Vuvucela

“Bien, dejadme a mí”, les dije a mis hijos y a los hijos de mis hijos.

Corría el minuto 115 del partido, la prórroga se precipitaba por un final no escrito. Penaltis. Azar. Las mujeres lloraban.

Apuré de un sorbo la medicina y arranqué la vuvucela de las manos de los niños.

Seguí los consejos de Anansi la Araña. Tomé aliento hasta sentir la presión del aire en el diafragma. Apliqué mis labios a la boquilla tal como marcan los loas. Luego soplé, de una forma sostenida, uniforme y sin prisas, dejando al aire formar su propio sueño. El sonido vibraba ahora en la misma frecuencia que la cuerda del destino. El tiempo se detuvo.

Vi a los átomos reconfigurándose.

Torres se interna por la banda izquierda, pasa, el central holandés la intercepta pero Cesc es el amo del rebote. La templa. Mecánicamente, sin pensar, como ocurre en los trances, el del Barça cuelga el balón sobre dos defensores. Una parábola perfecta que aterriza en la bota del Elegido. Iniesta levanta la vista, ve el hueco abierto por las supercuerdas y dispara a la velocidad exacta. Justo a la derecha de Stekelemburg; el holandés, aterrado, escucha como el balón pelea contra las redes.

Sin aire, el canto del destino se diluye.

Los latidos del cosmos son ahora los correctos, armoniosos, placenteros…

Estalla el júbilo.

Yo, el chamán, entono el cántico.

Oeeee, oeeee, oeeeee…

4 comments

  1. Eso me temo que ha sido un error de corrección XD Aunque, siempre podemos recurrir a «en realidad, es una ucronía».

  2. Bueno, dejémoslo en que en la cuerda en cuestión Fábregas es del Barça…. (de hecho, si las cosas hubieran sido como debieran ser…. ;)

Comments are closed.