Inglaterra, Inglaterra, de Julian Barnes 3

Si tuvieran que construir un parque temático sobre España, ¿qué incluirían? Espero que su respuesta sea algo más que la simple idea que los guiris tienen en mente, es decir, paella y toros. En mi opinión la búsqueda de la seña hispana resulta complicada dada la riqueza de la variopinta cultura que se halla a lo largo y ancho de este país. Esta misma incógnita es la que se plantea Julian Barnes en Inglaterra, Inglaterra, una curiosa reflexión sobre la britanidad y el turismo en clave fantacientífica.

A modo de sátira, Inglaterra, Inglaterra relata cómo un megalómano empresario británico, Sir Jack Pitman, de dudosos orígenes, decide edificar en la isla de Wight un parque temático donde incluye la pureza de identidad británica que buscan los turistas: Stonehenge , Robin Hood, Buckingham Palace, Big Bang, la monarquía, beefeaters… En palabras de este personaje:

«-No estamos hablando de un parque temático -comenzó-. Ni tampoco de un centro patrimonial. No hablamos de Disneylandia, la Exposición Universal, el festival de Bretaña, Legoland o el Parque Asterix. ¿Williamsburg colonial? Disculpen: un par de pavos al viejo estilo asándose en una valla mientras los actores en paro sirven gachas en platos de peltre y aceptan pagos con tarjeta de crédito. No, caballeros; hablo metafóricamente, puesto que en mi gramática el masculino abraza el femenino, como parece que estoy haciendo con la señorita Cochrane; caballeros, hablamos de un salto mayúsculo. No buscamos turistas de tres al cuarto. Es hora de dejar patidifuso al mundo. Ofrecemos más de lo que dan a entender palabras como «esparcimiento»; hasta la expresión «ocio de calidad», por orgulloso que esté de ella, a la larga, quizá, se quede corta. Ofrecemos la cosa misma.» [75-76]

Ello se une con la otra historia, la de su protagonista, Martha Cochrane, aunque muchas veces ella quede eclipsada por la personalidad de Sir Jack. Ambos relatos, la especulación fantacientífica y el relato interior de una mujer en busca de su propia identidad, se entremezclan en esta novela fruto de la posmodernidad: fragmentarismo, subjetividad, enormes referencias culturales, intertextos etc..

Su autor, Julian Barnes, un escritor británico del mainstream con reconocido prestigio, decide abordar aquí el género de una manera muy personal, con un futuro escasamente distinto a nuestro presente, donde la especulación es la construcción del parque, lo que le permite ironizar sobre la identidad británica y el turismo. Pues así lo expresa el excéntrico Dr. Max, historiador del proyecto, en un largo discurso que realiza en una reunión ante la junta, donde defiende la réplica frente al orginal:

«En resumen, sostengo que el mundo del tercer milenio es inevitable, ineluctablemente moderno, y que nuestra tarea intelectual consiste en acatar dicha modernidad y tachar de sentimental y fraudulento cualquier anhelo de lo que dudosamente se denomina el «original». Tenemos que exigir la réplica, puesto que la realidad, la verdad, la autenticidad de la réplica es la única que podemos poseer, colonizar, volver a ordenar, disfrutar y, por último, si así lo decidimos, es la realidad que está a nuestro alcance hallar, afrontar y destruir, puesto que es nuestro destino.» [71]

Para dicha reflexión Barnes ha edificado su novela en un tríptico, donde la parte central se divide a su vez en tres subpartes y es la que recoge la historia del parque Inglaterra, Inglaterra, y la participación en el proyecto de Martha Cochrane. La primera parte, «Inglaterra», es una historia personal de Martha donde examina su infancia a través de los recuerdos y el abandono de su padre, y donde tiene especial importancia el puzzle de las provincias inglesas que ella hacía y rehacía. El epílogo, «Anglia», nos muestra sin duda las consecuencias económicas que ha provocado el proyecto de Sir Jack sobre la vieja Inglaterra, donde ahora reside Martha. Da la sensación de que termina casi como empieza, en el mundo rural, ensalzándolo, como un beatus ille.

La parte más interesante es la construcción del parque, las discusiones en la junta en busca de la pureza de la identidad británica. Para ello realizan una encuesta a ciudadanos para establecer una lista de las cincuenta quintaesencias de la britanidad, que después examina Sir Jack y filtra para construir la britanidad que el desea mostrar y que más salida comercial tenga, para lo cual elimina alguno de los postulados de la lista: “Una vez a solas, Sir Jack repasó el listado. Se deterioraba francamente hacia el final de la lista. Tachó los elementos que juzgó producto de una defectuosa técnica de sondeo y sopesó lo demás” [105]. La lista es interesante, y deja claro la crítica de Barnes de la britanidad y la mentalidad turística. A ello se suman reinterpretaciones históricas como la ambigüedad sexual de Robin Hood y su pandilla, y otras discusiones de naturaleza posmoderna, reinterpretando la Historia.

Al margen de la trama, lo más destacado es la capacidad narrativa del autor, sus juegos del lenguaje, revitalización de imágenes, la fuerte subjetividad de su prosa, el carácter irónico y reflexivo que transmite, diálogos profundos llenos de dispares referencias culturales etc. En resumen, preciosismo detallista y ritmo narrativo impecable. Barnes es un poeta, tan pronto invierte valores del lenguaje como se empeña en embellecer la escatología o recrea las parafilias más inusitadas (como la de Sir Jack). Desde luego, a quien le importa que como ciencia ficción la obra sea un poco extraña si puede encontrar oraciones de este nivel: “Era como un país rememorando su historia: el pasado nunca era solamente el pasado, era lo que hacía al presente apto para vivir consigo mismo” [15].

3 thoughts on “Inglaterra, Inglaterra, de Julian Barnes

  1. García Martín-Romo Sep 25,2010 9:04 pm

    Con ánimo de crear polémica, ¿qué significa mainstream? Si Julian Barnes es mainstream, ¿cómo calificar England, England, Staring at the Sun o A History of the World in 10 1/2 Chapters? ¿Cuándo deja un autor de ser «mainstream» y se convierte en escritor de género? ¿Qué es Margaret Atwood? ¿Y David Mitchell?
    A veces tengo la sensación de que mainstream es un apelativo que se da por parte de los aficionados a ciertos géneros para designar a cualquier autor para quien los géneros no tienen importancia: ¿es Never Let Me Go de Ishiguro una novela «mainstream»? Si sí, ¿tiene más similtudes con una supuesta media narrativa que con la literatura de anticipación? Y si no, ¿convierte esa novela a Ishiguro en un escritor de ciencia ficción?
    Algún día explicaré más lo que quiero decir en un artículo sobre ese increíble género menguante que es la literatura de ciencia ficción en las librerías anglosajonas.

  2. Sim Sep 26,2010 10:28 am

    Yo siempre pensé que mainstream es literatura comercial, en sentido dirigida al segmento de compra mayoritario. Los 40 Principales, vaya….

  3. Risingson Sep 27,2010 11:52 am

    Pues por eso mismo estoy de acuerdo con el primer comentario: ni que las ventas de Julian Barnes o David Mitchell (Tropismos, por qué te fuiste :»( ) fueran mayores que las de un Alastair Reynolds, por ejemplo.

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