Menuda peste 3

¿No resulta extraordinariamente chocante que una civilización como la nuestra, que dispone de numerosos y apabullantes adelantos científicos y tecnológicos, haya sido incapaz de descubrir una cura para el simple resfriado? Hasta la sabiduría popular recuerda con toda seriedad que cualquier gripe se cura en siete días si se emplea algún tipo de medicación y en una semana si no se toma nada.

Quizá por eso los virus (y otros seres microscópicos como las bacterias) descontrolados y de terroríficos efectos sobre el cuerpo humano son elementos habituales en buena parte de las novelas de género. Lo son bien por sí mismos como protagonistas (veremos algunos casos a continuación), bien como invitados especiales en el argumento (cuántas veces nos hemos encontrado con la excusa de un escape accidental de algún tipo de virus –siempre mortal- empleada por el gobierno –el norteamericano normalmente- para echar de la zona a los ciudadanos corrientes y ocultar algo peor –un aterrizaje extraterrestre, por lo común-).

El miedo a estos enemigos minúsculos viene de antiguo y de hecho hasta los viejos asirios conocían, aunque no tuvieran muy claro el proceso técnico concreto, las “ventajas” de la guerra biológica cuando arrojaban cadáveres en descomposición por medio de catapultas al interior de las ciudades asediadas para propagar todo tipo de enfermedades que les ayudaran a la victoria final.

En lo que al género se refiere, la advertencia más rotunda entre los autores clásicos respecto a la potencia de los seres invisibles al ojo humano es la maravillosa novela de Herbert George Wells La guerra de los mundos, que publicó en 1898 y en la que se describe por primera vez una invasión de extraterrestres en nuestro planeta. De hecho, el aspecto de repugnantes pulpos con tentáculos pilotando los trípodes asesinos con rayo láser incorporado, fijó uno de los estándares literarios y cinematográficos del “malvado-alienígena-que-se-nos-quiere-comer”. Estos poderosos seres que aplastaban en cuestión de días toda resistencia terrícola morían al final porque sus cuerpos no estaban preparados para resistir a las bacterias autóctonas de nuestro planeta para las que nuestro sistema inmunológico, salvo enfermedad, sí está perfectamente preparado.

Más modernamente, en 1969, Michael Crichton escribió La amenaza de Andrómeda (que como la obra de Wells ha tenido varias versiones y adaptaciones en diversos formatos), en la que desarrollaba la tesis de una contaminación alienígena, en este caso provocada por la carrera espacial del ser humano: un satélite estadounidense regresa a la Tierra y los habitantes de un pueblecito de Arizona lo recuperan, lo llevan a su localidad y allí caen como chinches por culpa de un virus extraterrestre. Los protagonistas intentarán cercar al “bicho malo” antes de que se extienda y acabe exterminando a todo el mundo.

En la actualidad, los virus se han puesto de moda otra vez por culpa de la famosa gripe porcina, o influenzavirus A, o gripe H1N1, o gripe mexicana, o simplemente gripe A, que ha causado un pánico mundial pese a que cualquier gripe corriente de las que cada año nos afectan parece más peligrosa. De hecho, la gripe del invierno pasado causó más víctimas sólo en España de las que ha causado la gripe A en todo el mundo desde que se descubrió.

Pero el miedo es libre, y los inmensos beneficios que están haciendo algunas farmacéuticas con los medicamentos empleados en el tratamiento (como por ejemplo la empresa que comercializa el Tamiflú y en cuya fundación participó el hoy ex secretario de Estado de Defensa de EE UU Donald Rumsfeld), aún más. Por lo cual, las informaciones más o menos fiables proporcionadas por la Organización Mundial de la Salud (todos los gobiernos del mundo actúan según sus normas y recomendaciones), elevan a esta susodicha presunta pandemia a la categoría de excelente material para dotar de argumento un relato de ciencia ficción.

Sin ir más lejos, partamos de la base de que el origen de la infección según la explicación oficial, es un material genético que proviene de mezcla de cepas: una aviaria, dos porcinas y una humana (¿de verdad se pueden mezclar por sí solas y en esta proporción de forma natural?), y que este cóctel dio un salto entre especies, de los cerdos a los humanos (¿y por qué no de los cerdos a las aves, si también está relacionada con ellas?). En las últimas fechas, algunos expertos han apuntado la posibilidad de que este virus haya sido desarrollado en un laboratorio. Es el caso del científico australiano Adrian Gibbs, especialista en el tema, quien directamente cuenta que, por sus características genéticas, todo indica que fue cultivado en huevos.

Para profundizar en este tema en serio hay pocos pero interesantes libros, como La mafia médica, escrito por la doctora Ghislaine Lanctot, en el que demuestra que el actual sistema sanitario y médico funciona sobre el negocio puro y duro bajo la premisa de que es mejor mantener enfermos crónicos (cuanto más tiempo duren, más dinero generan en medicinas y tratamientos) que curarlos y mantenerlos sanos (no producen beneficios).

En el caso literario, la aplicación de la gripe A o, más bien, un precedente de la misma, lo tenemos en obras como la curiosa e irregular novela de Frank Herbert (el mismo de Dune) titulada La peste blanca, y en el que se relata la creación de un virus de laboratorio y sus tremendas consecuencias.

La novela cuenta la historia de un biólogo molecular que viaja a Irlanda para un trabajo de investigación genética y es testigo del asesinato de su mujer y sus hijos en un atentado con bomba del IRA. Para vengarse, no sólo de la banda terrorista sino de la Humanidad entera que se muestra incapaz de frenar este tipo de amenazas, crea un virus superpoderoso que se convierte en una especie de nueva peste negra (sí, la verdad es que el título de la obra no es gran cosa…) y a continuación lo expande por todo el mundo. Esta novela, por lo demás bastante espesa de acuerdo con el estilo del autor, levantó ampollas especialmente entre las feministas de la época, porque el virus lo que hacía era matar… a las mujeres. Sólo por eso, y por lo mal parados que salen los irlandeses en el texto (una de mis personalidades esquizoalternativas es irlandesa, para el que no lo sepa), mi grado de antipatía hacia Herbert se multiplicó por 23 al finalizar la lectura.

3 thoughts on “Menuda peste

  1. Iván Fernández Balbuena Jun 25,2009 10:50 am

    Hay un cuento de Tiptree muy interesante de un científico desencantado que va viajando por el mundo e infectando a toda la humanidad de una enfermedad creeada en laboratorio, y que el mismo sufre, para la que no hay cura. No me acuerdo del título pero parte de la idea fue usada en la película “12 monos”.

  2. Jose Jun 26,2009 10:36 am

    Hombree, y el capitán trotamundos de Stephen King, la gripe más famosa del mundo mundial.

  3. Lola Jun 26,2009 9:44 pm

    Para los amantes de las “pestes” hay varias novelas de Cook con esa tematica “Toxina” que protagoniza el E. coli O157 y alguno más que no recuerdo de la misma tematica y autor. Lo que no garantizo es la calidad lietaria del material ;-)

    En cuanto a la gripe comun, su ciclo natural es: aves-cerdo-hombre asi que a priori no parece raro que la “nueva” sea mezcla de estos origenes. Por otra parte esta circunstancia hace que la cepa circulante cambie cada año y como consecuencia tambien la vacuna.

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