Saludos de los dioses 1

En algún artículo anterior de Literatura Prospectiva se debatió someramente acerca de la mayor o menor influencia de la religión en los textos de ciencia ficción, teniendo en cuenta que nuestro género parte precisamente de la especulación a partir de los adelantos científicos, lo que debería ser argumento de calidad para pensar que las influencias místicas deberían ser mínimas. Sin embargo, no es así.
 
Sólo las obras más duras dentro de la tendencia hard, donde prima la ciencia como único referente tanto en el argumento como en la ambientación general e incluso en el desarrollo de los personajes, puede eliminar -y de hecho lo hace sin contemplaciones- el concepto de la divinidad en cualquiera de sus aspectos. Es más, sustituye la posibilidad de un ser divino por la propia divinización (o, mejor dicho, endiosamiento) del ser humano (o de algún ser extraterrestre), que pasa a encarnar el sueño del racionalismo ateo al convertirse él mismo en autosuficiente y casi todopoderoso protagonista enfrentado a un Cosmos  por lo demás tan mecanicista como materialista y frío.
 
Pero nuestro género es un poco como el flamenco y toca diversos palos: emplea ingredientes de lo más variado para desarrollar la Gran Pregunta (“¿Y si…?”) y en ese sentido no hace ascos, si así lo precisa, al uso de las religiones y los dioses en cualquiera de sus modalidades, incluso en detalles que a primera vista pueden pasarnos inadvertidos. Hablamos aquí de dioses como tales, no de seres venidos de allende la galaxia dotados de un poder y un nivel tan elevados que les permite comportarse como tales con razas menos desarrolladas (aunque hay quien mezcla mitad y mitad para conseguir liar todavía más el asunto, como en el caso del guionista y dibujante Enki Bilal que, en su comic La feria de los inmortales, no se priva a la hora de destrozar la imagen de los viejos dioses egipcios, comenzando con el mismísimo y honorable Horus).
 
Nuestros autores aprovechan más a menudo de lo que parece la riqueza argumental que aportan los antiguos textos mitológicos y los más “actuales” de carácter religioso (en realidad, el principal factor que diferencia a unos de otros es su proximidad en el tiempo) para explicarnos su visión del mundo y plantear preguntas que, en principio, no tienen explicación si nos ceñimos únicamente al mundo que llamamos físico o material. El argumento de partida suele estar basado en la idea: “no-importa-que-no-creas-porque-Ellos-existen-igualmente-y-actúan-en-tu-vida”.
 
Hablamos además de cualquier tipo de dioses y de cualquier tipo de religiones, aunque por cuestiones sociales y educativas pareciera que sólo consideramos como religioso aquello que se relaciona directamente con el Cristianismo o, aún, con las otras dos llamadas religiones del Libro: el Judaísmo y el Islam.
 
Por ceñirnos entonces a nuestro marco temporal, o a nuestra realidad-túnel como dirían los intelectuales californianos de finales de los 90, podemos citar algún caso significativo.
 
Desde el punto de vista cristiano, hace poco hubo ocasión para comentar la novela He aquí el hombre de Michael Moorcock: una aproximación prospectiva al drama neotestamentario. Pero si nos fijamos en las otras dos religiones, podemos tomar por ejemplo el Dune de Frank Herbert. ¿Acaso es en el fondo otra cosa más que la apoteosis del mensaje islámico (o un simple disfraz de sus postulados mesiánicos)?
 
Acostumbrados como estamos a analizar la novela más famosa de Herbert como (a) un western que enfrenta a los Atreides/Earp contra los Harkonen/Clanton en el planeta Arrakis/OK. Corral, (b) una defensa encendida de las ventajas de consumir una buena “hierba” como la melange, esa especie imprescindible para que los drogadictos pilotos estelares encuentren el camino de sus naves a través de los vericuetos espaciales, o (c) un canto a la ecología, el medio ambiente y el conservacionismo…, a menudo perdemos de vista las, para mí, más interesantes aportaciones del libro, que son de índole religiosa. Como el caso de la orden de las Bene Gesserit, a medias inspirada en las órdenes de monjas católicas, a medias en las muy poco conocidas sociedades secretas estrictamente femeninas de la Antigüedad. O, mucho más claramente, como el desarrollo de todo el drama personal de Paul Atreides, que pasa de ser un simple aristócrata despojado de su herencia y en busca de venganza a convertirse en un auténtico mesías, en el Mahdi islámico con toques a lo Lawrence de Arabia (y aún diría que a lo Gautama/Buda en algunos momentos de la obra), al frente de sus fremen enrolados en una auténtica Yihad contra los infieles que han invadido su mundo y lo dominan y explotan a su antojo. Su evolución en las novelas posteriores (y muy inferiores en calidad a la que inauguró la serie) refuerza la importancia de esta línea argumental.
 
En cuanto al Judaísmo, cualquiera con un mínimo de perspicacia podrá encontrar múltiples referencias a la fe mosaica en novelas y, sobre todo, películas contemporáneas de nuestro género (la Sión de Matrix no vale: es demasiado evidente), lo cual tampoco resulta extraño teniendo en cuenta que el noventa por ciento de las piezas importantes de Hollywood (e incluyo tanto las películas para las salas cinematográficas como las rodadas directamente para la televisión o el mercado del video), desde los directores a los principales actores y actrices, pasando por los guionistas y los muy vitales productores, profesan precisamente esta religión.
 
Uno de los ejemplos más divertidos que encontré al respecto me lo ofreció un autor que nada tiene que ver con nuestro género: René Laban, quien en su obra Los símbolos masónicos, y explicando ciertos aspectos de la Cábala judía según el rabí del siglo XVI Jaim Vital, reproduce la imagen que incluyo aquí. Se trata del nombre del dios judío, IHWH, representada de acuerdo con cierta disposición de los dedos de las manos. Cual no fue mi sorpresa cuando al observar con detenimiento esas manos, cuyo ademán me resultaba muy familiar, me di cuenta de que ¡se trata del saludo del doctor Spock y de todos sus vulcanianos en Star Trek! Naturalmente que Leonard Nimoy/Spock es de origen judío (sus padres emigraron a Estados Unidos desde Rusia) y según cuenta la leyenda fue él quien propuso a los productores de la serie emplear este tipo de saludo para identificar a los de su extraña raza extraterrestre, aunque utilizando sólo una mano en lugar de las dos, para que no resultara tan evidente que cada vez que su personaje dice “hola” en realidad está diciendo “shalom” invocando a su dios.

One comment on “Saludos de los dioses

  1. Respuesta Knut May 29,2009 10:50 am

    Creo que el concepto de “religión” se mete a saco y sin distinciones, mezclándose discursos sobre religiones “oficiales” con la pripiamente religiosa, al mismo tiempo que se hace énfasis en un concepto de ciencia en la ciencia ficción que me parece anclado en el positivismo optimista de la primera mitad del siglo pasado.

    Existen muchos modos de entrar en lo religioso más allá de las propias religiones concretas, y desde luego digamos que la teleología natural entra perfectamente dentro del campo “especulativo” de la cifi. Es algo presente en obras tan meritorias como El hacedor de universos de Stapleton, por ejemplo. O más directamente la religación en Cántico por San Leiwowich (no sé si se escribe así), preciosísima novela por cierto. O 2001 la peli sin ir muy lejos.

    También es curiosa ese tipo de novelas, que mencionas al principio, en las que la humanidad trasciende evolutivamente para pasar a formar parte de una macrocomunión consciente y tal, parece una suerte de derivado a lo Hegel, y afines, en los que la Historia del universo es así mismo el despliegue del ser en su camino necesario para la autoconsciencia y por ende la responsabilidad recreadora de sí. Un dios que se hace en la Historia, que sigue un proceso de despliege de sí mismo evolutivo.

    O incluso podemos añadir las novelas en las que se juega con la idea de la “función” específica de la vida y en concreto de la vida consciente, dentro del desarrollo ontológico del universo, por ejemplo Neverness y su idea de la humanidad como pastor del ser (juas juas juas)

    La verdad es que es un tema muy interesante que da mucho de sí.

    Saludos!

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