Tan cerca de la vida, de Santiago Roncagliolo 4

Los mismos elementos que concurrieron hace más de un lustro en el inesperado éxito de Lost in Traslation, aquel fascinante adagio fílmico con el que la directora Sofia Coppola ilustraba el extrañamiento del individuo occidental ante el Japón moderno, son reutilizados en esta novela por el peruano Santiago Roncagliolo con el añadido, casi inevitable en la literatura y el cine actuales, del proverbial elemento dickiano. A Max, el sencillo protagonista de Tan cerca de la vida, le acosan los mismos sentimientos que retrataban a los dos principales protagonistas de aquella película. La soledad, el desarraigo vital y la sensación de ajenidad que acuciaban a ambos aparecen de nuevo en esta historia como parte importante de la argamasa que conforma el mundo interior de Max en su epopeya tokiota.

Las características personales de Max, protagonista principal de la novela, delatan su ascendencia kafkiana, sugerida ya desde el principio por una pesadilla que le sobrecoge en las primeras páginas y le hace ver su rostro en los de todos los demás. Max es un hombre anónimo, un número perdido en una empresa constituida por miles de empleados con los que cree no guardar relación alguna. Tal como se le define en el texto (p. 71), “A pesar de su renovado amor propio, era un hombre en blanco, sin nada que lo identificase como miembro potencial de ningún grupo en particular, sin aficiones ni tribus.” Max es un analista de logística, un anodino empleado de base del que apenas conocemos contados detalles: un puesto de trabajo modesto, un pasado reciente desgraciado, una esposa con la que habla poco y apenas se entiende, y un carácter apagado, quizás culpable. La inesperada llamada del presidente de la compañía y su posterior ascenso profesional le colocan en un territorio nuevo, repleto de posibilidades, pero también de incertidumbres.

Es la incapacidad social de Max, sumada al peso de la soledad en un país extraño, lo que le obliga a moverse, a tomar decisiones. Sus salidas nocturnas y sus encuentros con Mai, una joven camarera del hotel por la que se siente fuertemente atraído, ofician como guía turístico y presentan al lector el otro gran protagonista de la novela: la ciudad de Tokio. La presencia de la urbe, las muchas oportunidades que ofrece para el extrañamiento occidental, conforman a los ojos de Max una imagen variopinta y exótica. Lo frío y lo íntimo se entremezclan. La asepsia de los hoteles futuristas, una pornografía que censura el contacto más íntimo y los impersonales clubs de alterne nocturnos son realidades que comparten espacio con los bulliciosos mercados de pescado o los “burdeles” de gatos, lugares a los que se acude en busca de la relajación que procura el contacto directo con esos animales.

Frente al Tokio urbanita reflejado por escritores nipones como Haruki Murakami o Yasunari Kawabata, la mirada forastera del narrador occidental sólo puede sumar añadidos y maravillarse por lo que apenas llega a vislumbrar, por una metrópolis cuyos secretos parecen situarse muy lejos de su entendimiento. Roncagliolo sólo araña la superficie, pero al forastero poca cosa más se le puede pedir sino fascinación. Esa combinación que aporta el entorno, entre lo extraño y lo atractivo, es a la vez una imagen especular de lo que Max siente por Mai. No pueden hablar entre ellos, pero su lenguaje es otro, el de los signos, el de las miradas directas o, mucho más íntimo, el de un sexo intenso y comunicativo. Con ella, Max parece reencontrar un sentido de las cosas que perdió en algún momento crucial de su pasado, la solución a la angustia existencial que le persigue.

En realidad, ese es el elemento nuclear de la historia, la resolución del angst, de ese agujero negro anímico que acucia a Max durante gran parte de la novela y a través de cuyo desentrañamiento entra en juego el otro gran foco de influencia mencionado al principio de esta reseña, la impronta de Philip K. Dick. O para ser más exactos, de Blade Runner, la adaptación cinematográfica más conocida de una de sus novelas. Elementos resonantes tales como la figura de Kreutz, presidente de la Corporación Géminis, claro trasunto del dueño de la Tyrell Corporation, o el papagayo artificial que utiliza de mascota, que retrotrae también a su origen literario, no son más que pequeños guiños que sirven de homenaje y acercan la obra del peruano a su referente más directo. El campo de influencia no se queda en los meros detalles, sino que es nuclear, pues la Corporación Géminis se dedica al desarrollo de robots, de robots bastante avanzados, cada vez más parecidos a su creador, cada vez más humanos.

Roncagliolo hace un buen uso de la dosificación, introduce con excelente pulso la intriga existencialista en un contexto de ciencia ficción, aumentando la importancia del elemento genérico sólo en el último tercio de la novela, cuando el lector está preparado para su aparición. El elemento fantástico es crucial en la novela, es lo que le da sentido a la trama, pero no hace acto de presencia real (que no intuido) hasta que el desarrollo del argumento lo exige, aunque pequeñas pinceladas terroríficas, muy cercanas estéticamente al actual cine de horror japonés, ayudan, cada cierto número de páginas, a presuponerlo. Precisamente por eso, por esa buena aleación de sus elementos, resulta algo decepcionante la resolución final, porque el escritor se saca de la manga (como ocurría en la película de Ridley Scott) un imperativo argumental, una ocurrencia de última hora que fuerza inesperadamente la tensión entre los protagonistas.

Al margen de esto, el revelador relato final, que explica los respectivos pasados de Mai y Max, conmueve y conmociona a partes iguales; emociona y horroriza, y deja un último regalo a los amantes de las sutilezas. Ello es debido a que durante la narración Roncagliolo hace un particular uso de la segunda persona, utilizándola exclusivamente en las apariciones de la protagonista femenina, mientras que el resto del relato se desarrolla en tercera. Es una invitación para el lector inquieto difícil de rechazar. Adivinar el posible origen del narrador constituye un elemento más de la lectura que, en mi opinión, no se puede resolver correctamente hasta el final, y que suma una nueva perspectiva al conjunto.

Tan cerca de la vida es una novela que cuenta con buenas razones para su disfrute. Contiene una buena trama de ciencia ficción, indudablemente, pero más allá de eso, acerca al lector a una bella historia de vacíos y anhelos, al intento de comprensión entre dos almas parejas que se buscan mutuamente en uno de los escenarios urbanos más atractivos de este siglo.

4 thoughts on “Tan cerca de la vida, de Santiago Roncagliolo

  1. Respuesta MARTINS May 21,2011 6:54 pm

    me parece una novela muy apasionante

  2. Respuesta Leopoldo Jun 26,2011 10:18 pm

    Concuerdo con el autor del comentario, y su exacta interpretación de la relación del relato de Roncagliolo con la narrativa de Dick. Para mí, sin embargo, el final no fue decepcionante, más bien me parece que el texto presenta dos “finales” posibles, el que el lector o lectora infiere al final del penúltimo capítulo, o sea, de que Max, para cumplir con lo que determina su “límite”, asesina a Mai, para que ésta no lo asesine a él, en su momento, y el “final” que el autor ofrece en el último capítulo: Max tomó la decisión de no asesinar a Mai, deja atrás el hotel con algunas cosas “comprometedoras”, y se reencuentra con Mai en el cementerio para de ahi, seguir adelante. Otras interpretaciones son posibles, ambos han muerto de alguna manera, y se encuentran en el cementerio. Excelente novela, se une a los pocos latinoamericanos que han incorporado la ciencia ficción en su narrativa, como son: Borges, Bioy Casares y Levrero.

  3. Respuesta Santiago L. Moreno Jun 27,2011 12:11 pm

    Ojo, que mi pequeña decepción procede del carácter inesperado de esa última “necesidad u obligación” del protagonista. No hay ninguna información previa de ello, y tuve una fuerte impresión de que el autor se lo sacaba de la manga para potenciar la conclusión. Es casi un deux ex machina que le imprime tensión final al relato, un artificio, para mi gusto, innecesario. Luego, como bien dices, la consecuencia de esa nueva información está bien resuelta.

  4. Respuesta Javier Feb 18,2012 3:09 pm

    Hola, hace poco que he acabado este libro. Me ha gustado pero:

    – ¿qué os parece el final? ¿os resulta claro?

    – ¿qué os parece el narrado omnisciente y el narrador personaje?

    Gracias.

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