El sofá del buen amor 2

Lo compró en un sórdido bazar de la India.

El tendero le aseguró que el sofá era muy cómodo y su madera era mágica. Naturalmente la bella joven no le creyó, pero el mueble se le antojó exótico y acabó adquiriéndolo.

No tardó en comprobar, para su asombro, la verdad de sus palabras. Semanas después, un chico del cual se había enamorado entró en su casa. Iban a ver una película, pero él no perdió el tiempo y la tumbó sobre el sofá.

Nada más ponerse encima de ella, desapareció sin dejar rastro.

De no ser por lo excesivo de la coincidencia, jamás hubiese hallado la conexión: meses más tarde, otro joven por quien suspiraba también quiso ir demasiado rápido y se desvaneció de igual modo. Estaba claro; el sofá, en un remedo de ángel guardián no deseado, absorbía, fulminaba a aquellos pretendientes que sólo buscaban sexo.

La chica decidió ser precavida, pues no quería más muertes sobre su conciencia.

Mas la memoria es débil y, años después, un tercer joven apareció  por su piso, ajeno por completo a lo que le esperaba. Él sí la quería de verdad.

Por ello, cuál sería la sorpresa del apuesto y atlético muchacho al ver cómo su amada era engullida de pronto por el sofá…

2 thoughts on “El sofá del buen amor

  1. Capayespada May 23,2010 1:48 pm

    … Pues parece ser que no es nada bueno tener un sofá antisexo. En cualquier momento podemos ser engullidos poe él; porque, ¿a quién le amarga un dulce en el momento preciso?…
    Muy bien Fernando, ya veo que sigues siendo el rey del microrelato. Un abrazo.

  2. Fernando May 25,2010 11:14 am

    Gracias por leerlo, Capa. Si no fuera por estos raticos…

Comentarios cerrados.