{"id":3837,"date":"2010-03-09T06:30:54","date_gmt":"2010-03-09T04:30:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=3837"},"modified":"2010-03-08T22:44:34","modified_gmt":"2010-03-08T20:44:34","slug":"%c2%bfciencia-ficcion-en-el-siglo-xix","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=3837","title":{"rendered":"\u00bfCiencia ficci\u00f3n en el siglo XIX?"},"content":{"rendered":"<p>&iquest;Se puede considerar la existencia de ciencia ficci&oacute;n en el siglo XIX? Muchos ant&oacute;logos han pretendido demostrar el cultivo del g&eacute;nero fantacient&iacute;fico dentro de la mencionada centuria. Algunos por lo menos se moderan y deciden llamarlo relatos de anticipaci&oacute;n o relatos cient&iacute;ficos, para se&ntilde;alar as&iacute; su vinculaci&oacute;n con la ciencia ficci&oacute;n, pero no su inclusi&oacute;n en el g&eacute;nero. Entre los que, por contra, consideran que esas obras s&iacute; pertenecen intr&iacute;nsecamente al g&eacute;nero, encontr&eacute; recientemente la antolog&iacute;a realizada por el argentino Jorge A. S&aacute;nchez, <em>El cuento de ciencia ficci&oacute;n del siglo XIX<\/em>, Centro editor de Am&eacute;rica Latina, Buenos Aires, 1978. La pertenencia queda expl&iacute;cita en el t&iacute;tulo de la compilaci&oacute;n.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"181\" height=\"300\" alt=\"\" src=\"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/wp-content\/uploads\/FrankensteinXIX.jpg\" \/>Ya en la introducci&oacute;n, su compilador, Jorge A. S&aacute;nchez, defiende con convicci&oacute;n la pertenencia de los textos escogidos al g&eacute;nero. En dicha nota preliminar el argentino cita todos los antecedentes cl&aacute;sicos de la ciencia ficci&oacute;n -como muchos otros hicieron antes y har&aacute;n despu&eacute;s que &eacute;l-: Luciano de Samosata, J. Kepler, Cyrano de Bergerac, etc. Pero parece que el culmen para &eacute;l es <em>Frankenstein<\/em> de Shelley. A partir de la obra de la escritora inglesa, Jorge A. S&aacute;nchez etiqueta lo posterior como propiamente fantacient&iacute;fico, en vez de antecedentes del g&eacute;nero. Apoya su postura en la obra <em>Future Perfect<\/em>, de H. Bruce Franklin, obra que reconozco no he le&iacute;do -a&uacute;n-.<\/p>\n<p>Sin embargo, si hoy ya resulta discutible el precedente de <em>Frankenstein o el moderno prometeo<\/em> a la ciencia ficci&oacute;n (no hace mucho se debati&oacute; en esta web sobre el caso), con mayor reticencia habr&iacute;a que analizar estos cuentos para incluirlos en la etiqueta fantacient&iacute;fica. Para mi gusto, tomar un r&oacute;tulo presente y aplicarlo, por extrapolaci&oacute;n, a creaciones art&iacute;sticas y &eacute;pocas pasadas supone un anacronismo. Est&aacute; claro que el g&eacute;nero no surge de la nada, pero todos estos cuentos no ser&aacute;n sino precedentes que realicen un&nbsp; aporte de lo que despu&eacute;s se ha considerado ciencia ficci&oacute;n. Adem&aacute;s, sus autores no ten&iacute;an conciencia de estar cultivando el g&eacute;nero, sino m&aacute;s bien de practicar la literatura fant&aacute;stica. Creo que analizando con mayor detenimiento los cuentos en cuesti&oacute;n puedo demostrar con m&aacute;s claridad mi postura.<\/p>\n<p>Por ejemplo, hay tres relatos sobre constructos mec&aacute;nicos: &quot;El art&iacute;fice de la belleza&quot;, de Nathaniel Hawthorne; &quot;El campanario&quot;, de Herman Melville; y &quot;El amo de Moxon&quot;, de Ambrose Bierce. En primer lugar, hay que tener en cuenta la fama que ten&iacute;an este tipo de aut&oacute;matas en el siglo XIX, por lo que no era algo novedoso. Tambi&eacute;n existen casos anteriores en la literatura, como el golem o el hom&uacute;nculo. Simplemente en estas obras aparecen m&aacute;quinas m&aacute;s desarrolladas.<\/p>\n<p>En el &uacute;ltimo de los relatos mencionados, el de Bierce, aparece un aut&oacute;mata jugando al ajedrez que termina por asesinar a su constructor en un ataque de ira . El parentesco de esta narraci&oacute;n con la historia del golem salta a la vista. Bien es cierto que de este constructo al robot de Capek hay s&oacute;lo una paso, por lo que quiz&aacute; sea uno de los textos que m&aacute;s se aproxime al g&eacute;nero, especialmente si se atiende a la conversaci&oacute;n inicial entre el protagonista y Moxon sobre la naturaleza de una m&aacute;quina, donde este &uacute;ltimo arguye que el hombre y la naturaleza tambi&eacute;n son m&aacute;quinas de funcionamiento matem&aacute;tico perfecto.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"200\" height=\"325\" alt=\"\" src=\"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/wp-content\/uploads\/TodorovXIX.jpg\" \/>Pero la estructura de este cuento no es sino la del relato fant&aacute;stico, y prueba de ello es que&nbsp; perfectamente puede ser analizado seg&uacute;n las premisas que explica Todorov en su cl&aacute;sico estudio <em>Introducci&oacute;n a la literatura fant&aacute;stica<\/em>. Encontramos en &quot;El amo de Moxon&quot; un narrador testigo, que termina por dudar de lo que nos ha estado contando al final del relato, igual que sucede en muchos cuentos fant&aacute;sticos del siglo XIX:&nbsp; &ldquo;Eso fue hace mucho a&ntilde;os. Si tuviera que responder hoy a la misma pregunta estar&iacute;a mucho menos seguro&rdquo; [P&aacute;g. 120].<\/p>\n<p>El narrador niega su credibilidad, rompe el pacto de ficci&oacute;n con el lector y le hace dudar de lo narrado, de la historia. Por tanto, no lo considerar&iacute;a ciencia ficci&oacute;n, es obvio que el autor sabe que est&aacute; presentando un producto fant&aacute;stico y lo camufla con este recurso, manido hasta en su &eacute;poca.<\/p>\n<p>Por otra parte, la historia de Melville se convierte m&aacute;s en una moralina, con estructura propia de una f&aacute;bula, lo cual desecha su pertenencia al g&eacute;nero. El constructor del aut&oacute;mata muere a manos de su construcci&oacute;n por un accidental descuido, y su obra, el bello campanario, acaba derruido por el peso de la campa&ntilde;a. La lecci&oacute;n queda clara: el hombre no puede jugar a ser Dios ni construir un igual ni un elemento de mayor belleza que la naturaleza. Es precisamente la avaricia la que lleva al desastre en el cuento, y as&iacute; lo aclara el narrador al final del mismo<\/p>\n<p>&quot;Pues la ceguera del esclavo obedeci&oacute; a la ceguera de su amo; aunque, al obedecerlo, provoc&oacute; su muerte. Pues el creador fue abatido por su criatura. Pues el peso de la campana result&oacute; excesivo para el campanario. Pues la campana ten&iacute;a su punto d&eacute;bil donde la sangre humana la hab&iacute;a contaminado. Pues la soberbia precedi&oacute; a la ca&iacute;da&quot;. [P&aacute;g. 68]<\/p>\n<p>El &uacute;ltimo de estos tres relatos, el de Hawthorne, se asemeja mucho al mito de Pigmali&oacute;n, el artista obsesionado por la creaci&oacute;n de la Belleza, del imposible o inalcanzable culmen art&iacute;stico, algo as&iacute; como plasmar el alma del artista en la obra. El constructo de &quot;El art&iacute;fice de la belleza&quot;, una mariposa, se convierte en una alegor&iacute;a de la creaci&oacute;n art&iacute;stica:<\/p>\n<p>&quot;Cuando el artista se remont&oacute; lo suficiente para obtener la belleza, el s&iacute;mbolo mediante el cual la hizo perceptible a los sentidos mortales perdi&oacute; valor ante sus ojos, en tanto que su esp&iacute;ritu se colmaba con el goce de la realidad&quot;.[P&aacute;g. 47]<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPor tanto, si se trata de una alegor&iacute;a, la mariposa mec&aacute;nica se transforma en s&iacute;mbolo de lo ef&iacute;mero de la belleza. No hay ninguna pretensi&oacute;n de ir m&aacute;s all&aacute;, de reflexionar sobre las implicaciones del objeto en la humanidad ni nada similar. No se puede considerar perteneciente a la ciencia ficci&oacute;n. Lo curioso es que la idea del relato ya la aclara el propio Jorge A. S&aacute;nchez, en la nota explicatoria sobre el autor, cuando afirma que es en este relato &ldquo;en donde la relaci&oacute;n entre el hombre, cosmos f&iacute;sico y el mundo ideal se ve plasmada en un bello artilugio mec&aacute;nico&rdquo; [Nota al pie en p&aacute;g. 17]. Personalmente, encuentro mucha m&aacute;s relaci&oacute;n de esta forma de pensar y la ideolog&iacute;a art&iacute;stica neoplat&oacute;nica.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl cuento que recoge de Julio Verne, &quot;En el siglo XXIX: un d&iacute;a de un periodista norteamericano en el a&ntilde;o 1889&quot; , es una lectura curiosa, pero poco af&iacute;n al g&eacute;nero porque su futuro imaginario no plantea ninguna reflexi&oacute;n sobre la humanidad ni cr&iacute;tica a la sociedad actual. Tan s&oacute;lo planta la vida futura a trav&eacute;s del protagonista, un periodista y empresario, una especie de Randolph Hearst. La mayor&iacute;a de los artilugios que Verne presente como propios de la vida en el siglo XXIX no son sino hip&eacute;rboles de instrumentos coet&aacute;neos del autor: aerocoches veloc&iacute;simos, publicidad en las nubes, un vestidor autom&aacute;tico, folletones radiados, etc. Por tanto, no hay prospecci&oacute;n, ni especulaci&oacute;n, ni nada que se le asemeje, tan s&oacute;lo una descripci&oacute;n de &iacute;ndole fant&aacute;stica de la vida en el futuro.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl otro breve relato de Bierce que recoge el compilador, &quot;El patriota ingenioso&quot;, nada tiene que ver con la ciencia ficci&oacute;n. Es simplemente una f&aacute;bula. As&iacute; lo explicita el propio Jorge A. S&aacute;nchez en la nota al pie de este cuento: &ldquo;El patriota ingenioso&quot; es una miniatura que se aproxima muy poco a lo que podr&iacute;a denominarse ciencia ficci&oacute;n, pero como es sistem&aacute;ticamente incluido en antolog&iacute;as del g&eacute;nero no hemos resistido la tentaci&oacute;n de ofrecerlo aqu&iacute;&rdquo; [P&aacute;g. 121]. Un inventor acude al rey a vender sus patentes y por intentar enga&ntilde;ar al monarca termina decapitado, v&iacute;ctima de su ingenuidad por pretender estafar al soberano. Parece hasta un cuento salido de las mil y una noches.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMenos sentido tiene la inclusi&oacute;n del relato titulado &quot;El monarca de los sue&ntilde;os&quot;, de Thomas Wentworth Higgison, en el cual un hombre, Francis Ayrault, se propone adquirir el poder sobre sus propios sue&ntilde;os. As&iacute;, mediante una vida ordenada y una rutina rigurosa va controlando los sucesos de sus enso&ntilde;aciones. Como piensa el protagonista: &ldquo;el hecho era que, si los sue&ntilde;os pod&iacute;as ser repetidos por circunstancias accidentales, quiz&aacute; tambi&eacute;n pod&iacute;an ser inducidos por el pensamiento consciente&rdquo; [P&aacute;g. 95].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nS&oacute;lo una ni&ntilde;a, su hermanastra, Hart, le mantienen conectado con la realidad. Pero entonces las visiones del protagonistas se vuelven quim&eacute;ricas y se obsesiona en sue&ntilde;os donde sus dobles le rodean. Cuando descubre que su hermana sue&ntilde;a lo mismo, decide enviarla lejos y su &uacute;nico lazo con la realidad se desvanece, &ldquo;y mientras el poder de su acci&oacute;n eficiente menguaba, el poder de sus sue&ntilde;os aumentaba&rdquo; [P&aacute;g. 107]. As&iacute;, cuando la guerra civil llama a su puerta y se alista para librarse del maleficio del so&ntilde;ador, se acuesta y el sue&ntilde;o se apodera de &eacute;l, le atrapa y el tren con los soldados se marcha lejos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMe parece que este cuento poco o nada tiene que ver con la ciencia ficci&oacute;n, pero si con la literatura fant&aacute;stica y la confusi&oacute;n entre sue&ntilde;o y vigilia que deja ese final entreabierto. Quedan las dudas en el aire y eso se acerca al concepto de lo maravilloso expuesto por Todorov. Veo m&aacute;s relaci&oacute;n de este relato, por una parte, con el futuro psicoan&aacute;lisis, en el sentido de interpretar los sue&ntilde;os, y por otro lado, con el surrealismo, en el sentido imaginativo de los sue&ntilde;os, del inconsciente. <br \/>\n&nbsp;<br \/>\nFinalmente, el &uacute;ltimo de los relatos, &quot;Un millar de muertes&quot;, de Jack London, es el que me resulta m&aacute;s complicado de etiquetar. El relato est&aacute; fechado en 1899, por lo que cronol&oacute;gicamente ya nos encontramos m&aacute;s cercanos al nacimiento de la ciencia ficci&oacute;n. Fuera de ese detalle, sin gran importancia, hallamos aqu&iacute; un narrador protagonista que ti&ntilde;e en todo momento su narraci&oacute;n de una pretensi&oacute;n cient&iacute;fica que explique y arroje luz sobre los hechos narrados, que pretende racionalizar el hecho fant&aacute;stico tomando como instrumento la ciencia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa historia es la de un joven que, expulsado de su casa familiar, se enrola de marinero hasta que por accidente perece ahogado en la bah&iacute;a de San Francisco. Es rescatado y resucitado por un cient&iacute;fico, quien resulta ser su padre, aunque es el primero el que reconoce a su progenitor y no a la inversa. Entonces el cient&iacute;fico expone su trabajo sobre la resurrecci&oacute;n al protagonista y su pretensi&oacute;n de usarle como cobaya de indias en sus experimentos:<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&quot;O sea que, olvid&aacute;ndonos del lenguaje t&eacute;cnico, afirmaba que la muerte, cuando no era violenta y en ella resultaba da&ntilde;ado alguno de los &oacute;rganos, era simplemente animaci&oacute;n suspendida, y que, en tales ocasiones, pod&iacute;a inducirse a la vida a reiniciar sus funciones mediante m&eacute;todos adecuados. [P&aacute;g. 129]<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPor obligaci&oacute;n, como reh&eacute;n, el protagonista es llevado ha una isla misteriosa donde el padre realiza su labor. Tras someterse numerosas veces a la experimentaci&oacute;n del padre, precisamente el hecho que da t&iacute;tulo al relato, consigue tender una trampa a sus captores y escaparse. <br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"200\" height=\"299\" alt=\"\" src=\"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/wp-content\/uploads\/LaisladeldoctorMoreauXIX.jpg\" \/>Encuentro numerosas similitudes con<em> La isla del Dr. Moreau<\/em>, de Wells. Puede que el relato de London influyera en Wells o sean simples coincidencias. Eso queda fuera de mis pretensiones aqu&iacute;. Desde luego, como he se&ntilde;alado, este relato s&iacute; me parece m&aacute;s pr&oacute;ximo al g&eacute;nero, como un antecedente m&aacute;s claro y cercano. Pero tambi&eacute;n cercano a la novela cient&iacute;fica del tipo verniano, donde el protagonista es m&aacute;s el invento de la resurrecci&oacute;n que la aventura del marinero. Lo que si se podr&iacute;a hacer es buscar sus influencias en los escritores fantacient&iacute;ficos que vendr&iacute;an despu&eacute;s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&iquest;Se puede considerar la existencia de ciencia ficci&oacute;n en el siglo XIX? Muchos ant&oacute;logos han pretendido demostrar el cultivo del g&eacute;nero fantacient&iacute;fico dentro de la mencionada centuria. 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