1. Se burlaba de lo que llamaba "literatura del yo". Lo llevaron a una isla desierta. Lo dejaron allí hasta que escribió "Robinson Crusoe".
2. Tenía un manuscrito inédito de Cortázar. Parecía ciencia ficción, pero el libro era inclasificable, no podía encasillarlo en algún subgénero. Encontró una solución: quemarlo.
3. Los críticos se reunieron. Cerraron las puertas. Se desnudaron. Empezaron a masturbarse, unos a otros. Todos coincidieron en que la orgía fue un éxito porque no había autores invitados.
Ya me los conocía, pero así juntos adquieren mayor entidad.
Microfollonero.
Cualquier dedo en el ojo es siempre bienvenido :p
Muy bueno :)
Más adelante tres microrreflexiones sobre los autores. Que no se diga.
1. Había escrito una torpe copia de un cuento de Borges, pero flotaba. Se creía un grandísimo juntaletras, mejor que Pierre Menard. Hasta el teclado tuvo que arrodillarse.
2. Destiló todo su arte literario en un microrrelato de veintiocho palabras. No le gustó a nadie. Antes que aceptar que su cuento merecía arder, decidió destruir el mundo.
3. Era escritor. Sus palabras favoritas eran cuatro: yo, mi, me, conmigo. Le pidieron que contara algo de alguien que no era él. No pudo, le estalló la cabeza.
Espero que no valga sentirse en el horror de poder haberse sentido reflejado uno mismo leyendo estos tres últimos durante un brevísimo instante, el cual coincide con en el de lectura y complicidad que ceden los personajes al lector, aunque los personajes sean escritores. Sentidos, que valen sentirse, ¿valen sentimiento?
Aunque sean escritores.
El verdadero horror del escritor o del crítico no está en sentirse reflejado por uno o más de los micros, sino en creer que ninguno le roza siquiera (CONFUCIO).
No intentes leer el micro, sé el micro (EL NIÑO DE LA CUCHARA DE MATRIX).
Díptico símil en forma, disímil en fondo. Dos anuncios por palabras titulados Con urgencia:
-Personaje busca autor que le deje ir al baño.
-Autor busca personaje que le deje ir al baño.
me gustó sobre todo el primero. Tan sugerente…