{"id":4331,"date":"2010-04-12T06:30:23","date_gmt":"2010-04-12T04:30:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=4331"},"modified":"2010-04-09T15:27:45","modified_gmt":"2010-04-09T13:27:45","slug":"azares-de-bazar","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=4331","title":{"rendered":"Azares de bazar"},"content":{"rendered":"<p>Empez&oacute; mucho antes, pero no me llam&oacute; la atenci&oacute;n hasta lo de la ferreter&iacute;a del se&ntilde;or Antonio. Hab&iacute;a estado all&iacute;, en la esquina, toda la vida, o al menos desde que mi familia se mud&oacute; al barrio, mediados los sesenta; un comercio mal iluminado, abarrotado de cachivaches con cables pelados surgiendo de los agujeros m&aacute;s insospechados y un mostrador de madera oscura, marcado por una bru&ntilde;ida red de antiguas cicatrices. Supongo que nada dura eternamente. Cierto d&iacute;a amaneci&oacute; con un prosaico cartel que anunciaba: &ldquo;REMATE TOTAL POR JUBILACI&Oacute;N&rdquo;. Fue sustituido dos semanas despu&eacute;s por el m&aacute;s escueto: &ldquo;EN VENTA&rdquo;.<\/p>\n<p>Una tarde al pasar por enfrente descubr&iacute; que hab&iacute;an inaugurado un bazar, de esos que empezaron siendo de Todo a 100 y ahora tienen cien de todo. Entr&eacute; por curiosidad. El encargado me sonri&oacute;, sin decir nada. Jam&aacute;s hubiera pensado que el local fuera tan espacioso. Hilera tras hilera de trastos in&uacute;tiles, desfilando bajo la implacable luz de los neones. Sal&iacute; sin comprar nada, aunque mi falta de entusiasmo no logr&oacute; perturbar en lo m&aacute;s m&iacute;nimo la sonrisa del encargado.<\/p>\n<p>Tras la ferreter&iacute;a de Antonio cerr&oacute; la tienda de regalos, y luego la papeler&iacute;a. La competencia, cabr&iacute;a pensar, s&oacute;lo que en los locales abandonados se instalaron sendos bazares, indistinguibles del primero. Los mismos art&iacute;culos, id&eacute;nticos empleados joviales. Y cayeron a continuaci&oacute;n en r&aacute;pida sucesi&oacute;n la panader&iacute;a, la florister&iacute;a y la carnicer&iacute;a. A nadie pareci&oacute; importarle demasiado. Al fin y al cabo, la compra se hac&iacute;a casi toda en el supermercado, y para una emergencia, ah&iacute; estaban los omnipresentes bazares, donde pod&iacute;a encontrarse casi cualquier cosa, a precios bastante razonables. No constitu&iacute;a una molestia demasiado grande. No era preocupante.<\/p>\n<p>Entonces se me estrope&oacute; el ascensor.<\/p>\n<p>No suelo utilizar las escaleras, pues vivo en un quinto. Aquel d&iacute;a lo hice por obligaci&oacute;n y descubr&iacute; que los Garc&iacute;a Sampiedro y los L&oacute;pez Boj ya no eran mis vecinos. Toda la primera planta del edificio era ahora un inmenso bazar.<\/p>\n<p>El encargado me invit&oacute; a pasar con una sonrisa y un cabeceo. Apret&eacute; el paso, sin atreverme siquiera a lanzar un vistazo al interior del establecimiento. Conoc&iacute;a al dedillo lo que pod&iacute;a esperar encontrar en &eacute;l. Me avituall&eacute; r&aacute;pido en el s&uacute;per y corr&iacute; a parapetarme de vuelta a casa. Ojos risue&ntilde;os de empleados de bazares me siguieron durante todo el recorrido.<\/p>\n<p>Los acontecimientos se precipitaron. Lo constat&eacute; con impotente angustia desde la ventana del comedor. Cuando me encontraba con alguien conocido, en mis t&iacute;midas excursiones de aprovisionamiento, los dos gir&aacute;bamos la cabeza para no tener que entablar una conversaci&oacute;n casual. &iquest;De qu&eacute; pod&iacute;amos hablar? &iquest;De los bazares?&nbsp;<\/p>\n<p>Hace cinco d&iacute;as que no planto un pie m&aacute;s all&aacute; de la puerta. La &uacute;ltima vez que me aventur&eacute; al exterior, la plaga se hab&iacute;a extendido m&aacute;s all&aacute; del tercero, con unas pelotas de playa colonizando, como quien no quiere la cosa, la escalera hasta el primer descansillo. Podr&iacute;a llamar por tel&eacute;fono a Ramona, la viuda del cuarto B, pero tengo miedo de que salte un contestador autom&aacute;tico, invit&aacute;ndome a adquirir lo que quiera, a un precio muy razonable. Pero eso no es lo peor&#8230;<\/p>\n<p>Lo peor es que no s&eacute; de d&oacute;nde ha salido el buda dorado que ha asentado sus orondas posaderas en el microondas. Adem&aacute;s, jurar&iacute;a que al final no hab&iacute;a ca&iacute;do en la tentaci&oacute;n de comprarme la bola de plasma que relampaguea sobre la mesa del comedor.<\/p>\n<p>No s&eacute; si me acostar&eacute; esta noche. Por debajo de la puerta de mi habitaci&oacute;n se filtra una luz blanca de lo m&aacute;s inquietante.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Empez&oacute; mucho antes, pero no me llam&oacute; la atenci&oacute;n hasta lo de la ferreter&iacute;a del se&ntilde;or Antonio. 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