Brain Thief, de Alexander Jablokov

Bernal Haydon-Rumi es el asistente ejecutivo, y en realidad el chico para todo, de una extravagante millonaria filántropa, Muriel, que se dedica a financiar proyectos descabellados, desde la decoración artística de antiguos silos nucleares a la creación de una inteligencia artificial que pueda emplearse en la exploración de otros sistemas solares. Muriel envía un mensaje a su asistente para que acuda inmediatamente a su casa pero Bernal llega justo a tiempo de verla desaparecer por el jardín. Ahí empieza una persecución que durará toda la novela, aunque no siempre esté claro, ni siquiera para los protagonistas, qué o quién se está persiguiendo: Muriel; Hesketh, la inteligencia artificial obsesionada con cumplir su misión a cualquier precio; Madeleine Ungaro, su creadora; Ignacio, el siniestro propietario de un taller de automóviles y traficante de todo tipo de productos ilegales; un asesino en serie que decapita a sus víctimas… En la persecución se van engarzando todo tipo de personajes al borde de la realidad, no en el sentido de que se trate de seres sobrenaturales, sino que su caracterización los acerca a la parodia: el dueño de un fallido negocio criogénico, un camarero con ideas claras sobre cualquier tema, tres fanáticos de la exploración espacial que buscan conocer a Hesketh, su ídolo, una ex policía empeñada en combatir los excesos de la tecnología, un ladrón aficionado a las antigüedades, un cerebro criogenizado que se comunica por un viejo fax con el mundo exterior…

Ese es parte del encanto de la novela. Greg L. Johnson, en www.sfsite.com, declara: “Brain Thief es esa rara combinación de humor y ciencia ficción que toca todos los mejores registros a la vez”. Sin llegar a tanto, la novela es divertida y tiene momentos brillantes o frases como: “Su cabello, cortado corto, era del color amarillo claro de oso polar de zoológico de las estrellas del porno”, “A veces uno piensa que la única razón de volverse más inteligente es tener mejores explicaciones sobre por qué estás haciendo algo estúpido”, o “Jennifer daba la impresión de que habría preferido estar discutiendo jarabes para la tos con un vagabundo alcohólico, pero llegaba a componer sus rasgos en una actitud de atención”. Quizás no sea como para decir que es una novela de humor, pero teniendo el cuenta el tono solemne que se gastan muchos practicantes de la ciencia ficción y casi todos los de fantasía, sí, la verdad es que es diferente.

La narración tiene aire casi de obra de teatro: los escenarios son reducidos, así como el número de personajes, y gran parte de la novela se basa en los diálogos. Volviendo a un viejo tema, 382 páginas podían haberse llenado con algo más de intriga. Ahora bien, cuadra con la descripción que el propio Alexander Jablokov hace de su estilo: “Escribo lo que me gusta leer: historias bien escritas con tramas, personajes y diálogos ágiles.” Activo en los 90, cuando escribió cinco novelas y una colección de cuentos de ciencia ficción, Jablokov ha pasado más de diez años sin publicar –para crear una familia y ganarse la vida, en sus propias palabras–. Brain Thief es su vuelta al mundo editorial. Después de leerla uno se siente muy tentado a conocer sus obras anteriores.

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