Nathan Never 5

La edición de Aleta de Natan Never ha superado su quinto año de publicación ininterrumpida en nuestro país. Este parece, pues, un buen momento para hacer un alto en el camino y analizar este personaje, uno de los más longevos y exitosos salidos del panteón de la editorial Bonelli. Para los lectores más veteranos sobran las presentaciones, pero es posible que los recién llegados se pregunten qué es eso del fumetti y si puede venir algo bueno de Italia aparte del spaghetti-western, el giallo y Ornella Muti. Para despejar dudas, hagamos un breve repaso sobre la génesis de Nathan Never, sus creadores, y el hombre que lo hizo posible.

En el principio fue Tex, pero el éxito del más famoso ranger de Texas (con permiso de Chuck Norris) no hubiera sido posible sin el talento literario y comercial de Gian Luigi Bonelli, creador del personaje y fundador de la casa, y de su hijo Sergio, que terminó de cimentar ese referente del cómic europeo desde la década de los 50 que es la editorial Bonelli, sita en la artística ciudad de Milán. Con el tiempo a Tex Willer le acompañarían nuevos títulos y personajes como Zagor (1961), Míster No (1975), Martín Mystere (1982), Dylan Dog (1986), Nick Raider (1988), o Nathan Never (1991), entre otros, a los que habría que añadir reediciones, números especiales, recopilaciones y un largo etcétera de extras que conforman uno de los fondos editoriales más interesantes de la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos del XXI.

Es obvio que las claves del éxito nunca son evidentes ni fáciles de explicar, de lo contrario bastaría con imitar el modelo Bonelli para triunfar en el mundo editorial; pero si hay algunas características particulares que ayudan a entender en buena medida su auge y consolidación: el espíritu aventurero de sus colecciones, la correcta asimilación de elementos de la cultura popular universal, una inteligente política comercial y un gran respeto por la figura del autor, entre otros, amén de un interesante repertorio de personajes, entre los cuales destaca por méritos propios el que ahora nos ocupa.

Otro rasgo distintivo de la casa italiana sería una cierta reticencia a saturar el mercado con excesivas colecciones mensuales. Por eso, cada nueva serie va precedida de un amplio periodo de reflexión, estudio y desarrollo. Esta exhaustiva construcción de personajes sería otra seña de identidad de la Bonelli. Sus creaciones, tanto si hablamos de un vaquero como Tex Willer o de un investigador del futuro como Nathan Never se nos antojan convincentemente reales. Su pasado, su entorno, su vivienda, su personalidad, sus amistades o adversarios, incluso sus defectos o manías, todo ello está reflejado de forma tan natural como detallada.

Never, en concreto, aparece en 1991 y es el primer personaje de la casa inmerso claramente en un escenario de ciencia ficción futurista. Creado por los guionistas Medda, Serra y Vigna, Never y sus compañeros trabajan como empleados para una empresa de seguridad privada (la Agencia Alfa) en un planeta Tierra controlado por las grandes corporaciones y en el que la policía no da abasto para garantizar la seguridad de los ciudadanos. Un atractivo punto de partida que tenía su principal hándicap en los guiones, ya que por lo general los autores se centraban en hacer en cada episodio un remake/homenaje de alguna obra famosa (tanto literaria como cinematográfica) de géneros tan dispares como la ciencia ficción, las artes marciales o el cine negro; con lo que –una vez identificada la fuente original– las aventuras de Never resultaban un tanto predecibles, lo que explica que no haya alcanzado el mismo caché que otros personajes Bonelli como Dylan Dog o Martin Mystere, aunque la serie ha sabido consolidarse con el tiempo, manteniendo un nivel de ventas más que aceptable, sobrepasando los doscientos álbumes publicados, e incluso ha dado pie a un spin-off (“Legs” Weaver).

Por otro lado, en las historias de Never el espíritu lúdico y aventurero prima sobre la reflexión y el análisis crítico de dicha sociedad futura, mientras que el toque dramático venía dado por la propia biografía del personaje la cuál –como es habitual en la casa– vamos conociendo episodio a episodio: Never debe desempeñar un trabajo con el que no se siente muy a gusto para cuidar y mantener a su hija pequeña, aquejada de autismo.

Como buen pastiche que se precie, el agente Alfa bebe de numerosas fuentes del género, aunque quizás la más evidente sea la obra de Philip K. Dick y en concreto el libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? y su correspondiente adaptación cinematográfica. El físico y la estética del personaje protagonista remiten al blade-runner cazarrecompensas interpretado por Harrison Ford, mientras que el futuro sombrío y apocalíptico en el que vive tiene numerosos puntos en común con la versión fílmica de Ridley Scott. A este respecto es necesario destacar la importancia que ha tenido en el apartado gráfico el trabajo de artistas como Claudio Castellini, Ricardo Secchi o Roberto de Angelis, entre otros.

No es la primera vez que el personaje que nos ocupa visita las librerías españolas. A principios de los noventa Forum publicó los primeros 19 números de Nathan Never en el mismo formato de La espada salvaje de Conan, aunque en ese momento la serie no terminó de cuajar entre el público. Tras un intervalo de varios años Aleta recupera al personaje para los lectores españoles, dando un salto en el tiempo hasta enlazar con episodios más recientes (tomando enero del 2000 como punto de partida), un momento en el que algunos de los creadores originales ya se habían desvinculado en parte de la colección y nuevos autores, como Michelle Medda, Stefano Vieti o Pasquale Ruju han tomado el relevo para adaptar la serie al siglo XXI y acercarla a las nuevas generaciones de lectores. Con un formato prácticamente idéntico al original italiano, aunque con un papel de más calidad que justifica la diferencia de precio, Aleta retoma el testigo en la que probablemente sea la mejor y más cuidada edición de Nathan Never en nuestro país hasta la fecha: libros en rústica de 21×16 cm con 288 páginas en blanco y negro y una periocidad trimestral que recopilan tres episodios originales cada uno. Una buena oportunidad para descubrir y disfrutar con uno de los clásicos imprescindibles de esa fábrica de éxitos que es la editorial Bonelli.

5 thoughts on “Nathan Never

  1. Respuesta Pepe Fotón Nov 5,2010 8:48 pm

    Sin embargo, el lapso de tiempo entre las dos publicaciones no ha pasado en vano. Los lectores de la edición de Aleta se van a encontrar con una colección que ha creado y desarrollado un mundo propio, lleno de personajes de los que no saben nada, lo que complica mucho la lectura, pues en muchas ocasiones se convierte en una serie coral protagonizada por desconocidos que se enfrentan a desconocidos, los actuales tomos te impiden seleccionar y te puedes quedar con historias muy distintas entre si, y no todas tienen porque interesarte, de hecho, si vuelvo a encontrar la historia de un poli corrupto o inflitrado que acaba muriendo tragicamente me pego un tiro. Los dibujos no son gran cosa, y estamos hablando de un precio en realidad muy alto, por un producto que nunca pretendió nada mas y nada menos que ser un mero entretenimiento.

  2. Respuesta Alejandro Caveda Nov 6,2010 1:27 am

    Hola Pepe y muchas gracias por tu rápido e interesante comentario. Paso a comentar tu respuesta paso a paso. El lapso de tiempo no ha afectado sólo a Nathan Never, también a Dylan Dog y Martin Mystere. Quien tenga interés puede intentar rellenar el hueco a través de Internet, o haciéndose con los episodios inéditos en su edición original italiana. Respecto al coste, desde Aleta insisten en que los derechos de edición, la traducción y la mejor calidad del papel justifican la diferencia de precio (yo ahí ni entro ni salgo, tan sólo repito lo que ellos aducen). Y en cuanto al cambio de formato… coincido contigo en que en cierto modo es un paso atrás, pero como dice un amigo mio; esto es lo que hay, y mejor esto que nada, que sería la otra opción. Tal vez algunos de esos problemas que comentas se subsanen de cara al futuro (el precio, desde luego que no), la cuestión es si consideras que la serie merece la pena pese a todo ello. Veremos que pasa, entretanto recibe un cordial saludo y muchas gracias de nuevo por tu interés.

  3. Respuesta Pepe Fotón Nov 6,2010 11:01 am

    Encantado por tu respuesta, pero no estoy de acuerdo con el tema del lapso de tiempo, aunque es algo que se da much en el mundo del comic, (quiene quiera entender un tebeo de superheroes muchas veces lo tiene curdo por las continuidades que arrastran). Sin embargo no me parece que Nathan Never sea como Dylan Dog y Martin Mystere. En Martin Mystere de vez en cuando aparecen muchas referencias a su pasado, pero las aventuras de ambos se centran fundamentalmente en el caso del dia.

    En Nathan Never hay dos tipos de historias, las del caso del día, y las referentes a la mega conspiración, la guera de independcia con las estaciones orbitales, el maléfico chino…, y esta supratrama es la que resulta casi incomprensible.

  4. Respuesta Alejandro Caveda Nov 7,2010 6:26 pm

    Estimado amigo: entiendo lo que quieres decir acerca del lapso del tiempo y la continuidad en Nathan Never (por poner un ejemplo, sería un caso similar al de Expediente X donde alternaban episodios aislados con los de la conspiración alienígena). En su momento desde Aleta comunicaron que el salto temporal en las colecciones fue una imposición de la propia Bonelli, que quería que los lectores españoles se enganchasen a las aventuras más recientes de estos personajes, lo que no quita que los números antiguos no se puedan rescatar de alguna manera, como es el caso de la reedición del Dylan Dog de Tziano Sclavi, que va ya por su quinto volumen. ¿Pasará lo mismo con Nathan Never? Yo creo que no, pero a día de hoy prefiero esta opción que tener que leermelo en italiano (que es un idioma precioso, pero que no domino :)
    Un cordial saludo de nuevo y te cedo el turno de réplica.

  5. Respuesta Pepe Fotón Nov 8,2010 4:11 pm

    Hombre, pues no queda mucho que replicar, los dos nos entendemos y no parece que se pueda hacer nada.

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