Cuando Alice se subió a la mesa, de Jonathan Lethem 9

Alice Coombs y Philip Engstrand son una pareja de jóvenes profesores de la ficticia Universidad de Beauchamp. Su relación, más o menos asentada, se resquebraja el día en que el grupo de física en el que investiga Alice crea por accidente a Ausencia: una burbuja de vacío que no colapsa y queda estabilizada en el laboratorio. El estudio de dicho fenómeno, un acontecimiento a escala planetaria, obsesiona a Alice hasta el punto que se olvida de todo lo demás y pone en riesgo la relación que mantiene con Philip.

Cuando Alice se subió a la mesa es una novela muy breve para los estándares actuales: apenas llega a las 200 páginas. Tampoco el camino elegido por Jonatham Lethem para transitar por el argumento es el habitual para este tipo de historias sobre relaciones humanas en el marco de los experimentos en el límite de la ciencia; una temática, por otro lado, bastante habitual en la ciencia ficción. En sus manos, la novela toma la forma de una extraña comedia romántica, a veces alocada, a ratos cabal, escrita con un lenguaje muy contenido en el que destaca el uso del lenguaje científico para describir los pensamientos y sentimientos de Philip, sobre unos personajes que o bien tratan de encontrar sentido a sus vidas o bien aplican a todo lo que les rodea las fórmulas que les han ayudado a encontrar el suyo.

Ambos protagonistas son el paradigma del primer tipo de personaje, especialmente el narrador, Philip, en continua zozobra desde que la atención de Alice quedó atrapada en el pozo de gravedad de Ausencia. Un hombre bastante inseguro que anhela comprender qué es lo que ha ocurrido en su relación mientras plantea todo tipo de estrategias para recuperarla. Un proceso de autoconocimiento que desemboca en un encuentro final con Alice más allá de la manera en que la percibe; casi me arriesgaría a decir que logra verla tal y como es.

Mientras, (casi) todos los secundarios se alinean con el segundo tipo de personaje. Evan Robart y Garth Poys, dos ciegos complementarios aquejados de sendas clases de ceguera diferentes y que han desarrollado una relación simbiótica; el profesor Soft, premio Nobel a cargo del equipo de investigación, representa el lado más pragmático de la investigación científica; George De Tooth, un investigador que quiere “deconstruir” a Ausencia como si fuese un texto sin autor, sin pasado… como si ella misma fuese su propia autora… Entre todos conforman un reflejo deformado de la fauna universitaria tipo, un contraste continuo entre sensatez y extravagancia que perturba la búsqueda de identidad de Philip y dota a la novela de un intenso componente satírico.

Entre ambos grupos está el otro protagonista de Cuando Alice se subió a la mesa, a la postre el elemento más interesante desde un punto de vista prospectivo: la propia Ausencia. El centro de los vanos intentos de la comunidad científica por descubrir los secretos de un ente que parece estar más allá de su comprensión. Entre otros comportamientos, Ausencia traga determinados objetos que se arrojan a través suyo mientras otros la atraviesan sin problema, hecho que da origen a algunos de los pasajes más divertidos de la novela como el apasionante diálogo que mantiene Philip con ella arrojando papelitos a través suyo. Es también el detonante de la mayoría de los conflictos que aparecen en la trama y el catalizador de todos los sentimientos que atenazan a los personajes. En este sentido destaca el continuo juego alegórico que Lethem establece entre Ausencia y el amor. Ese sentimiento caprichoso, insondable, infinito cuando se experimenta, que no obedece ninguna regla prefijada más allá de los estereotipos que decidimos seguir y que transforma nuestras vidas, cuando no las vuelve del revés.

No puedo negar que, a ratos, Cuando Alice se subió a la mesa parece perder el norte entre tanto personaje singular. Pero no cabe duda que supone un alegre y genuino aditamento a una temática que, en muchas ocasiones, apenas ofrece nada más que la descripción de las “maravillas” del sujeto de la investigación.

9 thoughts on “Cuando Alice se subió a la mesa, de Jonathan Lethem

  1. Ismael MB Oct 19,2010 8:59 am

    Está claro que Lethem no es un autor de ciencia-ficción, y sólo cabría en una definición muy amplia de lo que significa «prospectivo». Pero esta novela, igual que Paisaje con muchacha, juega con elementos esenciales del género de una forma muy personal y sugerente. Totalmente recomendable.

    En cuanto a perder el norte entre tanto personaje singular… Llevo semanas arrastrándome por las páginas de Chronic City, a la espera de que el autor encuentre la brújula… (Pero eso no pasaba en sus dos novelas más sólidas: Huérfanos de Brooklyn y La fortaleza de la soledad)

  2. Risingson Oct 19,2010 9:38 am

    ¿Por qué está claro que no es un autor de ciencia ficción?

  3. Ismael MB Oct 19,2010 9:49 am

    Bueno, pues sí lo es. No pretendía polemizar. Pero desde luego emplea los elementos del género de un modo que se aleja radicalmente de la ciencia ficción convencional. Creo.

  4. Risingson Oct 19,2010 10:20 am

    No, ojo, que me interesa de verdad. ¿Por qué lo ves alejado de la cf convencional? ¿Por las formas? ¿Por los personajes?

  5. Ismael MB Oct 19,2010 12:08 pm

    Bueno, sus dos mejores novelas no incluyen ningún elemento de ciencia ficción, por eso creo que no encaja en la categoría de «autor de CF». Alice y Paisaje sí giran en torno a argumentos y escenarios del género. Para mí la diferencia fundamental de Lethem está en la libertad absoluta con la que usa los argumentos fantásticos, sin ninguna solemnidad (salvo en La fortaleza, quizás) y logrando que empaticemos con unos personajes realmente increíbles. De modo que la respuesta son las formas, creo.

  6. Nacho Oct 19,2010 9:05 pm

    Sin haber leído todavía ni «Huérfanos…» ni «La fortaleza…», coincido con Ismael. El acercamiento a la temática de «científicos descubren cosa» no se parece en nada al que haya podido leer en las obras de ciencia ficción que puedan ser más o menos semejantes. De hecho, desde un punto de vista científico, el rigor que tiene Ausencia y todo lo que la rodea es inexistente hasta el punto que más parece un ente fantástico que se ha colado de rondón en un escenario ajeno. Los personajes y las relaciones que establecen entre ellos, el mundillo universitario, están muy alejados de los que han aparecido en obras de Benford, Sawyer, Bear, Shaw… Sin ser, ni mucho menos, una novela humorística, hay mucho humor aquí, algo que me cuesta encontrar en el género, a veces mortalmente serio.

    Lo que no quita para que pueda verse como una obra prospectiva o de ciencia ficción. Por eso la comentamos (y recomendamos) por aquí.

  7. Laura Oct 19,2010 9:58 pm

    Comentarios restrictivos si los hay. ¿Qué importa si el autor es regular de la CF o no si ha escrito una obra notable en el género que merece ser disfrutada? Ahora resulta que para escribir CF hay que seguir los estándares, sino, eres un intruso venido de quién sabe dónde con una obrita que se mira con indulgencia.

    Me ha llamado mucho la atención la obra en sí. Me anoto título y autor. ;)

  8. Latro Oct 21,2010 7:04 pm

    Lethem, al que no he leido (y creo que me estoy perdiendo algo), es un profundo admirador y estudioso de P. K. Dick, de hecho es el editor , promotor, y en general «valedor» de haber editado la obra completa de Dick en la «Library of America» , una colección hecha por una organización sin fines de lucro que busca conservar lo mas significativo de la literatura de los EEUU.

    No me extraña nada que no sea «al uso» de nada, con esos gustos :-)

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