Génesis es de esas novelas que sólo se pueden leer una vez en la manera en que nos han sido presentadas, porque una vez desvelado el enigma es imposible ver a los personajes con los mismos ojos que la primera vez. Otro ejemplo de novela de este estilo es El árbol familiar, de Sheri S. Tepper. Y al igual que en esa novela, te das cuenta de que pasa algo raro, algo que no se te está contando y que es de vital importancia para comprender perfectamente trama y personajes.
En un futuro no muy lejano, el mundo se ha visto asolado por la guerra biológica y en un remoto archipiélago del Pacífico llamado Aoretaroa (el nombre maorí para la tierra de la larga nube blanca, es decir, Nueva Zelanda) se ha erigido un muro infranqueable que impide a los refugiados del viejo mundo acceder a unas tierras libres de la plaga y en las que se ha instalado una especie de utopía platónica, gobernada por filósofos, defendida por soldados y sostenida por obreros.
La protagonista, una joven llamada Anaximandro, tutelada por un académico llamado Pericles, debe someterse a las duras pruebas de acceso de la Academia, la institución que gobierna ese idílico mundo. Anax debe presentar su tesis sobre un personaje vital en la historia del nuevo mundo, llamado Adán, por quien siente una fuerte fascinación.
Anax, no obstante, descubrirá durante el proceso de examen que la historia no es lo que le habían enseñado y que las cosas no son en absoluto como parecen ser. Cosa que también le sucederá al lector. Y hasta aquí puedo leer. Decir más, sería destrozar el final de la novela que, se lee rápidamente y te atrapa desde la primera página.
La novela está formada, básicamente, por los diálogos que tiene Anax con sus examinadores de la Academia, así como los diálogos internos consigo misma y los recuerdos en modo de flashback sobre sucesos de su pasado. En ellos se habla de ética, de la Humanidad, de lo que es realmente la inteligencia y la conciencia, de la manipulación política de la historia, del papel del héroe y de la lucha de las ideas por sobrevivir y propagarse. Y lo mejor es que consigue todo esto en muy pocas páginas, cosa muy de agradecer en estos tiempos que corren de megatochos infumables.