En el vagón había demasiada gente. Gregorio Samsa trepó por las paredes para viajar agusto en el techo. Un revisor le pidió el billete. Gregorio le explicó que, ahora que era una cucaracha, no había podido sacarse el abono.
El revisor suspiró.
—Anoche yo tenía veinte años. Hoy me he despertado siendo un revisor viejo y calvo, casado con una mujer gorda a la que no reconozco. ¿Crees que le importa a alguien?
—A nadie —dijo un viajero.
—Pues si les cuento lo mío… —empezó otro.
Gregorio pagó la multa y huyó de aquel vagón lleno de monstruos.
Brillante, metaliterario y divertido :)
Curioso y original.
Muchas gracias por los comentarios.
Un saludo.
Juanfran