{"id":6966,"date":"2011-02-21T06:30:55","date_gmt":"2011-02-21T05:30:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=6966"},"modified":"2011-02-16T12:52:30","modified_gmt":"2011-02-16T11:52:30","slug":"cactusada","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.literaturaprospectiva.com\/?p=6966","title":{"rendered":"Cactusada"},"content":{"rendered":"<p>Lo peor que puede pasarte con un cactus es ser su compa\u00f1ero de celda. Es una experiencia sumamente perturbadora. En la soledad de la celda el tiempo se ralentiza. Un compa\u00f1ero normal podr\u00eda ayudarte a romper el tedio, pero los cactus no son muy habladores. Simplemente est\u00e1n all\u00ed. Tarde o temprano te giras para ver qu\u00e9 diablos hace. Y ah\u00ed est\u00e1 \u00e9l, impasible, inm\u00f3vil. Disfrutando de su f\u00e9rrea voluntad mientras la tuya se doblega. Vuelves a tus divagaciones, pero al poco no puedes evitarlo y lo miras de nuevo. Y \u00e9l te devuelve la mirada. No sabes c\u00f3mo, pero te sientes observado. \u00bfEl equivalente vegetal a los ojos est\u00e1 en las espinas? \u00bfO en esa jodida maceta de barro que lo mantiene erguido? Incapaz de sostenerle la mirada a una planta, le das la espalda. Pero ahora es mucho peor, sientes su mirada clavada en tu nunca. Esperando con infinita paciencia\u2026 algo. Te giras de nuevo. \u00bfSe ha movido? Parece estar un poco m\u00e1s cerca, pero no est\u00e1s seguro. Giras de nuevo la cabeza y caes en la cuenta de que los cactus tambi\u00e9n tienen sus necesidades y aunque no seas el equivalente cactus de una conejita Playboy, eres consciente de que la soledad de la c\u00e1rcel crea extra\u00f1os compa\u00f1eros de cama. Empiezas a sentir miedo, sabes que \u00e9l puede esperar a que bajes la guardia.<\/p>\n<p>Pasan los d\u00edas y puedes comprobar en sus espinas que su determinaci\u00f3n no flaquea. En cambio, tu paranoia aumenta y comienzas a aceptar tu destino. Entonces un d\u00eda, en la ducha, el cactus deja caer el jab\u00f3n en la ducha. Un escalofr\u00edo recorre tu espalda. El cactus te mira con una petici\u00f3n muda. Sabes que tienes que coger el jab\u00f3n. El maldito cactus no tiene rodillas, \u00bfc\u00f3mo diablos va a agacharse? As\u00ed que, a pesar de los temblores que convulsionan tu desnudo cuerpo, te agachas. Y es en ese momento cuando no pasa nada. Recoges el jab\u00f3n y se lo devuelves. Al parecer tus sospechas eran infundadas.<\/p>\n<p>As\u00ed que te despreocupas, bajas la guardia. El cactus te parece hasta majo; casi lo consideras como un amigo poco hablador, por lo que no te importa contarle tus penas, a pesar de que todas sus respuestas son mudas. Poco a poco, vuelves a dormir por las noches. Tu paranoia se desvanece, tu mente se conf\u00eda. Hasta que un d\u00eda, en plena noche, despiertas sudoroso. Algo no va bien. Compruebas el camastro de tu compa\u00f1ero y descubres su ausencia. Entonces lo sientes. Est\u00e1 dentro de ti. No sabes c\u00f3mo, no quieres pensar c\u00f3mo, pero sus p\u00faas ara\u00f1an tus entra\u00f1as con un dolor lacerante. Te sientes dolido, traicionado. Vomitas la cena en el suelo y esperas la muerte.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo peor que puede pasarte con un cactus es ser su compa\u00f1ero de celda. Es una experiencia sumamente perturbadora. En la soledad de la celda el tiempo se ralentiza. 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