{"id":342,"date":"2009-02-20T06:30:10","date_gmt":"2009-02-20T04:30:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=342"},"modified":"2009-02-20T07:14:52","modified_gmt":"2009-02-20T06:14:52","slug":"%c2%a1no-haremos-prisioneros-guerra-y-ciencia-ficcion-ii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=342","title":{"rendered":"\u00a1No haremos prisioneros! Guerra y ciencia ficci\u00f3n (II)"},"content":{"rendered":"<p>Al margen de H.G. Wells, el resto de los escritores de ciencia ficci&oacute;n de las eras pulp y Campbell no demostraron una gran imaginaci&oacute;n ni presciencia a la hora de concebir conflictos b&eacute;licos. Para muestra dos ejemplos. Henry Kuttner y C. L. Moore escribieron en 1943 &quot;Ataque en la noche&quot;, una obra que describ&iacute;a una serie de batallas navales entre las futuras colonias humanas de los oc&eacute;anos de Venus. Lo impresionante es que toda la tecnolog&iacute;a descrita (acorazados, destructores, cruceros, lanchas torpederas) corresponde a los a&ntilde;os 30, y ni siquiera era ya coherente con lo que por esos mismos a&ntilde;os estaba ocurriendo en el Pac&iacute;fico Sur, donde japoneses y estadounidenses luchaban principalmente con portaaviones, una de las armas m&aacute;s revolucionarias de este conflicto.<\/p>\n<p>El otro ejemplo es de 1941, &ldquo;Fraile negro de la llama&rdquo;, de un jovenc&iacute;simo Isaac Asimov, su primer intento por escribir una <em>space opera. <\/em>Cuando le lleg&oacute; el momento de describir el combate espacial de turno, el neoyorquino, ni corto ni perezoso, copi&oacute; literalmente la batalla de Salamina, el enfrentamiento decisivo entre atenienses y persas en las Guerras M&eacute;dicas all&aacute; por el siglo V a. de C., y convirti&oacute; sus naves espaciales en una especie de trirremes interplanetarios que se embest&iacute;an en &oacute;rbitas entre la Luna y la Tierra.<\/p>\n<p>Pero el gran boom de la literatura de ciencia ficci&oacute;n militarista se produjo a partir de los a&ntilde;os 50. La cercan&iacute;a de la Segunda Guerra Mundial y la realidad de la Guerra Fr&iacute;a anim&oacute; a muchos autores a escribir v&iacute;vidas (y muy a menudo mediocres) fantas&iacute;as guerreras. Los dos mejores ejemplos son <em>Tropas del espacio<\/em> de Robert Heinlein y <em>La guerra interminable<\/em> de Joe Haldeman, ambas escritas por veteranos con experiencias militares, aunque terriblemente diferentes.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"239\" height=\"250\" src=\"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/wp-content\/uploads\/image\/17-24_02_2009\/4_Heinlein.jpg\" alt=\"\" \/>Para 1959, a&ntilde;o de publicaci&oacute;n de su novela, Robert Heinlein pod&iacute;a afirmar sin rubor que era el mejor y m&aacute;s famosos escritor de ciencia ficci&oacute;n en activo. Para esta fecha hab&iacute;a escrito 22 novelas y publicado 7 antolog&iacute;as de relatos, ganando en 1955 uno de los primeros premios Hugo en el apartado de Mejor Novela (por <em>Estrella doble<\/em>). No era una mala carrera para alguien que hab&iacute;a empezado a escribir con 32 a&ntilde;os. La raz&oacute;n para esta vocaci&oacute;n tard&iacute;a era muy sencilla: Heinlein hab&iacute;a orientado su vida a la carrera militar, en concreto hab&iacute;a cursado estudios en la Academia Naval de Annapolis y ejercido como oficial de la Marina de los Estados Unidos hasta 1934, cuando una tuberculosis le oblig&oacute; a abandonar el servicio. En l&iacute;neas generales, Heinlein puede ser descrito como un militar frustrado, su amor por la carrera de las armas es m&aacute;s que obvio para cualquiera que lea su obra, pero los pocos a&ntilde;os en activo y su no participaci&oacute;n en ning&uacute;n conflicto b&eacute;lico real son datos a recordar.<\/p>\n<p>A lo largo de su carrera literaria, el tema militar apareci&oacute; una y otra vez en sus m&uacute;ltiples libros. Ya no es que la mayor parte de sus personajes tengan un innegable aire marcial si no que la guerra dentro de sus muchas variedades aparec&iacute;a constantemente en su obra: <em>Cadete del espacio <\/em>(1948) es una especie de borrador de <em>Tropas del espacio<\/em>; <em>El d&iacute;a de pasado ma&ntilde;ana<\/em> (1949) presenta una invasi&oacute;n asi&aacute;tica de E.E.U.U. y de c&oacute;mo es derrotada mediante t&aacute;cticas de guerrilla y el uso de sofisticadas armas gen&eacute;ticas; <em>Rebeli&oacute;n en el espacio <\/em>(1949) trata sobre la guerra de independencia de Marte (fiel calco de la de su pa&iacute;s natal y clich&eacute; que luego repetir&iacute;a en 1966 con <em>La luna es una cruel amante<\/em>); <em>Amos de t&iacute;teres <\/em>(1951) vuelve a mostrarnos otra invasi&oacute;n de la Tierra por malvados alien&iacute;genas y es, junto con <em>Los ladrones de cuerpos<\/em> de Jack Finney, uno de los mejores ejemplos de la paranoia anticomunista del macarthismo<span style=\"font-style: italic;\">;&nbsp;<\/span><em>Ciudadano de la galaxia<\/em> (1957) muestra una verista descripci&oacute;n de un combate espacial (am&eacute;n de ense&ntilde;ar que el ej&eacute;rcito es el mejor refugio para un hu&eacute;rfano sin recursos). Aunque, quiz&aacute;s, su esfuerzo m&aacute;s destacable hasta este momento fuese el relato &ldquo;Soluci&oacute;n insatisfactoria&rdquo; (1941) donde anticipa el desarrollo del armamento nuclear, su uso en la Segunda Guerra Mundial y la posterior Guerra Fr&iacute;a (uno de los pocos y mas brillantes ejemplos de ciencia ficci&oacute;n prospectiva).<\/p>\n<p>Con semejante bagaje, era s&oacute;lo cuesti&oacute;n de tiempo que Heinlein crease la obra definitiva de la ciencia ficci&oacute;n militarista: <em>Tropas del espacio<\/em>. El libro fue un &eacute;xito total (una vez que el editor lo sac&oacute; de la colecci&oacute;n infantil donde Heinlein pretend&iacute;a meterlo), le dio otro Hugo a su autor, se vendi&oacute; como rosquillas (y sigue haci&eacute;ndolo) y gener&oacute; una agria pol&eacute;mica, que a&uacute;n no ha deca&iacute;do, por su supuesta filiaci&oacute;n fascista.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"169\" height=\"250\" src=\"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/wp-content\/uploads\/image\/17-24_02_2009\/3_Tropasdelespacio.jpg\" alt=\"\" \/>Pero &iquest;era realmente original la historia? Sinceramente, no. Desde el principio es bastante sencillo descubrir cuales eran las fuentes de las que beb&iacute;a su autor. En primer lugar, su gran protagonista: la Infanter&iacute;a M&oacute;vil, el cuerpo militar al que pertenecen sus protagonistas. En l&iacute;neas generales, se trata de una &eacute;lite de soldados de asalto enfundados en trajes acorazados que saltan desde naves orbitales hasta sus objetivos en lejanos planetas. Su inspiraci&oacute;n m&aacute;s directa son las tropas paracaidistas, una de las armas m&aacute;s dram&aacute;ticas utilizadas en la Segunda Guerra Mundial. Creadas por la Alemania nazi, fueron usadas triunfalmente (y con enormes bajas) por este pa&iacute;s en las campa&ntilde;as de Noruega, Holanda, B&eacute;lgica y Grecia. Posteriormente, ser&iacute;an imitadas por estadounidenses e ingleses, que las usar&iacute;an con &eacute;xito dispar en las campa&ntilde;as del Norte de &Aacute;frica, Sicilia, Normand&iacute;a, Arhem y el cruce del Rhin.<\/p>\n<p>La esencia de la Infanter&iacute;a M&oacute;vil de Heinlein es la misma que la de este tipo de tropas: ataques por sorpresa desde el cielo (en este caso, una &oacute;rbita baja). Pero, el esp&iacute;ritu es muy diferente. Los paracaidistas son duros, pero no son los m&aacute;s duros del ej&eacute;rcito americano: este dudoso honor le corresponde al cuerpo de Infanter&iacute;a de Marina, los celebres marines, unidad que Heinlein, como oficial naval, conoc&iacute;a a la perfecci&oacute;n. Y, desde luego, el historial de los marines a lo largo de la Segunda Guerra Mundial en el Pac&iacute;fico contra Jap&oacute;n es impresionante: la defensa casi suicida de Wake y Filipinas, los desembarcos en Tarawa, Peleliu, las Marianas, Iwo Jima y Okinawa, algunas de las batallas m&aacute;s duras y salvajes de todo el conflicto. Adem&aacute;s, en cierta forma, un desembarco anfibio (la especialidad de los marines) es muy similar a un desembarco paracaidista.<\/p>\n<p>Y esto se acent&uacute;a m&aacute;s si recordamos que el conflicto reciente m&aacute;s cruento en el que hab&iacute;a combatido EE UU fue la Guerra de Corea (1950-53), donde los marines lucharon contra los norcoreanos y los chinos en la desesperada defensa del per&iacute;metro de Pusan, el brillante desembarco de Inchon seguido de la conquista de Se&uacute;l, para ser finalmente derrotados y obligados a una humillante y mortal retirada en el embalse de Chosin y el r&iacute;o Yalu.<\/p>\n<p>Hay diversas pruebas que demuestran m&aacute;s a&uacute;n esta conexi&oacute;n entre los marines, Corea, los chinos y la novela de Heinlein. El entrenamiento al que es sometido Rico, el protagonista del libro, es una copia exacta de los dur&iacute;simos meses que pasa todo marine novato en la base de Parris Island, y que est&aacute;n plagados de muertes accidentales y numerosos abandonos; basta echarle un vistazo a la pel&iacute;cula de Stanley Kubrick <em>La chaqueta met&aacute;lica, <\/em>donde se recrea dicho entrenamiento (o en su defecto al libro en que esta inspirada, <em>Un chaleco de acero<\/em>, de Gustav Hasford), y quitarle su p&aacute;tina antimilitarista para que los parecidos sean abrumadores: los sargentos s&aacute;dicos, el &eacute;nfasis en el ejercicio f&iacute;sico y las pruebas de tiro, el intento de crear un esp&iacute;ritu de cuerpo, la anulaci&oacute;n de la personalidad del recluta convertido en una m&aacute;quina, los castigos crueles&hellip; Todo, salvo la intenci&oacute;n, es paralelo en el libro de Heinlein y la pel&iacute;cula de Kubrick.<\/p>\n<p>En cuanto a la ambientaci&oacute;n coreana, hay que recordar que &eacute;sta fue una de las primeras guerras que Estados Unidos no gan&oacute;. De hecho, el resultado final puede calificarse de empate, y el mapa resultante de la pen&iacute;nsula de Corea es muy similar al que exist&iacute;a antes de la guerra. Las tropas norteamericanas fueron casi derrotadas en dos ocasiones, primero por los norcoreanos en el per&iacute;metro de Pusan (1950) y m&aacute;s tarde por los chinos en las orillas del r&iacute;o Yalu (1951), siendo especialmente humillante la afrenta sufrida por la 1&ordf; Divisi&oacute;n de marines, que casi fue aniquilada en el embalse de Chosin (sufri&oacute; cerca de 12.000 bajas). Adem&aacute;s, la guerra no acab&oacute; con la firma de la paz, si no con un alto el fuego que todav&iacute;a se mantiene (oficialmente ambas Coreas siguen en guerra), y que ha obligado a EE UU a mantener en la zona un importante contingente de tropas hasta nuestros d&iacute;as.<\/p>\n<p>Si leemos <em>Tropas del Espacio, <\/em>los parecidos son bastante curiosos, ya que la campa&ntilde;a militar en la que participa Rico es cualquier cosa menos exitosa, una de las primeras batallas descrita en el libro no es otra cosa que una derrota, y para cuando acaba la novela la paz parece bastante lejana.<\/p>\n<p>M&aacute;s importante a&uacute;n es el car&aacute;cter del enemigo que se describe en la novela. En la Segunda Guerra Mundial, los marines lucharon contra tropas japonesas, y en Corea contra soldados norcoreanos y chinos. En los tres casos, sus t&aacute;cticas eran muy similares. Estamos ante ej&eacute;rcitos relativamente primitivos, especialmente el chino: en ellos las armas pesadas (tanques, artiller&iacute;a de gran calibre, aviaci&oacute;n) brillan por su ausencia. Enfrente tienen al ej&eacute;rcito con mayor potencia de fuego de la historia. De hecho, tanto en el Pac&iacute;fico como en Corea, los estadounidenses s&oacute;lo acud&iacute;an a la batalla despu&eacute;s de un despliegue abrumador (que pod&iacute;a llegar a durar d&iacute;as) de bombardeos terrestres, navales y a&eacute;reos. La &uacute;nica respuesta de los combatientes asi&aacute;ticos era un valor suicida, el cuerpo a cuerpo y la fuerza del n&uacute;mero.<\/p>\n<p>En el caso de Jap&oacute;n, este valor suicida, en el sentido literal de la palabra, ven&iacute;a marcado por el f&eacute;rreo c&oacute;digo samurai del Bushido, que marcaba como pautas del guerrero la aceptaci&oacute;n de la muerte, la fe ciega en el Emperador y la imposibilidad de caer prisionero. Chinos y norcoreanos lo basaban en cambio en la fe comunista, donde el sacrifico de ingentes cantidades de hombres para conseguir un objetivo est&aacute; plenamente justificado (el individuo se sacrifica en aras de la comunidad).<\/p>\n<p>La b&uacute;squeda del cuerpo a cuerpo y el uso del n&uacute;mero como fuerza eran, pr&aacute;cticamente, las &uacute;nicas respuestas posibles ante el poder&iacute;o norteamericano. Los rusos, principales instructores de los chinos, ya hab&iacute;an experimentado con estas t&aacute;cticas en la Segunda Guerra Mundial ante los alemanes, con &eacute;xito a pesar de la enorme proporci&oacute;n de muertes (la URSS perdi&oacute; 20 millones de hombres en este conflicto). La t&aacute;ctica china en Corea consist&iacute;a en usar lo m&aacute;ximo posible la emboscada y la infiltraci&oacute;n, viajar siempre de noche y r&aacute;pidamente para mantener la sorpresa, atacar al enemigo s&oacute;lo en una proporci&oacute;n de 10 a 1 mediante oleadas ininterrumpidas de tropas que se lanzaban a la carga desde muy corta distancia, una disciplina casi fan&aacute;tica y una estricta jerarquizaci&oacute;n que dejaba muy poca iniciativa a los mandos intermedios.<\/p>\n<p>En la pr&aacute;ctica, y tal como relatan los veteranos norteamericanos del conflicto, esto significaba que el enemigo aparec&iacute;a siempre donde menos te lo esperabas, tend&iacute;a emboscadas que siempre tomaban por sorpresa al alto mando, y cargaba con un valor suicida en gran numero y de forma continua contra tus trincheras, sin importarles las bajas y sin cambiar la t&aacute;ctica pasase lo que pasase: era victoria o muerte. Realmente, ver avanzar contra uno a oleadas y oleadas de soldados a los que parec&iacute;a no importarles en absoluto la muerte, y que repet&iacute;an el ataque una y otra vez hasta lograr su objetivo, deb&iacute;a de ser realmente descorazonador. Ese car&aacute;cter mec&aacute;nico e inhumano de los ataques chinos era lo que mas sorprend&iacute;a a los soldados occidentales, que sol&iacute;an compararlos con robots o zombis.<\/p>\n<p>Los bichos de la novela de Heinlein son la casta guerrera de una especie de insectos sociales parecidos a las hormigas o abejas. Su tecnolog&iacute;a es bastante primitiva y no parecen contar con armas de ning&uacute;n tipo, lo que les empuja a buscar el cuerpo a cuerpo para evitar la superioridad en potencia de fuego de la Infanter&iacute;a M&oacute;vil. Sus ataques son sospechosamente parecidos a los de los chinos en Corea: se basan en la sorpresa, el n&uacute;mero y las oleadas suicidas de miles de guerreros que marchan a la muerte sin rechistar. Incluso el paisaje es parecido: entre 1951 y 1953 Corea fue, b&aacute;sicamente, una guerra de trincheras, algo muy similar a luchar en un hormiguero que es en lo que consiste la gran batalla final del libro.<\/p>\n<p>Puede parecer ofensiva esta comparaci&oacute;n entre la ideolog&iacute;a comunista y las hormigas, pero en aquella &eacute;poca era com&uacute;n entre los intelectuales americanos de la Guerra Fr&iacute;a. De hecho, las comparaciones abarcaban todos los t&eacute;rminos: los comunistas contaban con un ej&eacute;rcito numeroso y ciego (los guerreros), un pueblo trabajador y silencioso (las obreras) y una clase dirigente escasa, invisible y con un poder absoluto (las reinas). Este uso propagand&iacute;stico era incluso ya viejo para Heinlein (anticomunista ac&eacute;rrimo), que ya lo hab&iacute;a utilizado en <em>Amos de t&iacute;teres, <\/em>donde se descubre que las babosas extraterrestres que est&aacute;n invadiendo EE UU anulando la voluntad de sus hu&eacute;spedes y convirti&eacute;ndoles en algo parecido a las hormigas, ya hab&iacute;an ocupado la URSS hacia algunos a&ntilde;os sin que nadie se diese cuenta de lo ocurrido, porque el modo de vida sovi&eacute;tico era el mismo antes y despu&eacute;s de la invasi&oacute;n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El segundo cap\u00edtulo de este completo an\u00e1lisis de la cf b\u00e9lica se centra en la obra capital del subg\u00e9nero, Tropas del espacio.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[66,65,64,32,16],"class_list":["post-342","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-reflexiones","tag-cl-moore","tag-henry-kuttner","tag-isaac-asimov","tag-premio-hugo","tag-robert-a-heinlein"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/342","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=342"}],"version-history":[{"count":4,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/342\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":413,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/342\/revisions\/413"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=342"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=342"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=342"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}