Defying Gravity: hard en la tele

Esta serie, desaparecida de las parrillas de la ABC y la CTV en el capítulo 9, aunque se han rodado 13, es una curiosa mezcla de géneros, tanto de la ciencia ficción como de otros más generalistas. Por una parte tenemos el componente aventurero de la space opera, está íntimamente ligada al relato de “artefacto”, usa los melodramas amorosos de series al uso y también los recursos “médicos” de las series con componente hospitalario como Anatonomía de Grey o House.

Pero lo mas interesante es el escenario en el que trascurren los episodios, o deberíamos decir mejor los escenarios ya que son dos realmente: la nave espacial Antares y el centro de mando de la Organización Espacial Internacional (ISO).

En 2052 la ISO (International Space Office) comisiona una nave espacial, bautizada Antares, para efectuar una misión durante seis años que le llevará a recorrer todos los planetas del Sistema Solar. Su primer objetivo será Venus. En la nave viajan ocho astronautas, cuatro mujeres y cuatro hombres. Pronto sabremos que algo más, llamado Beta, viaja con los astronautas y que la misión no está motivada únicamente por la investigación planetaria.

La serie se construye sobre los personajes y sus reacciones ante entornos diferentes y, en ocasiones, hostiles. Son estas acciones y reacciones las que proporcionan una sucesión de escenas lo suficientemente atractivas.

Siguiendo esquemas de otras series, y Lost es el paradigma en este aspecto, se recurre extensamente a los flashbacks, que en este caso es un recurso totalmente acertado y necesario para el desarrollo de la trama, de modo que no resulte pesado para el espectador una sucesión de aventuras en el reducido escenario de la nave. Estos flashbacks, habitualmente narrados por uno de los personajes -el capitán Donner-, nos permiten observar cómo trascurrió el entrenamiento de la tripulación y la manera de elegir a los ocho afortunados astronautas. Es en estas reconstrucciones donde los personajes se van forjando de cara al espectador; las reacciones de éstos en el momento presente, en el increíble viaje, son consecuencia lógica de las acciones de ellos en el pasado. Punto importante en la trama es el viaje a Marte, ocurrido 10 años antes, y en el que el capitán hubo de abandonar a dos compañeros en la superficie marciana.

El guión muestra algunos defectos. pues ha de recurrir al deus ex machina para explicar algunas cosas que ocurren de manera no excesivamente justificada. Sin embargo este aspecto no resalta excesivamente e incluso se puede pasar por alto debido a los otros valores que nos ofrecen. La serie es deudora de dos historias que no son otras que 2001: Una odisea del espacio y Solaris. De la primera hereda el ambiente, aunque estos astronautas son menos “fríos” que aquellos y también el misterio. Si en 2001 es Hal 9000 el que guarda un secreto, en la nave Antares son los dos capitanes los que no comparten con la tripulación la finalidad última del viaje. De la segunda historia vemos cómo el comportamiento de los astronautas se ve comprometido con ensoñaciones y percepciones ajenas a ellos, pero que provocan reacciones insólitas y cercanas a la locura.

Si antes comentamos que es una de las pocas series hard, que recuerde, de la televisión moderna, y antigua, habría que puntualizar este extremo. En general la ambientación tecnológica está medianamente cuidada. La nave se impulsa con motores convencionales, los astronautas disponen de gravedad sólo en las zonas con centrífugos y la nave describe una trayectoria de encuentro con su primer destino, Venus. En la parte negativa podemos ver que las comunicaciones han avanzado tanto que el retardo no es apreciable. Este hecho no es explicado, pero indudablemente ayuda a la agilidad de la trama al comunicar instantáneamente a la nave con el control de la misión.

A medio camino entre el reportaje realista y la trama de pura especulación con extraterrestres, Defying Gravity ha sido un buen intento de realizar una producción que se aleja de los estereotipos que nos ofrecen las series que narran viajes espaciales. Esperaremos su estreno en España.

Nota: Se ha comentado que el parecido con otra serie de nombre Virtuality es notable. No puedo certificarlo ya que no he visto ningún capítulo de esta última serie. Revisaremos este extremo cuando consiga ver la misma.

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Algunos apuntes sobre la historia reciente de la ciencia ficción alemana

por Michael K. Iwoleit.

Traducción de Juan Antonio Fernández Madrigal

La ciencia ficción alemana ha recorrido un largo camino desde los primeros años ochenta del pasado siglo, cuando se llegaron a publicar no menos de siete colecciones de género en tapa blanda y dos en tapa dura -entre ellas Heyne Science Fiction, una de las más importantes del mundo por entonces-. La mayoría de los libros publicados, por supuesto, eran de autores angloamericanos, pero eso no impidió a los editores el realizar una muy rica y diversa selección de lo que se hacía a escala mundial. Incluso la ciencia ficción escrita en alemán, que tradicionalmente había sufrido de muy poca demanda lectora y raramente celebraba un éxito comercial, tuvo un boom de corta duración. El extraordinariamente talentoso escritor de Colonia Rainer Zubeil (alias Thomas Ziedler) fue una especie de disparador del desarrollo de esa nueva ciencia ficción alemana: políticamente comprometida, ambientada en la nueva Alemania, que trataba temas políticos locales, interesada en la experimentación con los personajes y estilos, y con preferencia por la sátira y la ironía -incluyendo autorreferencias sobre el negocio de escribir ciencia ficción-. Escritores como Ronald M. Hahn, Horst Pukallus, Reinmar Cunis o Thomas Mielke estuvieron entre los más relevantes de esa época.

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La estrella de Pandora, Peter F. Hamilton

Desde luego Peter F. Hamilton es una de las nuevas estrellas de la ciencia ficción británica y, por qué no, mundial. Ya en la anterior novela publicada en España, La caída del dragón, demostró tener excelentes cualidades. Su originalidad y el ritmo que impone a la narración te dejan sin aliento y compone historias pirotécnicas que no puedes dejar de leer. Algo que, al menos yo, echaba de menos desde hace tiempo.

Pero su característica primordial es la ambición en sus planteamientos. La estrella de Pandora es una novela creada para jugar en la primera división de la ciencia ficción intentando batir en este aspecto a todos los escritores que le han precedido. Está cargada de tal forma de sentido de la maravilla que, como si nada, parece descubrirnos la inmensidad de las posibilidades de la imaginación misma. Puede que todo radique en sus similitudes con las principales virtudes de novelas como Cita con Rama; en este clásico de Clarke lo principal es lo sorprendente y grandioso de la tecnología del artefacto Raman. Hamilton, como ocurre con Alastair Reynolds, es experto en presentarnos desmesuradas (por lo enormes) e increíbles muestras de tecnología alienígena.

En La estrella de Pandora tenemos misteriosas barreras que circunvalan sistemas estelares, naves que trasportan no una sino varias civilizaciones completas, una red de transporte a nivel galáctico de agujeros de gusano, deportes de riesgo practicados con tecnologías hoy día imposibles… y muchos más ejemplos (y muchos es una palabra que se puede quedar incluso corta). Por otro lado, tenemos descripciones de especies alienígenas detalladísimas, aunque siempre manteniendo una parte de misterio debido a la natural incomprensión que despiertan. Todo lo anterior es sólo una muestra. El libro contiene más y más sorpresas de este tipo. Leyéndolo llegas a pensar que la imaginación del autor es infinita.

Si La estrella de Pandora únicamente fuera esto, imaginación ilimitada, podría llegar a aburrir. Pero Hamilton además escribe bien, con una narración coral con muchos personajes y puntos de vista, más un poco de técnica betsellera o folletinesca. Utiliza los cambios de ritmo y los cliffhangers con una precisión que te deja exhausto; mientras lees no puedes parar. El mayor mérito estriba en que, pese a que todo lo anterior podría llegar a complicar las cosas para el lector, que no podría seguir la historia por lo enrevesada, vas leyendo y todo está claro como el cristal.

A lo largo de la historia hay también tiempo para la reflexión. En todo momento Hamilton nos da pautas sobre como afectarán en el futuro ser humano algunos de los avances que presentan. Porque no somos iguales a los humanos descritos en la novela. Sobre todo la medicina y el transporte han dado un giro tan radical que hasta algunos de los comportamientos “normales” descritos en algunos de los personajes hoy son imposibles y extraños.

Desde mi punto de vista, los que encuentran adictiva la serie de Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin en el género fantástico pueden encontrar algo similar en esta novela desde una perspectiva de ciencia ficción. En la obra de Martin priman más las intrigas, la épica, la sangre y el sexo. En éste la space opera más salvaje, las descripciones de tecnologías alucinantes y algunos toques de novela negra o de espías. Pero la forma en que funcionan es parecida.

La edición de La Factoría es más que correcta y me parece de recibo el agradecerles las narices que han tenido para publicar algo así. El libro es un tocho de 763 páginas con un precio que, pese a que lo merezca, echa para atrás. Y además hay que tener en cuenta que la novela es en realidad media novela; Judas desencadenado es la otra mitad. El final de La estrella de Pandora es el super-cliffhanger más literal que jamás se haya visto y (escribo estas palabras tras leer la última línea) no compres nunca este libro sin tener claro que tendrás que adquirir los dos. Estoy mordiéndome las uñas por hincarle el diente a la segunda parte.

Me voy a leer.

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