La estrella de Pandora, Peter F. Hamilton 1

Desde luego Peter F. Hamilton es una de las nuevas estrellas de la ciencia ficción británica y, por qué no, mundial. Ya en la anterior novela publicada en España, La caída del dragón, demostró tener excelentes cualidades. Su originalidad y el ritmo que impone a la narración te dejan sin aliento y compone historias pirotécnicas que no puedes dejar de leer. Algo que, al menos yo, echaba de menos desde hace tiempo.

Pero su característica primordial es la ambición en sus planteamientos. La estrella de Pandora es una novela creada para jugar en la primera división de la ciencia ficción intentando batir en este aspecto a todos los escritores que le han precedido. Está cargada de tal forma de sentido de la maravilla que, como si nada, parece descubrirnos la inmensidad de las posibilidades de la imaginación misma. Puede que todo radique en sus similitudes con las principales virtudes de novelas como Cita con Rama; en este clásico de Clarke lo principal es lo sorprendente y grandioso de la tecnología del artefacto Raman. Hamilton, como ocurre con Alastair Reynolds, es experto en presentarnos desmesuradas (por lo enormes) e increíbles muestras de tecnología alienígena.

En La estrella de Pandora tenemos misteriosas barreras que circunvalan sistemas estelares, naves que trasportan no una sino varias civilizaciones completas, una red de transporte a nivel galáctico de agujeros de gusano, deportes de riesgo practicados con tecnologías hoy día imposibles… y muchos más ejemplos (y muchos es una palabra que se puede quedar incluso corta). Por otro lado, tenemos descripciones de especies alienígenas detalladísimas, aunque siempre manteniendo una parte de misterio debido a la natural incomprensión que despiertan. Todo lo anterior es sólo una muestra. El libro contiene más y más sorpresas de este tipo. Leyéndolo llegas a pensar que la imaginación del autor es infinita.

Si La estrella de Pandora únicamente fuera esto, imaginación ilimitada, podría llegar a aburrir. Pero Hamilton además escribe bien, con una narración coral con muchos personajes y puntos de vista, más un poco de técnica betsellera o folletinesca. Utiliza los cambios de ritmo y los cliffhangers con una precisión que te deja exhausto; mientras lees no puedes parar. El mayor mérito estriba en que, pese a que todo lo anterior podría llegar a complicar las cosas para el lector, que no podría seguir la historia por lo enrevesada, vas leyendo y todo está claro como el cristal.

A lo largo de la historia hay también tiempo para la reflexión. En todo momento Hamilton nos da pautas sobre como afectarán en el futuro ser humano algunos de los avances que presentan. Porque no somos iguales a los humanos descritos en la novela. Sobre todo la medicina y el transporte han dado un giro tan radical que hasta algunos de los comportamientos “normales” descritos en algunos de los personajes hoy son imposibles y extraños.

Desde mi punto de vista, los que encuentran adictiva la serie de Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin en el género fantástico pueden encontrar algo similar en esta novela desde una perspectiva de ciencia ficción. En la obra de Martin priman más las intrigas, la épica, la sangre y el sexo. En éste la space opera más salvaje, las descripciones de tecnologías alucinantes y algunos toques de novela negra o de espías. Pero la forma en que funcionan es parecida.

La edición de La Factoría es más que correcta y me parece de recibo el agradecerles las narices que han tenido para publicar algo así. El libro es un tocho de 763 páginas con un precio que, pese a que lo merezca, echa para atrás. Y además hay que tener en cuenta que la novela es en realidad media novela; Judas desencadenado es la otra mitad. El final de La estrella de Pandora es el super-cliffhanger más literal que jamás se haya visto y (escribo estas palabras tras leer la última línea) no compres nunca este libro sin tener claro que tendrás que adquirir los dos. Estoy mordiéndome las uñas por hincarle el diente a la segunda parte.

Me voy a leer.

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