ldquo;En ese instante la historia suspend&iacute;a su aliento, y el presente se abr&iacute;a en dos separ&aacute;ndose del pasado&rdquo;, dice expresivamente. En la ficcional, r&aacute;pidamente las tensiones belicosas desaparecer&aacute;n.<\/p>\n<p>Pero Clarke parte de nuestra realidad para sentar las bases de la jerarqu&iacute;a. As&iacute;, de forma muy significativa el escritor nos presenta al secretario general de la ONU, que, desde el alto edificio de su oficina, &ldquo;a veces se preguntaba si conven&iacute;a que un hombre trabajase a una altura tan por encima de sus semejantes&rdquo;. Lo curioso es que Clarke parece no tener dudas sobre la conveniencia de que esa labor la ejerzan otras criaturas (m&aacute;s capaces, adem&aacute;s).<\/p>\n<p>Es m&aacute;s, el narrador aplica esa diferencia de manera literal, en un plano f&iacute;sico, puesto que las naves de los superse&ntilde;ores no abandonan el cielo, las alturas. Con ello, adem&aacute;s, adquieren una obvia connotaci&oacute;n religiosa. De hecho, las comunicaciones con el embajador alien&iacute;gena son calificadas de &ldquo;mensajes del cielo&rdquo;. No extra&ntilde;a, pues, que las protestas de los humanos sesan recogidas as&iacute;:<\/p>\n<p>&ldquo;Como pigmeos que amenazasen a un gigante, esos pu&ntilde;os airados se alzaban directamente contra el cielo, contra la brillante nube de plata que flotaba a cincuenta kil&oacute;metros de altura: la nave ense&ntilde;a de la flota de los superse&ntilde;ores&rdquo;.<\/p>\n<p>En cualquier caso, el movimiento de resistencia es un movimiento conservador. El escritor as&iacute; lo constata, y, es m&aacute;s, lo relaciona con la religi&oacute;n. No tiene una perspectiva de emancipaci&oacute;n, sino de reinstauraci&oacute;n; de volver a colocar a los poderosos humanos de siempre. De hecho, adquiere un tinte xen&oacute;fobo, de rechazo de lo extranjero.<\/p>\n<p>La situaci&oacute;n de control percibida por las personas es insostenible para muchos. No en vano, el mismo embajador alien&iacute;gena, el &uacute;nico que tiene contacto con terrestres, revela que &ldquo;desear&iacute;a que dejaran de verme como un dictador, y recordaran que s&oacute;lo soy un funcionario encargado de administrar una pol&iacute;tica colonial que no he preconizado&rdquo;.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s, atendamos a esta conversaci&oacute;n entre dos humanos:<\/p>\n<p>&ldquo; &ndash;&ndash;&iquest;Puede negar que los superse&ntilde;ores han tra&iacute;do seguridad, paz y prosperidad a todo el mundo?<br \/>\n&ndash;&ndash;Es cierto, pero nos han privado de la libertad. No s&oacute;lo de pan&#8230;<br \/>\n&ndash;&ndash;&#8230;vive el hombre. Ya lo s&eacute;. Pero por primera vez el hombre est&aacute; seguro de poder conseguir por lo menos eso. Y de cualquier modo, &iquest;qu&eacute; libertad hemos perdido en relaci&oacute;n con laque nos han dado los superse&ntilde;ores?<br \/>\n&ndash;&ndash;La libertad de gobernar nuestras propias vidas, guiados por la mano de Dios&rdquo;.<\/p>\n<p>En relaci&oacute;n con la &uacute;ltima frase, el narrador afirma que &ldquo;el conflicto era esencialmente religioso&rdquo;, algo que ya he apuntado y sobre lo que volver&eacute; en breve.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"200\" height=\"151\" alt=\"\" src=\"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/wp-content\/uploads\/arthurcclarke.jpg\" \/>Los alien&iacute;genas son pac&iacute;ficos desde su posici&oacute;n de fuerza absoluta. Es tal &eacute;sta que no es necesario utilizarla: &ldquo;Karellen no tom&oacute; ninguna represalia, ni dio muestras de haberse enterado del ataque. Lo ignor&oacute; totalmente, dejando que los responsables se preguntasen cu&aacute;ndo llegar&iacute;a la venganza. Fue un tratamiento m&aacute;s eficaz, y m&aacute;s desmoralizador, que cualquier posible acci&oacute;n punitiva (&#8230;) Com&uacute;nmente Karellen venc&iacute;a todas las dificultades dando libertad de acci&oacute;n a los rebeldes, hasta que &eacute;stos comprend&iacute;an que se estaban da&ntilde;ando a s&iacute; mismos al rehusar a cooperar&rdquo;. Por tanto, encierra principios b&aacute;sicos de modificaci&oacute;n de conducta, de educaci&oacute;n. Clarke justifica esa voluntad de los superse&ntilde;ores al hablarnos del &ldquo;odio que los superse&ntilde;ores sent&iacute;an por la crueldad. Ese odio, y su pasi&oacute;n por la justicia y el orden, parec&iacute;an ser las emociones que dominaban sus vidas&rdquo;.<\/p>\n<p>Esa base sirve de argumento para apoyar la propuesta pacificadora de los superse&ntilde;ores. El escritor, adem&aacute;s, nos posiciona a su favor al ubicarnos en la perspectiva de personajes afines a ellos y al mostrarnos a los rebeldes como extremistas (que llegan a secuestrar a un alto cargo de la ONU, por ejemplo) que emplean argumentos insostenibles.<\/p>\n<p>Con todo ello, se nos informa de que &ldquo;la raza humana hab&iacute;a aceptado a los superse&ntilde;ores como parte del orden natural de las cosas&rdquo;. &iquest;Hasta qu&eacute; punto no ha ocurrido lo mismo con las estructuras de poder presentes? &iquest;Por qu&eacute; no ha ocurrido igual con nuestra asunci&oacute;n de la necesidad de l&iacute;deres, de jerarqu&iacute;as? Clarke no extrapola en ese marco extraterreste nuestra realidad, no existe una proyecci&oacute;n que sirva de espejo en el cual mirar nuestro sistema. No existe, por tanto, cr&iacute;tica en ese sentido, m&aacute;s que desde un plano te&oacute;rico y abstracto, pero que no se aplica a todos los &aacute;mbitos; no se lleva hasta sus &uacute;ltimas consecuencias y se sobreimpresiona sobre nuestra cotidianeidad.<\/p>\n<p>De todas maneras, resultan muy reveladores algunos argumentos esgrimidos por los cr&iacute;ticos a los superse&ntilde;ores: &ldquo;Son unos entrometidos. Nunca le pedimos que viniesen a poner el mundo patas arriba&rdquo;, o, mejor, &ldquo;hemos de elaborar nuestro propio destino. &iexcl;No queremos interferencias en los asuntos humanos!&rdquo;. Es curioso c&oacute;mo se utiliza como argumento especista un viejo eslogan nacionalista, empleado tambi&eacute;n en un &aacute;mbito de lucha de clases, pero sin dejar repercutir su resonancia. Se asume, pues, un sentido de especie por encima de otras diferencias, que, aunque siguen perviviendo (los gobiernos siguen en pie con las mismas fronteras, los medios de producci&oacute;n contin&uacute;an en las mismas manos que antes de la llegada de los superse&ntilde;ores), son ignoradas.<\/p>\n<p>En cualquier caso, queda patente en la obra que los seres humanos no son capaces de crear una convivencia arm&oacute;nica y pac&iacute;fica por s&iacute; solos, pero que ese destino s&iacute; es posible, s&iacute; es alcanzable.En esencia, &eacute;ste resulta un pensamiento desolador sobre la naturaleza del ser humano. Adem&aacute;s, al mismo tiempo, refuerza la necesidad de delegar el poder, la capacidad de actuaci&oacute;n, sobre seres (o personas, d&aacute;ndole a una interpretaci&oacute;n algo contradictoria con la misantrop&iacute;a que destilan las conclusiones de El fin de la infancia) m&aacute;s capaces, preparadas para ello. En definitiva, expresa lo inevitable que resulta la existencia de esas jerarqu&iacute;as para garantizar una sociedad pr&oacute;spera.<\/p>\n<p>Respecto a esas resonancias religiosas, se debe retomar que, en un primer momento, desde cierto enfoque, se produce un conflicto de creencias de seres superiores. Por una parte, el embajador de los superse&ntilde;ores desvela que las personas &ldquo;saben muy bien que nosotros representamos la raz&oacute;n y la ciencia, y por m&aacute;s que crean en sus doctrinas, temen que echemos abajo sus dioses&rdquo;. Acto seguido, Clarke opta por el ate&iacute;smo: &ldquo;Todas las religiones del mundo no pueden ser verdaderas, y ellos [los religiosos] lo saben&rdquo;<\/p>\n<p>Sin embargo, a pesar de todo ese posicionamiento ateo, el escritor nos lleva a la existencia de un dios omnisciente, ben&eacute;volo y protector, que remite al concepto de Demiurgo:<\/p>\n<p>&ldquo;Digamos que sobre nosotros [los superse&ntilde;ores] hay una supermente que nos utiliza como el alfarero utiliza su rueda. Y vuestra raza [los humanos] es la arcilla modelada por esa rueda&rdquo;.Un humano, de hecho, constata esa intuici&oacute;n: &ldquo;Y sospech&oacute;, por primera vez, que los superse&ntilde;ores tambi&eacute;n ten&iacute;an amos&rdquo;.<\/p>\n<p>As&iacute;, resulta cuanto menos curiosa esta incoherencia, c&oacute;mo su cr&iacute;tica a la religi&oacute;n de p&aacute;ginas anteriores no es aplicada en ese momento. &iquest;Acaso es un paso m&aacute;s en el desprestigio de la especie humana, pues &eacute;sta adora creaciones de dioses menores cuando existe una entidad superior que no pueden ni imaginar?<\/p>\n<p>Hablando de elementos m&aacute;s estructurales ahora, Clarke busca en <em>El fin de la infancia <\/em>una novela coral con la cual poder rastrear distintos tiempos y pensamientos. Los personajes son bastante simples y planos. Stormgren, mismamente, el secretario general de la ONU, es un tipo bondadoso, fil&aacute;ntropo, comprensivo hasta el extremo de dejar en su huida un cheque a su secuestrador por las deudas contra&iacute;das jugando al p&oacute;quer. Adem&aacute;s, los protagonistas no consiguen arraigar en el lector, tanto por su escaso trabajo como por esa propuesta coral que los multiplica.<\/p>\n<p>Respecto alas consecuencias narrativas de la distribuci&oacute;n temporal, los saltos permiten exponer la utop&iacute;a construida gracias a la contribuci&oacute;n de los superse&ntilde;ores. La segunda parte, de este modo, transcurre cincuenta a&ntilde;os m&aacute;s tarde, y todo aquello que en la primera parte del volumen eran especulaciones se recapitula y se explica como pasado en la segunda. Funciona, a pesar de contar m&aacute;s que dejar ser narrado, por la tensi&oacute;n previa, por la incertidumbre creada sobre el destino de esa peculiar relaci&oacute;n:<\/p>\n<p>&ldquo;Comparada con las &eacute;pocas anteriores, &eacute;sta era la edad de la utop&iacute;a. La ignorancia, la enfermedad, la pobreza y el temor hab&iacute;an desaparecido virtualmente. El recuerdo de la guerra se perd&iacute;a en el pasado como una pesadilla que se desvanece con el alba. Pronto ning&uacute;n hombre viviente habr&iacute;a podido conocerla. Con todas las energ&iacute;as de la humanidad encauzadas hacia un trabajo constructivo, el rostro del mundo se hab&iacute;a transformado totalmente (&#8230;). Era un mundo unido (&#8230;). Los cr&iacute;menes hab&iacute;an desaparecido pr&aacute;cticamente (&#8230;). Cuando a nadie el falta nada, no hay motivo para robar (&#8230;). Un cambio muy notable era la desaparici&oacute;n de aquel ritmo enloquecido que hab&iacute;a caracterizado al siglo veinte&rdquo;.<\/p>\n<p>Finalmente, el &uacute;ltimo tercio de la obra avanza por derroteros distintos al resto del libro. Se trata de la confirmaci&oacute;n, en esencia, de la existencia de una superraza con base humana. Con ello se produce un cambio bastante brusco en cuanto a sentido en la cohesi&oacute;n de la novela, por lo que parece que su unidad se desarma. Sin embargo, en los &uacute;ltimos cap&iacute;tulos logra recuperarla en parte al retomar a dos personajes de la segunda secci&oacute;n.<\/p>\n<p>Por otra parte, tambi&eacute;n es preciso se&ntilde;alar que en la obra se encuentran varios tramos con transiciones narrativas sin fuerza, que contribuyen a desestabilizar esa fr&aacute;gil unidad.<\/p>\n<p>Con todo ello, encontramos una obra desigual, con elementos en su construcci&oacute;n narrativa deficientes, y que, a nivel ideol&oacute;gico, presenta un refuerzo a las estructuras del statu quo. Una vez m&aacute;s, la ciencia ficci&oacute;n reproduce y trata de apuntalar (por que representa valores y planteamientos abstractos pertenecientes a su estructura) el sistema vigente.<\/p>\n<p>Sin embargo, en la siguiente entrega volveremos a mostrar un ejemplo de ficci&oacute;n especulativa con objetivos subversivos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es obvio que el objeto de El fin de la infancia no es hablar de las relaciones de poder, sino plantear una historia sobre la evoluci&oacute;n en un trasfondo gal&aacute;ctico. A pesar de ello, Arthur C. 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