Alfonso Merelo ha publicado en su bitácora, Desde Tartessos, una reseña de Titán de Ben Bova.
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Reseña de La última noche de Hipatia
Alejandro Serrano ha publicado en Fantasymundo una reseña de La última noche de Hipatia, novela de Eduardo Vaquerizo recién publicada.
Continue reading »El ¿corto? vuelo de Ícaro
Un balance de las actividades de una editorial fantasma que pretendió entrar con fuerza en el mercado de cf.
Continue reading »La sabiduría del pasado
-¿Kómo yeba lo de… emm… esto ké es, dididí? -preguntó a la máquina con el lápiz apuntando a la casilla que había o no de tachar.
-Dividir. Lo lleva bien. Las operaciones aritméticas simples le son conocidas y ha comprendido su necesidad para las decisiones de la vida diaria. Ya compra la cantidad correcta de fruta al proveedor, después de varias semanas de caos contable -lógico, dado el difícil aprendizaje del regateo- que casi le hacen cerrar el negocio y morirse de hambre -informó la voz andrógina.
-i… ké kojones es lo otro ke pone akí… ¿el ajorro?
-¿Se refiere usted al ahorro?
-Tú savrás, no tá klaro. El ajorro. El aorro. Llo no lo he divujao.
-Ese ideograma que está señalando (el quinto de su minilenguaje) es el ahorro. Eso ya lo aprendió el sujeto en su anterior viaje en el tiempo a la postguerra civil española. Con resultados encomiables y prometedores a la hora de encontrar soluciones creativas a situaciones complejas.
-Soi la putta hama, tía: te se olbidaría decilme que lo markara la última bez. Güeno. Aber… -Revisó un par de pantallas más de su lista de comprobaciones, acariciando con el lápiz el aire, que su ordenador corporal iluminaba con símbolos grandes delante de su nariz-. Sí. Kedava la mierda ésta de la kapazidá de eksp… ekspppr…
-La capacidad de expresión. Una competencia transversal de nivel medio-bajo, imprescindible para comunicarse con otros agentes inteligentes y transmitirles sentimientos y conocimientos con precisión y eficiencia. No hay sentido común ni creatividad sin capacidad de expresión.
-Lo ke digas, shorva.
-El sujeto aún no se ha enfocado en esa habilidad. ¿Desea usted una planificación?
-Lla me la puedes ir soltando, ke pa eso te tenemos enzenduba.
-Se la resumo: teniendo aún dos años para cumplir una mayoría de edad aceptable de quince podríamos enviarlo todavía a Inglaterra, 1601, como miembro de la compañía teatral de William Shakespeare. En dos años podría no sólo haber adquirido una buena capacidad de expresión, sino terminado de dominar el inglés, que dejó a medias en su breve estancia de aprendizaje crítico en Five Points de 1840 (tiene cierto deje irlandés que convendría pulir, si me lo permite, aparte de las cicatrices). Le vendría bien para interactuar con nuestros registros internos en el futuro.
-¿Shispi? ¿Komo el del güeb-konkurso de tías jotys?
-William sería una excelente influencia en cuanto a la capacidad de expresión en lengua inglesa, pero no lo concibo en la situación que usted trata de mencionar.
-Mmmm…
La mujer desplazó el lápiz sin punta por el aire dando un par de golpes más, como al azar, hasta que pareció quedar satisfecha.
-Oquei maquein. Sákalo de Tánjel.
-Tánger.
-…Eso dezía, no me tokes los jobarios. Sákalo de la kosa ésa, la frupedía de Tánjel.
-Frutería.
-…y shápalo con el Shispi el rato que dizes. Kuando buelba me trollas si ha ido vien, ke le damos el kargo en lo ke se yeba meter un puto deo en el hojo. ¿Lla savrá todo, no?
-En esa fecha su formación se podrá considerar completa para su entrada en el cuerpo funcionarial de tecnócratas, sí. Conectarlo a las máquinas y proveer de sentido común y capacidad de decisión en asuntos sociales humanos a nuestro sistema optimizador mundial debería ser la consecuencia lógica de su adiestramiento.
-Tronka, olle, ke me kalientas.
-Lo siento, señora Altezaministra de la Unión Bihemisférica.
-Ea, ke me voi a la plalla ke me canso de avlar tanto. No te se orbide ná de lo ke te e ordenatu, ¿eh?
-Le doy la seguridad más absoluta de que
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Continue reading »Mobymelville, Daniel Pérez
Algo imprescindible para un autor que disfruta escribiendo literatura de género es poseer una voz personal, fácilmente identificable en su obra, y Daniel Pérez Navarro, además de una prosa exquisita, la posee.
Adentrarse en Mobymelville es un reto. Es adentrarse en el mundo de los fabuladores, de los cuenta cuentos, de las narraciones dentro de las narraciones. Mobymelville es arriesgado, y merece la pena arriesgarse con él.
Este libro exhibe con orgullo su carácter fragmentario, surrealista en ocasiones, aunque en algunos párrafos el lector pueda sentirse perdido, aturdido y abrumado por las imágenes que encuentra. También puede llegar a pensar que dicho carácter fragmentario no ha sido buscado, que cada historia tuvo su propia génesis y sólo después de una hábil labor de cirugía ha sido posible crear Mobymelville, pero haya sido como haya sido, el resultado es disfrutable.
Mobymelville nos ofrece historias alejadas de cualquier efectismo, historias que no buscan un final que no existe, sino que nos conducen por un viaje maravilloso. Los fragmentos de este libro ofrecen estampas alucinantes, vívidas imágenes que se quedan grabadas para siempre en la memoria, como la multitud de ballenas muertas a la deriva, o la aparición (brevemente descrita, brevemente mostrada, pero no por ello menos impresionante) de Persephassa y la masacre que su presencia conlleva.
Si alguna pequeña queja puede alegar el lector es, precisamente, la fragmentación que como virtud mencionábamos, y que inevitablemente rompe el ritmo de la narración y en su necesidad de quebrar el espíritu de la novela distrae y rompe la continuidad.
En cualquier caso, como el autor nos dice, Mobymelville es sólo un accidente, un enorme deux ex machina que nos obliga a avanzar sin descanso hacia un final que no es tal, pero que nos obliga a echar la vista atrás y comprender cuánto hemos disfrutado el viaje.
Son inevitables (y buscados, claro) los paralelismos con Moby Dick, pero el lector tendrá la sensación de que, ocultas en el texto, pululan multitud de referencias, de juegos literarios, que se le escapan. Y eso es, sin duda, maravilloso.
Mobymelville no es un libro perfecto, pero es ambicioso, es literatura en estado puro, y es un libro que todo lector que conserve el placer de sumergirse en una obra que rebosa sentido de la maravilla debe, debe, debe leer.
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Continue reading »César Mallorquí y «La pared de hielo»
César Mallorquí habla sobre su relato "La pared de hielo", recientemente recuperado por la publicación electrónica El resto es silencio.
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Recomendaciones para las votaciones de los premios Ignotus
Ahora que estamos en pleno período de votaciones para determinar los finalistas de los premios Ignotus, Juanma Santiago repasa en su blog sus recomendaciones para las diversas categorías.
Continue reading »Máquinas rebeldes
Pixfans recopila las más conocidas y temibles máquinas que se rebelan contra los humanos en la cf.
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A mediados del pasado mes de agosto, el gobierno chino reconoció públicamente haber puesto en marcha el equivalente real del Gran Hermano descrito en la archifamosa 1984 de George Orwell, una de las cumbres de la Literatura Universal, y por supuesto de nuestro género. En realidad, el sistema empezó a funcionar el 1 de julio en el distrito de Pujiang, en la provincia oriental de Zhejiang, para, cito textualmente, “controlar el comportamiento antisocial de los ciudadanos”.
El plan de las autoridades chinas pasa por registrar informáticamente las “desviaciones” de todas aquellas personas mayores de 18 años halladas culpables de “delitos sociales”, una definición bastante ambigua en la que entra casi cualquier cosa. El propio director local del Departamento de Propaganda (es lo bueno de las dictaduras: que no camuflan la realidad bajo eufemismos como hacemos en las democracias, donde a este cargo le habríamos llamado, por ejemplo, Departamento de Relaciones Públicas y Publicidad), un tal Zhou Shunlong, resumía públicamente algunos de esos delitos. Desde “conducir bajo los efectos del alcohol” hasta “contaminar o tirar basura” pasando por “tratar mal a los padres, escupir, abusar, ser un profesor que discrimina a los alumnos lentos” y otros pecadillos.
Pero es que además la intención es que los vecinos, amigos y conocidos denuncien los “comportamientos inapropiados” al más puro estilo de la Inquisición. Y hay algún otro dato delirante como el hecho de que esta base de datos (en la que tarde o temprano acabarán entrando todos los chinos y, si no, al tiempo) no sólo la podrán consultar agentes policiales sino ¡empresarios! que así podrán decidir si contratan o no a un futuro empleado.
Una vez más la realidad supera a la ficción o como dijo Lenin, “Libertad, ¿para qué?”.Desde luego, no para los ciudadanos corrientes, como se refleja en la brillante distopía literaria de Orwell, ridículamente banalizada hoy día por las incultas e histriónicas Mercedes Milá de turno. El título original era El último hombre en Europa pero, por cuestiones de marketing, los editores lo cambiaron por el de 1984 buscando el toque futurista además de hacer un juego de palabras o, en este caso, de números, con la fecha en la que el autor lo terminó: 1948. De todas formas, el texto se publicó al año siguiente y fue un éxito de ventas. Sinceramente y viendo el panorama actual, empiezo a dudar de que llegara a ser publicada (y mucho menos que alcanzara la categoría de bestseller) si el bueno de George la hubiera escrito en nuestros días.
1984 describe a la perfección lo que es, y sobre todo cómo se sostiene, una sociedad totalitaria. En ese sentido contiene una maravillosa sucesión de siniestros hallazgos literarios que, para nuestra inquietud, vemos hoy reflejados en el mundo contemporáneo: la Policía del Pensamiento (que hoy se aplica respecto a ciertos temas tabú sobre los que no se puede disentir de la opinión socialmente aceptada), la Habitación 101 (donde se podría aplicar sin problemas el trato a los prisioneros que reflejan los informes de torturas de la CIA publicados hace bien poco), la Neolengua (la misma que hablan todos los días nuestros políticos), el Ministerio de la Paz (que es precisamente el que se ocupa de la guerra, igual que hoy a nuestros antiguos Ministerios de la Guerra –como aún se llamaban a principios del siglo XX– les llamamos Ministerios de Defensa aunque sirvan más para agredir que para defender), el Ministerio de la Verdad (que reescribe la Historia constantemente según convenga, de la misma forma que hoy se hace ante la llamativa ignorancia de los ciudadanos presuntamente mejor informados de todos los tiempos)…
Y el final. El pavoroso, perturbador y realista final de la novela, que explica por sí solo el porqué del éxito de una dictadura, sea ésta del corte que sea. En resumidas cuentas, hablamos de una de las lecturas imprescindibles para cualquier lector con dos dedos de frente.
No deja de ser un sarcasmo que precisamente el Reino Unido, otrora considerado ideal de la libertad individual personal, se haya deslizado en los últimos quince o veinte años por la pendiente del Granhermanismo con la proliferación de sistemas de control y monitoreo de la sociedad hasta el punto de que ahora mismo sus ciudadanos son los más vigilados del mundo occidental ya que tocan aproximadamente a una docena de personas por cámara instalada. En tiendas, grandes almacenes, oficinas bancarias, gasolineras, museos, aeropuertos, restaurantes…, e incluso puestos de trabajo.
Orwell no fue el primero. Con la misma fuerza o más que 1984 considero obligatoria la lectura de Un mundo feliz, publicada en 1932 con el título (extraído de un verso de Shakespeare y cuya traducción española, a su aire, mejora en mi opinión el original) de Brave New World (Un mundo nuevo y valiente). Esta novela nos habla también de una dictadura, en este caso mucho más parecida todavía a lo que vivimos hoy día por su carácter “buenrrollista”.
En el año 2540 de nuestra era, el sueño pacifista se ha hecho realidad al desaparecer la pobreza y la guerra en una sociedad controlada, previsible y plena de comodidades gracias a la tecnología. El precio es la destrucción de todo lo que hace hombre al hombre: la espiritualidad, la ciencia, la lilosofía, la cultura, la familia, la individualidad…, la misma voluntad de ser. Es la eterna lucha entre dos conceptos que suelen presentarse como parejos y alcanzables al mismo tiempo pero que en realidad se contradicen uno al otro: la Libertad y la Igualdad.
Huxley describe un planeta globalizado bajo un gobierno mundial y compuesto por una aborregada masa de consumidores repartidos en castas de acuerdo con las letras griegas, donde los humanos de clase Alfa son los dominantes inteligentes y superiores, los Beta son los inmediatamente inferiores, y detrás vienen en orden sucesivo los Gamma, los Delta y al fin los Épsilon, que aparecen como los más embrutecidos y encargados de los trabajos más duros. El Estado se encarga de distribuir a los niños, según nacen, en una u otra casta, y de acondicionarles desde pequeñitos para que lo acepten, proporcionándoles además una droga llamada televisión…, digo, soma, para reafirmar su acondicionamiento.
Se parece tanto lo que allí se cuenta hacia el mundo real al que nos están empujando en la actualidad que no me canso de leer este libro una y otra vez como si fuera un texto profético.
Para no dejar un sabor de boca excesivamente amargo, terminaré recomendando una película que, sin ser de ciencia ficción, sí está muy relacionada con el concepto de Hormiguero Controlado y la lucha contra los abusos de poder a la hora de controlar la sociedad. Es una historia que brinda un hilo de esperanza al elogiar la fuerza de la individualidad y el ingenio personal como técnicas para escapar al totalitarismo del Ojo que Todo lo Ve. Me refiero a Enemigo público, dirigida por Tony Scott y protagonizada por Gene Hackman y Will Smith, en la que éste es un ingenuo abogado laboralista que vive confiado hasta que de repente se ve envuelto en un asesinato de Estado y descubre lo fácil que es amargarle la vida a un ciudadano respetable.